Código dorado parte 1.
“Estimado sumiso, tengo el grato placer de notificarte que tu ama y señora Queen requiere de tu presencia el día de hoy a las 21 horas, mismo lugar, ni un minuto más, ni un minuto menos.
Dress code: lo enviado junto a esta invitación.
El Cuervo “
—Deja de saltar como colegiala.
—¿Ya se la enviaste?
—Obvio, me despertaste a las seis de la mañana para que lo hiciera, idiota.
—Perdón, perdón, pero necesito acción urgente, estos días han sido algo ¿Extraños?
—Si no lo supiera yo, Lena me contó como estuviste en tu consulta el otro día, dice que parecías alma en pena.
—Y no te lo voy a negar, debo decir que la experiencia de volver a trabajar con la policía no fue tan adrenalínica como pensé, la vimos fea después del disparo a mi amigo.
—Tantos amigos que tienes tú eh, si hasta pareces Roberto Carlos.
—Idiota.
—Pero el único amigo que sabe todo, todito de ti soy yo y eso me encanta.
—Doblemente idiota.
—¡Ya deja de llamarme así! Pero bueno que harás con nuestro angelito.
—Eso a ti no te importa, solo ten bien provisionado mi armarlo.
—Ya, ya, aguafiestas. Igual me enteraré.
—Ni se te ocurra encender las cámaras. Te lo prohíbo Russell.
Sé que está mascullando entre dientes el ok, pero se tendrá que aguantar, mis sesiones con mí angelito son solo para mi, esta vez no habrá exhibicionismo.
Lo miro con cara de pocos amigos y el extiende sus manos en son de rendición, le ha quedado claro y sé que lo cumplirá.
» Bueno, mi querido cuervo, esta diosa se va a preparar para esta noche.
—Espero que al angelito no le de un infarto con lo que le mandaste.
—Si realmente quiere ser mi sumiso ahora es que lo veremos, lo que importa es eso ¿no?
—Si, claro. Se verá absolutamente comestible.
—Pero a ese bombón me lo comeré yo, no tú. Así que, adiosito.
—Adiós, Cruella…
Salgo de su oficina y me dirijo hacia mi casa, por el día de hoy no quise ir al hospital, necesitaba escapar un poco de la tensión que había pasado esta semana y sobre todo escapar de un niño bonito que se las había dado de hermano mayor apareciendo todos los días por el hospital para saber cómo estaba. Me tenía de los ovarios con tanta miel, pero por otra parte se sentía bien.
Y ahí iba mi dilema, tengo este contrato de tres meses con este hombre inexperto, que por lo que veo quiere aprender del b**m y por el otro a ese tremendo cuerazo de hombre que ne perseguía como abeja al polen, pero yo era una mujer de palabra y solo si ese angelito terminaba el contrato de sumisión podría darle alguna luz a ese niño bonito, no antes.
Además, ¿Qué puedo esperar de él? Cuando se entere de lo que soy y me gusta lo más probable es que salga huyendo de mí, no soy tonta y tengo claro que James O’Connor es un hombre “tradicional” y no creo que personas como yo le lleguen a gustar. Simple ¿no?
Llego a mi casa y como todos los días le pido a mi fiel amiga Siri que me acompañe con buena música, pero hoy estoy melancólica y le pido otoño de las cuatro estaciones de Vivaldi.
Me ducho presurosa, porque ya son las siete y como decía en la invitación, ni un minuto más, ni un minuto menos y quién era yo para faltar a los acuerdos.
Hoy estrenaría peluca nueva, Gael me hizo una hermosa de color n***o azabache y creo que con mis lentillas azules se verá fenomenal.
Me visto con un corpiño n***o y una falda de tul rojo, delineo mis ojos y pinto mis labios del mismo color de la peluca. Hoy, utilizaría mis Louboutin de quince centímetros y Voilà, he quedado hermosa. Tomo las llaves de mi casa y bajo dónde está mi bebé, me subo en él y le pido a Siri que marque la ruta.
Es viernes y el típico ajetreo de la ciudad me invade, ya las luminarias se han encendido y las calles tienen ese no se qué que me encanta. Disfruto del panorama y al llegar al club me bajo como la puta diosa que soy. Saludo a mi guarura favorito y me adentro en el lugar.
Y como lo dije, el lugar está abarrotado y todos disfrutando de su pequeña libertad. Sé qué Russell no está porque hoy es su aniversario de matrimonio xon Helena, por lo que lo más probable es que estén disfrutando de una maravillosa cena a la luz de las velas.
«Es que son tan románticos»
A veces me gustaría encontrar alguien así como Lena, que te acepte con el combo completo, pues mi amigo si que es un hueso duro de roer y tengo claro que no cambiaría nada de su vida.
