Capítulo 20

1669 Palabras
Código dorado parte dos ¿En qué mierda me metí ahora? Una semana antes… —Ella está bien— le pregunto por enésima vez a Ethan, pues no he visto a Moritas desde ayer y estoy muy preocupado por ella. —Si quieres saber cómo está ¿Por qué no la llamas? —Porque no somos tan cercanos, Scott. ¿ Te sirve la respuesta? —Noup, porque lo que a ti te pasa es que te gusta Vannah y no lo quieres aceptar. —Idiota, no me gusta, solo me preocupa por ella. La sonora carcajada que se escucha tras el teléfono, me pone de pésimo humor, pero es cierto Savannah Lewis me preocupa, sé que se está haciendo la fuerte, pero lo vi en sus ojos, ella flaqueó al ver a Jex en ese charco de sangre. Lo peor de todo es que se hizo la que no le importaba, es más en el hospital huyó cuando Bruno salió a avisarnos que todo había salido bien en la operación. —Ella está ahora con los niños de oncología, por si quieres saber, así que deja de molestar y ven al hospital. Ah y por si te sirve le gustan los eclair de la patisiere que le gusta a tu prima. —¡Qué no voy a ir! ¿Ethan? ¡Ethan! ¡Me colgó el desgraciado— me levanto de mi silla y voy donde mi adorada prima, que no puedo creer que haya venido a trabajar como todos los días, pero es que esa chiquilla era un verdadero incordio, se había enojado con Jex y lo tenía castigado sin hablar hasta que lo dieran de alta. Me doy unas cuantas vueltas afuera de su oficina y no aguanto más y entro en la oficina de mi prima. —¿ Qué necesitas? —¿Cómo sabes que necesito algo? —Acabo de colgar el teléfono y adivina quién era. —Ethan… —Mille-feuille Bakery Café, ahí los venden y de nada primito, Ethan tenía razón. —¡Dios santo! ¿No me puedo preocupar por ella como una amiga? —Por supuesto, primito, dile eso mismo a Christian de como trata a Rocío, es obvio que estás en una situación parecida ¿no? —No es lo mismo— bufo molesto— . Te juro que no es lo mismo. —Que tengas un lindo día, James. Literal, ¡me está echando de su oficina! Salgo echo una furia y bajo por el ascensor hasta los estacionamientos, odio que todo el mundo crea algo que no es. Me subo al auto y voy rumbo hacia el bendito café, cuando llego ahí recibo un mensaje de Bruno. “Eclair y café keniata, el complemento perfecto para subirle el ánimo a la rubia platinada” —¡Diablos, ahora todo el mundo lo sabe! —Buenas tardes ¿en qué le puedo ayudar?— me pregunta la chica que está frente al mostrador. —Tres eclair y dos cafés keniata para llevar. —Son cuarenta dólares, ¿desea dejar propina? —¿Cuarenta dólares por esto? Esta mujer me dejará en la banca rota. —¿Lo quiere o no? —Sí, sí y coloque la propina. Una vez que me han sacado un ojo de la cara, salgo del maldito café y dejo las cosas en el asiento del copiloto y el café en el porta vasos. Voy mascullando, mientras me como uno de esos deliciosos eclair. —Diablos, valía la pena el bendito pastel. Llego al hospital y me estaciono, tomo las cosas y me adentro al lugar, uno que odio, pues pasé la gran parte de mi niñez en uno de ellos acompañando a mi madre. Me dirijo al ascensor, después de haber consultado dónde queda el área infantil de oncología y al salir de la cajita metálica y ahí la veo, jugando con los niños a la ronda de San Miguel, el rubio le queda tan bien que parece una niña al igual que a la que está acompañando. Su risa es refrescante y sus ojos muestran una paz que me calienta el corazón. «Creo que Ethan tenía razón, era mejor ver que estaba bien» Uno de los niños le dice algo al oído y ahí es que ella mira hacia dónde estoy y su semblante cambia ciento ochenta grados. Su ceño se frunce y las comisuras de sus labios hacen una mueca de desagrado. Se levanta y algo le dice a una de las enfermeras y luego se acerca a paso seguro para plantarse frente a mí. —¿Se puede saber que mierda haces aquí? —Hola Savannah ¿Cómo estás? Yo, muy bien, gracias por preguntar y como pasaba por aquí te traje esto — no la dejo hablar y le entrego el café y la bolsita con los eclair— De nada Savannah, es un gusto verte mejor. Bueno, ya me voy. Y adivinen ¿qué hice? Eso mismo, salí huyendo del lugar sin siquiera dejarla decir otra palabra más, sí, soy el imbécil más grande del