Capítulo 18

3099 Palabras
Ella… Después de ver a Savannah siendo manipulada por la esposa de Jack, semi desnuda y con esa mirada picara que me ha estado dando, ha puesto cierta parte de mi cuerpo en estado de impaciencia ¡Diablos, esta mujer también me la ponía dura! ¿Será que ir a ese maldito club despertó a la bestia que había dormida en mí? No tenía la más puta idea, pero primero verla rubia y con esos ojazos, que aunque no son tan bonitos como los que ella tiene, aunque ahora que la veo capaz que como cambia de color de pelo también lo haga con el color de sus ojos. Tratando de sacar esos pensamientos de mi cabeza y después de ver todo es magnífico espectáculo, sigo a los demás y nos subimos a las camionetas y enfilamos rumbo a Brooklyn, el lugar donde ese tipo había citado a mi prima. Al llegar cerca de la intersección donde se encontraba el cafetín, Savannah se bajó para no despertar sospechas, nosotros la seguimos a una distancia cauta. La vimos entrar al cafetín y sentarse en una de las mesas más cercanas a la ventana. A los cinco minutos apareció el mal nacido de Darlan con dos tipos que lo acompañaban y el show comenzó. —Da… Darlan— era la voz de Moritas y juro que se me aceleró el corazón al sentirla tan vulnerable. —Así que aquí te escondías, preciosa. Veo que los años te han sentado fenomenal. —¿Cómo me encontraste? —Simple, eres mía, pequeña y debía recuperar mi propiedad. Para eso tengo muchos amigos y personas que me sirven de chismosos. —Pero si eras un hombre normal, un tanto animal con las mujeres, un violador. ¿De dónde sacaste todo ese poder? —Ay mi pequeña, no sabes todo el poder que tengo. —Ja, eres un maldito, no puedo creer que siendo un simple dueño de una plantación de agave tenga tanto poder. —Esa era mi fachada, pequeña. Unas cuantas hectáreas de esa porquería por todo lo que hay en esos terrenos no es nada, pero ya los conocerás cuando volvamos a nuestro hogar. —No me puedes obligar a volver, no soy esa chiquilla que intentaste violar hace más de tres años. —Yo hago lo que quiero contigo, aunque me haya demorado, ya ves, estoy aquí y nadie te podrá ayudar. Y Así sigue su conversación, a cada minuto, Savannah le sacaba y sacaba información a ese tal Darlan, que parecía idiotizado frente a ella, lo estaba viendo, como se relamía los labios cada vez que le decía algo o las veces que tocó sus manos. —¡Maldito Infeliz, deja de tocarla! —Tranquilízate, James. Vannah lo está haciendo muy bien y recuerda que ella te escucha, no la pongamos en más aprietos por nuestros deseos de salir corriendo y eliminar a ese animal —Me dice Jex, tocando mi hombro, pero diablos, ella se estaba arriesgando con esto, era su vida la que en este momento pendía de un hilo. —¿No te bastó con matar a Meche y su marido? ¿Por qué no nos dejaste en paz? —Ellos fueron otros imbéciles que se interpusieron en mis asuntos, debían pagar. —Mi mamá está muerta, ya no podrás tenerla. —Pero me conformaré contigo, tú y mi hija son mías, así que necesito saber dónde está ella. —Jamás te lo diré — y en ese momento vi n***o cuando el desgraciado le dio una cachetada a Savannah, que la dejó inconsciente. La sangre me hervía y quería correr a sacarla de ese lugar, pero me contuve y detuve a Jex negando con mi cabeza. —Miren, se la están llevando— nos dice Jack y volvemos a escuchar a este desgraciado. —Ya me dirá dónde está la niña, ahora vamos donde Volov, la fiesta para celebrar nuestro acuerdo será maravillosa. Los tipos salieron con Vannah casi arrastras y fue ahí cuando Jex nos dice que nos fijemos en ella, movió sus dedos y nos hizo la señal de que estaba bien, lo que le sacó una sonrisa a Jack y un suspiro de alivio a mí. Los seguimos a una distancia prudente, con los oídos atentos escuchando todo lo que en ese vehículo se hacía. El respirar calmo de Vannah nos daba la seguridad de que ella está bien. En este momento es que doy cuenta de lo inteligente y sagaz que es esta mujer, como pudo pasar desapercibida con su apariencia, que ni el mismo maldito de Darlan lo notó, como