Esa vez que llegaron conmigo para sus consultas, Lena me dejó claro cuánto amaba a ese hombre solo con una frase.
“Así lo conocí y me enamoré completamente de el con sus ángeles y sus demonios “
Lo que me agradó mucho, porque en realidad era Russell el que necesitaba terapia porque no podía entender que una persona tan pura y hermosa como ella lo aceptara tal cual es.
Loco ¿no?
Dejo mis pensamientos sobre mi amigo y su mujer cuando ya son diez para las nueve, camino a paso firme y me dispongo a entrar a mi hermosa habitación dorada, tomo el pomo de la puerta y una mano áspera la toma conmigo, su aliento roza mi cuello y se que es él. Volteo mi cara para verlo, con el hermoso antifaz n***o que le hice y mi sonrisa se expande.
—Llegaste a tiempo.
—Soy un hombre que cumple sus acuerdos, Queen — me dice muy cerca de la comisura de mis labios y dios, ya estoy absolutamente mojada bajo este vestido.
—Pues, entremos.
Dejo que abra la puerta y me haga el ademán de entrar, camino a paso lento para que no note mi ansiedad y cuando el cierra la puerta de golpe doy un pequeño saltito, escucho sus pasos aproximarse a mí y me volteo para enfrentarlo, sus ojos destellan al igual que los míos, puedo verme en ellos en este momento y mierda se siente tan bien, pero debo marcar las reglas, no voy a ceder el control tan fácil, nunca lo he hecho y él no será la excepción.
—Quítate el abrigo, quiero ver como te quedó lo que te envié.
Su cara es un verdadero arcoíris, está completamente avergonzado, pero él firmó el contrato y aunque sé que no le gusta suspira y deja caer el abrigo a nuestros pies.
¡Dios! ¡Le quedó perfecto! Doy varios brinquitos mentales y esbozo mi sonrisa despreocupada, después muerdo mi labio inferior y me acerco para tocar su pecho, ese que está cubierto por la camisa de cuero negra que remarca cada uno de sus trabajados músculos ¿Será obrero de la construcción? No creo, su porte es de un empresario y algo pude sacar de mis conversaciones con Russell, pero nada más y lo respetaba, era mejor no saber su nombre, así sería más fácil cuando todo terminara.
—¿Te gusta lo que ves, Queen?
—Por supuesto —digo como hipnotizada y luego reculo—. Te ves perfecto, creo que soy demasiado buena en lo que hago.
—No es lo que yo esperaba, pero.
Me di la vuelta y lo dejé hablando, no quería escuchar, solo quería disfrutar y ese traje de cuero, le quedaba justo para lo que quería hacerle.
» Queen, te estoy hablando, necesito saber algunas que dicen en el contrato, estuve investigando y.
—Ese no es mi problema— le digo colocando la fresa bañada en chocolate para que se calle.
—Cualquier duda, se la entregas al Cuervo y él me la hará llegar.
—Pero eso no dice el contrato.
—Cláusula número 18 EL nexo entre la parte A y la parte B será exclusivamente el dueño del Club Shine, quién es el único que
—Ya entendí, pero ¿y la palabra de seguridad? Si voy a dejarme vejar por ti, necesito poder parar cuando no me sienta a gusto.
—No veo la necesidad, no creo que seas tan débil para no aguantar un poquito de dolor.
—La relación que tendremos será en base a la confianza mutua —dice al igual que yo citando el bendito contrato y me arrepiento de no haberlo leído, ese Russell.
—Está bien, antes de continuar dime ¿Has pensado en la palabra de seguridad?
—Sí, puede ser tonta, pero me gusta algodón.
—Es un tanto larga y si te estoy asfixiando puede que no alcances a decirla, porqué mejor pera o fresa.
—Porque me gusta algodón.
—Okey, pues algodón será, ahora siéntate en el sillón.
—Estas cosas van a reventar.
—Lo dudo querido, ¡Siéntate!
Bufa, sí, bufa, sé que le está costando un mundo hacerme caso, pero si no lo hace este tiempo es perdido para mí.
Lo veo acomodarse y de verdad el cuero suena, pero sé que resistirá, bajo la viga que está sobre el sillón tántrico y lo dejo al nivel de mi altura, esto será genial. Me devuelvo por las cintas de seda y los bastones, me paro frente a él y abro sus piernas, colocándome entre ellas, el bulto es absolutamente notorio y ya estoy deseando montarlo, pero primero lo haremos sufrir. Lanzo las cintas y vuelvo a ordenarle.
» Las manos arriba.
—¿Pa…Para qué es eso?
—Menos preguntas y más acción angelito.
Levanta sus brazos y yo calmadamente las paso por su cuello y luego por sus brazos, ato sus manos a cada lado y estiro hasta lo que más puedo sin ahorcarlo.
Esto se pone genial.
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