mundo. El resto de semana, me la paso trabajando como energúmeno, para no pensar en Savannah Lewis, pero debo decir que no surtió mucho efecto, pues estoy de Celestino entre mi cuñado y mi prima que me ha hecho ir a verlo todos los días para saber de él. La verdad sea dicha es que tampoco paso a verlo, me voy directo a la oficina de Ethan y lo molesto como cada día preguntando por Moritas, aunque ahora es Marilyn, pues ha decidido mantener el rubio platinado, creo que ya lo dije ¿no? —¿Es en serio que otra vez estás aquí? —Hola, Bruno. Sí, así es. Pero es por un motivo superior, Dani me pidió saber de Jex y… —Ni tú te la crees, pero ¿les cuento algo? —Suéltalo, cotilla. —Idiota, pero bueno. Vannah me pidió el día libre. —¡¿Qué?!— si soy yo el que grita— ¿Está enferma? —Oh, no, no, no, solo me pidió el día porque hoy tendría una cita y quería estar descansada. —Creo que nuestra chica tendrá acción el día de hoy— dice Ethan y yo estoy viendo rojo, azul, verde y toda la carta de colores. —Bien por ella— digo entre dientes, cuando justo suena mi teléfono—, perdonen debo contestar. Me alejo un poco de ellos y veo que es Russell el que me llama. —Hola angelito, te acabo de enviar un mensaje, te quiero. —Russell… ¡Russell! ¿Qué mierda? Abro mi correo y ahí está, la invitación. “Estimado sumiso, tengo el grato placer de notificarte que tu ama y señora Queen requiere de tu presencia el día de hoy a las 21 horas, mismo lugar, ni un minuto más, ni un minuto menos. Dress code: lo enviado junto a esta invitación. El Cuervo “ —Chicos, lo siento, me acaba de salir una reunión urgente con un colega. Nos vemos. —Reunión urgente la llaman ahora, si vete y no vuelvas tan seguido por aquí . —Gracias, Ethan. Lo tendré presente. Salgo corriendo de la consulta de Scott y me subo a mi auto, llego en menos de veinte minutos a casa, tengo exactamente una hora y no sé que mierda me mandó Queen, la verdad es que estaba un poco complicado con ella, pues no se había comunicado conmigo y pensé que todo eso del contrato había quedado atrás. Entro como loco al departamento y ahí está mi querido hermanito viendo una de sus series. —Te llegó un paquete, lo dejé en tu habitación. —¿Lo abriste? —Claro que no, idiota— se estira como gato y yo me dirijo a mi habitación, cuando estoy entrando en ella me grita—. Ah, hermano, debo decir que el cuero te sentará muy bien. —¡ Christian, te voy a matar! La fuerte carcajada que escucho me dice que el muy imbécil revisó lo que me había llegado y los colores se me subieron a la cara, más aún al ver la tenida de cuero negra que había en la caja junto a la invitación y el antifaz de plumas que venía. No había tiempo, ya lo mandaría a la mierda, me duché rápido y por esta vez no me apliqué perfume, tenía que hablar con Queen, pues había cosas que necesitaba saber, me vestí raudo y acomodé las otras cosas, me coloqué un pantalón de chándal, ni loco me dejaría ver con estos pantalones y menos frente a mi hermano, tomé mis llaves y la billetera y salí del departamento sin escuchar la sarta de estupideces que decía mi hermano. Enfilé rumbo al club y diez para las nueve estaba entrando en el lugar y ahí la veo, se cambió el color de cabello, ahora lleva un n***o azabache que hace que su pile blanca se vea absolutamente deleitable, me acerco sigiloso y tomo su mano antes que abra la puerta y me deleito con sus curvas, ya estoy duro como piedra y en lo único que pienso es qué me hará hoy, pero recuerdo algo importante, necesito que me explique lo de la palabra de seguridad. Entramos a la habitación y cuando estoy hablando ella me calla y empieza a ordenarme, sigo intentando, pues necesito respuestas y me sale con el contrato ¿Cree que no me lo sé de memoria? Al final cede y me molesta por la palabra que he elegido, una que me salió pensando en esa loca doctora que no me soporta y que yo no soporto, de verdad que creo que me estoy transformando en un masoquista, pero en definitiva ella la acepta, mientras me empieza a amarrar con cintas de seda. Demonios ¿En qué mierda me he metido? ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2410107717945
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR