CAPÍTULO IXOrelia sintió crujir el papel entre las manos del Marqués. Luego, lentamente, como si cada palabra lo sorprendiera, el Marqués leyó en voz alta y profunda: “¡Un beso… es cosa insignificante para ti! Sin embargo, yo escuché cantar a los ángeles. Todas las estrellas descendieron del cielo y no podemos olvidarlo… mi corazón y yo. Morden Green 1818” Cuando terminó de leer se quedó en silencio un instante antes de decir en un tono que no le había escuchado jamás: —¿Realmente crees que para mí no fue nada? ¡Lo supe entonces! Me dije que era una jugarreta de la luz que se desvanecía, o el ponche que bebí en la Posada, o que estaba demasiado cansado después de un día entero de cacería. ¡Pero supe! ¡Por supuesto que supe! Curiosa, pero casi en contra de su voluntad, Orelia volvió

