La palabra de un O’Connor
—Como verá señor O’Connor, nuestro interés en este tenerlos a ustedes en este proyecto es de suma importancia — me dice la mujer frente a mí, mostrándome la mitad de sus pechos y casi recostada en la mesa del restaurante donde la cité, se veía tan vulgar que me molestaba su sola presencia, pero debía salir de laa dudas y con ello me confirmaba que lo que estaba buscando el alcalde era que nosotros inyectáramos capital a su campaña.
—Mire señora.
—Señorita.
—Da lo mismo, señorita Robinson, agradezco su deferencia por mostrarme— le digo alejando mi mano de su intención clara de tomarla con un ademán de asco—, pero quiero que le diga claramente al alcalde que competiremos con las otras firmas de construcción en la misma lid, O’Connor y compañía no se parecía de ser la mejor empresa de construcción en Irlanda por tener tratos diferentes.
—Eso no es lo que quise decir, señor O’Connor, sólo le comentaba, como lo hemos hecho con los otros postulantes nuestras intenciones — dice con marcada molestia, ¡Mierda! Qué bien conocía a esta gente, si no te funciona con una, te funciona con otra—. Además, ustedes están recién comenzando aquí y mi ayuda podría serle de absoluto beneficio— dice moviendo su asquerosa mano por su cuello como si eso fuera excitante. Bueno, si la que estuviera delante de mí fuera mi diosa, sería distinto, pero no, no lo era.
—Pues como le dije esa es mi última palabra y como representante de la empresa de mi familia ya todo está dicho. Hasta luego.
Me levanté del asiento y saqué unos cuantos billetes que lancé en la mesa y me fui, sé que la mujer me debe odiar y me importa nada, nunca transaría los valor que mis padres y mi tío nos había inculcado. Me subí a mi auto y volví a la oficina. O más bien al edificio de Scott y asociados. Entré en el estacionamiento y mi padre me estaba llamando.
—Junior, necesito que hablemos urgente.
—Y estoy llegando, papá. Yo también necesito hablar contigo por el tema de la licitación de la alcaldía.
—Perfecto, pero no estoy en la oficina, ¿puedes venir al Starbucks que está en frente?
—Si, claro. Solo déjame estacionar y salgo para allá.
—Te esperamos.
Desde que habíamos hablado con Jex las cosas estaban más complicadas de lo que pensábamos y no por el hecho de la relación de mi prima con él, esa se notaba que era verdadera, él de verdad que amaba a mi prima y ella a él, al final su teatrito de familia feliz se había transformado en una realidad y me alegraba por ambos.
Salí de mi auto y marqué el uno en el ascensor, al llegar al vestíbulo enfilé mis pasos a la entrada y como si fuera otro más de los dueños saludé a todo aquél que me hizo un asentimiento.
Desde que llegamos, noté el buen trato que se mantenía en el lugar, aquí no había distinciones entre la gente del aseo o uno de los Scott y eso se agradecía, me gustaba el trato cordial de todo el mundo.
Entré al café y encontré a mi padre con los señores Scott de lo más contentos tomando café y comiendo pastelitos.
—Hola James— me saludó la señora Blue y puede que hoy sea el día de sacar información de Moritas, le había puesto así porque como se molestó porque le dije algodón de azúcar tenía que darle un apodo más afable, además estaba el hecho que la había fornicado en mis sueños ¿no?
«Enfócate, idiota»
—Señores Scott, papá ¿Para qué soy bueno?
—La verdad es solo para informarte, las cosas han cambiado y tendremos que adelantar nuestros pasos — me dice el señor Scott y me tenso de inmediato.
—Eso quiere decir que Dani si está en peligro, ¡ya lo sabia! Papá de verdad, si quieres yo viajo con ella y Sarita, también puede venir Jex.
—No te nos adelantes, ese será nuestro último resquicio de ser necesario, por lo pronto los chicos se reunirán con los agentes del FBI en un plan conjunto para atrapar a esos desgraciados — y esa era la señora Blue la que hablaba y me quedé de una pieza al ver a esos dos grandototes asentir como niños chiquitos.
—Pues entonces quiero participar.
—¡¿Qué?! ¡No! ¿Estás loco, James? Eso jamás te lo permitiré es demasiado arriesgado y…
—Y ya tomé mi decisión, papá. Si nos incluiste a Chris y a mí en todo esto no te puedes negar. Fin de la historia.
Me levanté molesto de la mesa, mi padre me conocía y sabía que cuando tomaba una decisión no había vuelta atrás, lo escuché refunfuñar y a la señora Blue calmarlo, pero con un O’Connor nadie se mete.