le sacó la información como si fuera una titiritera y más aún como fue capaz de aguatar esa tremenda bofetada, que si hubiera sido el caso de ser mi prima no estaríamos contando lo mismo. Y ahí recordé lo que pensé ayer, ella era la mente maestra y nosotros solo sus peones. Vi tensarse a Jex y creo que iba pensando algo parecido a lo que pensaba yo, pues entre medio se reía y luego se volvía a poner serio, era extraño, pero con tan poco tiempo conociéndolo ya lo había aprendido a leer, era una persona buena y transparente, que amaba a mi prima y a Sarita sin medidas y que de ser posible daría la vida por ellas. Cuando estoy a punto de hablar, vemos que el vehículo de ellos se detuvo en su destino y Jex me indicó que ese era el lugar donde se hacían las peleas. Esperamos unos minutos, hasta ver que esos tipos entraban al lugar con Savannah, entre medio el agente Miles nos decía que su equipo se estaba apostando en el lugar y que ya había personas infiltradas. Con Jex tomamos nuestros bolsos y nos bajamos, ¿Qué mierda hacía yo aquí? No tenia la menor idea, salvo que el idiota de Jacobs se quedó vomitando hasta la conciencia en el lugar de operaciones de ellos, así que papito tendría que dárselas de peleador, espero que los años de lucha greco-romana y los años yendo al gimnasio para deshacerme del estrés sirvan de algo ¿no? Nos paramos frente al ropero de tres cuerpos que estaba en la entrada y luego de unas cuantos dimes y diretes y algo que escuchó en su intercomunicador que nos hizo pasar casi de inmediato, ambos nos miramos y no dijimos nada, solo nos dejamos llevar. El lugar era un hervidero de personas, música electrónica y por lo que veía alcohol y drogas, caminamos por entremedio de todo eso y de un momento a otro estábamos frente a un tipo rubio, casi de mi misma estatura que a lo sumo le echo unos añitos más que a mi papá. —No puedo creer que aparecieras por aquí después de tantos años, muchacho. —La necesidad tiene cara de hereje, mi querido Sergei— Así que este era Volov, interesante, pues el tipo no nos saca la mira de encima. —¿Y qué los trae por aquí? — dice de manera desinteresada y ni él se la cree, aprovecho de mirar para todos lados para ver si encuentro a Savannah y no pasa nada, lo único que escucho por mi muela es su respiración, la deben haber dejado sola, pero ¿dónde? —Mi amigo y yo necesitamos dinero rápido—me indica y yo asiento. —¿Pero que no trabajabas de guardaespaldas de una superestrella? ¿Te aburriste del glamour de las alfombras rojas? —Eso quedó en el pasado, se le ocurrió casarse y embarazarse, dejó todo por eso que llaman amor— dijo con desdén y el tipo lo miró dudoso. —Lo entiendo, ¿Sabes que debes demostrar tu valía en el octágono? —Estamos dispuestos— ¿qué mierda dije? ¿de dónde saliste corazón valiente? ¡Te falto el Freedom! —Tienes agallas grandote, te gusta pelear. —En Irlanda me conocen bien, puedes pedir referencias a Calum— y sigue metiendo la pata O’Connor, es que de verdad debía estar loco o la locura de mi prima se me pegó en esos simples abrazos que nos dimos esta mañana o será que la diosa me inyectó algo cuando me hizo llegar al orgasmo, Basta idiota, te está mirando como el gato a la carnicería ¿no te das cuenta? El ruso se levantó de su asiento y se aproximó a nosotros, como si fuera un padre benevolente que recibe a su hijo pródigo abrazó a Jex y algo le dijo al oído. —Entiendo el sacrificio y acepto la prueba— le dijo y yo seguía sin entender ni mierda. —Perfecto, vayan a prepararse, los quiero en cinco minutos en el octágono. Hoy será el mejor día de mi vida. Ambos fuimos llevados por los guardias de Volov a los camarines, en silencio y esperando a estar solos para poder hablar se movían en el lugar, Jex me hizo la seña y pudimos ver a dos de los agentes del FBI entre la gente, había funcionado su coartada y eso creo que nos tranquilizó, un poco… Solo un poquito. Cuando entramos en el camarín, los tipos nos dejaron solos y ahí por fin pude respirar y decir lo que tenia atragantado en la garganta —¿Qué fue todo eso? —Nos estaba probando y ahora se viene lo peor. —Explícame — le exijo molesto. —Tendremos que pelear entre nosotros porque al niñito se le ocurrió dárselas de machito y debo eliminarte. —¿Qué? —Eso, el aún duda de mí y más aún con tu presencia, te ves como niño bonito no como un peleador y tu discurso sólo hizo que dudara de nosotros, pero quédate tranquilo, saldremos antes de que eso pase. ¿Escuchaste todo Jack? —Fuerte y claro hermano. —Alguien sabe dónde está Vannah. —Rodríguez la vio, la tienen en el privado dispuesto para Darlan y su micrófono funciona bien, pero su cámara dejó de transmitir. —¡Mierda! —Tranquilo, hermano. Ella se sabe defender mejor de lo que crees. —Más le vale— digo de la nada y Jex me está mirado como idiota— ¡¿Qué?! —Nada, termina de vestirte, nos quedan cinco minutos y recuerda que ella también te escucha. —¡Maldición! — y ahí por enésima vez en este día me di cuenta que la estaba cagando con Savannah, ella estaba arriesgando desinteresadamente su vida por mi familia y yo el muy imbécil lo único que había hecho en todo este tiempo era tratarla como el forro porque me molestaba su actitud altanera y ese cabello de algodón de azúcar. Mientras pensaba en esto Jex me estaba terminado de ajustar los guantes de entrenamiento, no pregunten cómo, pero estas cositas tenían pequeñas navajas para atacar a cualquiera con nuestros puños, sí que eran inteligente el pequeñito de los Scott ¿no? Una vez que salimos del camarín los hombres de Volov que nos esperaban, nos miraron y revisaron de pies a cabeza, y aunque me molestó me dejé revisar, no quería mandar todo a la mierda por mi estupidez, ya estaba dentro y nada me haría flaquear. Cuando dieron el visto bueno nos llevaron hasta el octágono y nos indicaron dónde esperar y para que viéramos el espectáculo. Jex miró hacía el palco y yo seguí su acción ahí estaban Volov y el mal nacido de Darlan, disfrutando como si nada de la pelea, Jex comenzó a susurrar y empecé a entender cuando la voz de Jack salía también en mi oído. Ocho torres sobre el rey: Ocho guardias custodiaban a Volov, lo que era una desventaja para nosotros, siendo apenas cuatro dentro. —Dos alfiles en la entrada— dice Jack y entiendo que son dos guardias en la entrada. —Cuatro torres dentro y una reina— la reina debe ser Savannah y yo una de las torres. El Okey de Jack y creo que del agente Miles me deja con la sensación de que hasta aquí la conversación y veo como Jex se vuelve a mirar la pelea. Yo solo escucho el grito de dolor de uno de los muchachos y el golpeteo constante de este en el hombro del otro que lo tenía aprisionando bajo de él le estaba quitando la respiración, era un mata león y diablos eso duele. Cuando el chico deja de moverse vienen los gritos y los aplausos y es ahí que lo veo, así saldría de no ser que los agentes de Miles terminen antes que comience la pelea. —Prepárense, ahora les toca a ustedes. Nos gritó uno de los hombres de Volov y ambos nos colocamos de pie. Estábamos listos para entrar cuando nuestros ojos se volvieron a posar en el balcón del vip y la sonrisa macabra que nos dio Volov me causó escalofríos, pero lo que me causó verdadero pánico fue ver al maldito de Jacobs saludando a Volov como su fuera su dueño. —Mierda Jack, tenemos a nuestro soplón— Exclama Jex, importándole una mierda que estén los guardias de Volov detrás nuestro. —¿De qué hablas Jex? —Chicos, Jacobs está aquí— habló en un susurro Savannah—, estamos perdidos. —Vannah tranquilízate, puede ser—Las palabras de Jex quedaron en el aire cuando escucharon lo que se hablaba en el vip. —Ella no es la que buscabas, es una agente encubierta y esos que están allá abajo también. —¡Maldita sea, ese desgraciado nos vio la cara, Jex! —grita Jack y ya estoy que me vuelvo loco, necesitamos llegar donde Savannah, ella es la más perjudicada en este momento. —Jack, muévanse. Agente Miles ya tiene lo que necesita y no podemos arriesgar a Vannah. —Sí, sí. Ese maldito de Jacobs me las va a pagar— no sé cómo, pero soy arrastrado por Jex y comenzamos a movernos entre la multitud, necesitábamos llegar a ella, Savannah era nuestra prioridad y esos tres tampoco podían escapar. Entre medio de todo el ajetreo se nos ponen por delante los hombres de Volov, por lo que debemos usar puños y patadas para defendernos, y yo esperando las armas, al parecer no se permitían dentro del octágono. Dios, esto era supremamente loco y a la vez estimulante, como dijo Savannah era adrenalina pura y peor se ponía porque escuchábamos toda la conversación entre ellos a través del micrófono que traía Savannah. —Maldito Lester. —¿Lester? — ese claramente era Darlan, ya su voz se había quedado grabada en mi mente cuando atacó a Moritas. —Sí, Lester. Ese maldito ¿cómo ha sido capaz de morder la mano que le dio de comer? —Es por la mujer que tú buscas, es su esposa. Debemos salir de aquí porque…—dice Jacobs, ese maldito traidor, pero el estruendo de la puerta de entrada resonó en todo el lugar, no dejó terminar de hablar al maldito traidor y mientras los agentes entraban en el lugar los gritos, que antes eran de algarabía, ahora eran de terror. —¡Que nadie se mueva, están todos arrestados! — gritó el agente Miles. —¡Maldita sea, Estamos atrapados! —Todo esto es tu culpa, te pagamos lo suficiente para tenernos informados. —Señor, yo…—El bang de la nueve milímetros dejó todo en silencio. Era claro que alguien había muerto en esa habitación, pero ¿quién? —Toma a la mujer, aunque no sea la que buscaba me quedaré con ella y tú sácanos de aquí— eso nos volvió el alma al cuerpo, el disparo no era para Savannah, seguimos peleando, mientras tratábamos de llegar a ese privado y vimos como uno de los hombres de Volov la tomó entre sus brazos y los que estaban en el palco comenzaron a dispersarse para huir. Por otro lado, los agentes del FBI y los del equipo de Jack tomaban por asalto el primer piso. —Están en el palco y alguien lleva Vannah. —Tomen— Jack, nos entregó un arma a cada. —Vamos bajando— habló Vannah, entremedio del griterío. —No creo que vayan a bajar, estos malditos están buscando la salida fácil, sigamos subiendo —grita Miles y los tres junto a Jex le seguimos. Miles tenía Razón y esos desgraciados estaban subiendo por las escaleras de emergencia hasta la azotea. Cuando estamos por entrar veo como Savannah mueve su cuerpo como una verdadera artista marcial y toma al tipo que la lleva entre sus brazos por el cuello, haciendole una llave que lo lanza al suelo inconsciente. —Maldita perra, me las pagarás— Darlan acelera sus pasos para atacarla por la espalda. —¡Detente! — grito desesperado y Savannah se voltea a tiempo para darle un patada en los testículos tirándolo al suelo restregándose de dolor, yo corro y me vuelvo loco, comienzo a patear al mal nacido ese— Esta es por Dani— patada— esta por Sara—patada y coz— esta por Sarita y esta por Savannah—patada y patada—, maldito animal. Lo tomé por la camisa ensangrentada y lo acerqué lo más que pude a mi cara. » Te juro maldito desgraciado que si te vuelves a acercar a mi prima o a Savannah te haré la vida de cuadritos, así que intenta algo desde la cárcel maldito animal que vas a conocer la furia de un O´Connor ¿te quedó claro? No sé si me habrá entendido algo, pero la mano de Savannah y el oficial del FBI que me trataba de quitar al imbécil de las manos fueron suficiente para terminar. Me acerco a Savannah que tiemla como una hoja y tomo su pequeña carita con ambas manos, procurando no lastimarla. —¿Estás bien? —Estoy bien, niño bonito, solo son unos raspones— dice y sé que se está haciendo la valiente. —¿Segura?— me acerco más a ella y le doy suaves toques a las magulladuras que tiene en su carita y ahí noto algo, sus ojos son grises, se le ha caído una lentilla y ni se dió cuenta, ella me ve incomoda y yo estoy embelesado viéndola, pero me saca de esta burbuja. —Todo bien, vamos con Jex y el agente Miles. Y es ahí que escuchamos el disparo y todo se va a la mierda... ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2410107717945
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