Volví a la oficina y no me acordé de preguntar por Savannah Lewis, menos de la estúpida asistente del alcalde, tendría que hacer esas cosas en otro momento, por ahora tenía que ponerme en contacto con Jex para saber qué es lo que harían y ponerme a su disposición.
Le envié un mensaje a mi nuevo primo político y me dediqué a dibujar, eso me calmaba y me daba tiempo de no pensar en mi diosa de fuego ardiente.
No sé cuánto tiempo pasó que sólo salí de mi mundo cuando tres golpecitos en la puerta me sacaron de mi dibujo.
—Adelante.
—Hola, necesitamos hablar— era Jex que entraba y cerraba detrás de él la puerta, le hice el ademán de que se sentara y esperé lo que tenía que decirme— . Recibí tu mensaje y el de tu padre y creo que tú papá tiene razón, no deberías.
—Ese es mi problema, Jex. Ya lo decidí y espero que me respetes y no vengas como abogado del diablo a intermediar. Ahora lo que me preocupa es otra cosa.
—¿A qué te refieres?
—Le dirás todo, entonces— él me miró y supo de inmediato a qué me refería.
—Sí, ella se merece la verdad.
—¿Y si decide irse? ¿Estás dispuesto a dejarla? — era una opción y por más que le doliera, porque lo vi en sus ojos, tenía que preguntarla.
—Si con eso puedo protegerlas, por supuesto.
—¿De verdad la amas?
—No la amo, James. Las amo a ambas, ellas son mi vida.
Esa era la respuesta correcta, ya había escuchado los pasos en el pasillo y juraría que mi primita estaba detrás de la puerta escuchando.
—Está bien, te creo. ¿Nos vemos entonces en un rato más?
—Eso dependerá de ella, por lo pronto la llevaré a buscar a Sarita y le contaré todo.
—Te entiendo, pero te vuelvo a preguntar ¿Estás seguro que quieres hacerlo?
—Ella se lo merece.
Y dicho y hecho , la puerta se abrió de par en par y mi hermosa prima entró con ese aire que solo un Pettersen desprendía, cómo se parecía a mamá.
—¡Dani!— gritamos al mismo tiempo,Jex por la impresión y yo por hacer el teatrito.
—Ahora mismo ustedes dos me van a decir ¿Qué mierda pasa? ¿Qué me están ocultando?— espetó molesta, mirándonos a ambos con cara de odio.
—Vamos por Sarita y te prometo que te lo diré todo, tenemos mucho de qué hablar.
—Más te vale que me digas todo Jex Lester, no quiero más mentiras ni que me ocultes las cosas y usted también señor O’Connor, no sé que están tramando, pero tendrá que soltar la sopa.
—Te lo prometo, mi muñequita…
—Está bien, Daniela. Ve por tu hija y después de
hablar con Jex vayan a mi departamento.
—Okey, James. Vamos, cariño. Se nos hace tarde para buscar a nuestra hija— Jex intentó tomar a Dani de la mano, pero ella siempre digna le dio un manotazo, ¡Ay, pobre hombre! Lo que le espera con esta pequeña.
Me reí internamente y seguí un rato más trabajando y sopesando lo que se venía por delante, ya las cartas estaban echadas y por angas o por mangas Daniela se enteraría de toda la verdad.
Respiré hondo y pensé en mi diosa, ¿Qué estaría haciendo en este momento?
Nuevamente el golpeteo de la puerta me sacó de mis pensamientos.
—Señor O'Connor, llegó esto de la oficina de Russell Macalister— era Rocío, quién entraba y me entregaba el sobre de manila que me enviaba mi amigo.
—Gracias, Rocío, puedes irte, por hoy hemos terminado.
—Gracias a Dios, sino capaz y me acriminaba.
—¿Tan malo fue hoy?
—Algo, pero de verdad señor O'Connor su hermano es un verdadero palo en el culo— una sonora carcajada salió de mis entrañas y la chica me siguió.
—Imagínate que yo lo soporto hace veintiséis años.
—Lo compadezco, señor O'Connor. Que tenga un buen regreso a casa.
—Igual tú, Rocío. Nos vemos mañana.
Rocío salió tranquilamente por la puerta, de verdad que ese sería otro tema que debo tratar con mi padre, mi hermano cuando quiere ser un imbécil saca sobresaliente y Rocío ha demostrado ser muy buena en su trabajo, no me gustaría perderla.
Retomo mis asuntos y abro el sobre que me envió mi amigo, venía con una nota, sencilla que decía
"No me lo agradezcas, pero de nada"
Era el contrato de sumiso que había firmado con Queen, veo que tendré una buena lectura para esta noche.
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