Código dorado parte tres.
Esto no se lo merecía...
La sensación de placer que me provoca el estar quitándole la respiración a mi angelito es extremadamente sublime, lo tengo abrazándome la cintura con sus manos cruzadas y con mis manos dirigiendo cada uno de sus movimientos como si fuera un títere, y debo decir que ha aguantado estoicamente, pues no ha dicho la palabra de seguridad, cuestión que me preocupa un poco.
Suelto un poco su agarre y lo dejo respirar, me levanto de encima de sus piernas y verlo respirar intentando recuperar el oxígeno perdido me calienta cada vez más.
—Ahora te vendaré los ojos, angelito.
—Pero no me pues, argh… quitar el antifaz—dice entre cada respiración.
—Por supuesto que no, la venda irá sobre él, no te preocupes, no quiero saber quién eres, no me interesa.
—Eres así con todos tus sumisos — me encojo de hombros y cubro sus ojos con la venda negra que tenía preparada.
—Es lo mejor, así no hay sentimientos de por medio— digo en tono calmo y sin denotar las ganas que tengo de follarlo hasta que se quede sin aliento—. Ahora solo escucharás mi voz y sentirás lo que te quiera hacer, sólo déjate llevar por tus sentidos, angelito.
Sirvo dos copas de champagne y procedo a colocar un poco de líquido en su boca, él lo recibe gustoso, debe tener la garganta seca de tanto que lo he hecho jadear. Bebo de mi copa y las dejo en la mesa, me quito la falda y tomo el condón que usaré, con sumo cuidado tomo ambas cintas y hago que su cuerpo se levanta, la viga sirve como polea para poder manejarlo a mi antojo.
—¿Qué … qué pasa?
—Ya te dije, solo disfruta, angelito.
Lo dejé completamente de pie y comencé a dibujar cada uno de sus músculos con mis dedos, él intentaba moverse, pero eso hacía que se tensara más la cinta y provocaba que su cuello recibiera el castigo.
—Queen…
—Mmm.
—Me haces cosquillas.
«Aww, no es divino»
—Ya sabes, si quieres parar di tu bendita palabra de seguridad.
—No quiero, solo sigue.
—Perdón, me estás ordenando.
—No, mi ama y señora, solo estoy siguiendo tus designios.
—Así me gusta, ahora calladito y cooperando.
Volví a lo mío y bajé hasta llegar a su pantalón, abrí un poco sus piernas y sin siquiera mediar nada bajé la ropa para encontrarme ese m*****o en posición firme y con unas gotitas de líquido pre seminal, se me hizo agua la boca y no aguanté, digamos que esa cabecita requería de una limpieza, así que lo introduje en mi boca hasta llegar hasta mi garganta y aún así no alcanzaba a tomar toda su longitud, sentí la arcada, pero no desistí y volví a hacerlo varias veces, lo escuchaba gemir y mi diablita interna hizo de las suyas, así que mordí su glande y lo hice gritar y moverse de tal forma que las cintas se ajustaron más a su cuello. Ahora su grito era ahogado por él mismo, pues yo sostenía las cintas de las puntas y no ejercía ninguna presión, pero sus manos al querer bajar para tomar mi cabeza habían logrado mi objetivo, comenzar a asfixiarlo.
Al verse de esa manera, volvió a levantar las manos y tomó varias bocanadas de aire, sentía como su cuerpo recibía el oxígeno y lograba recuperar su estabilidad, así que volví a atacar, esta vez usando una de mis manos, chupé, lamí y mordí, incluso sus bolas y él intentó nuevamente sostenerme, pero al quedar sin aire en sus pulmones volvía a soltar su agarre, ese cuellito quedaría marcado si seguía así, ¿me importaba? Para nada, él era mi juguete en estos momentos, mi marioneta.
Pero ahora lo quería dentro de mí, asi que lo senté en el sillón y rompí la camiseta que le había regalado.
«Qué pena, se veía tan bien»
—Queen…
—¿No es algodón tu palabra de seguridad?
—No es eso, por favor…
—¿Por favor qué?
—Déjame acabar.
Ah… era eso, así que el pobrecito quería terminar y yo no lo dejaba, pues esto se acaba cuando yo quiero.
—Pues lo pensaré…
Tomé su m*****o y lo enfundé con el condón, lo volví a masajear y me senté en sus piernas, dejando caer mis pliegues encima de él para que entrara de una sola estocada. Ambos gemimos por la intrusión y juro que estaba tan mojada que mi v****a lo recibió como si fuera su casa. Comencé a cabalgarlo, mientras enterraba mis uñas en sus hombros, los sonidos de nuestros cuerpos siendo uno solo y los gemidos que ambos emitíamos era música para mis oídos y sin pensar en nada me dejé llevar por mi primer orgasmo, sentí como su cuerpo se tensaba y pensé que acabaría, pero sus brazos, que en todo este rato estaban alzados ahora me abrazaban y juro que lo vi ponerse morado.
—Suéltame, angelito. ¡Para!
—Argh…
—¡Respira, angelito! Escucha mi voz y vuelve a mí.
Su cara estaba roja y los latidos de su corazón eran irregulares, ¡Dios! Pensé que se estaba asfixiando y algo se quebró dentro de mi al verlo así de vulnerable, pero su m*****o aún sigue dentro de mí, creo que más duro que antes e inflamado. Así que me moví, pero tomé las riendas o más bien las cintas y no lo dejé mover sus brazos hasta que acabó dentro de mi, provocándome otro orgasmo estrepitoso.
Estaba molesta con él ¿Para qué insistió en la maldita palabra de seguridad si no la utilizó?
Me levanté sin siquiera darme cuenta de que lo que estaba haciendo le pudiera doler y le lancé una cachetada que lo hizo voltear la cara.
—¿Eres idiota o te haces?
No me decía nada, solo intentaba recuperar la respiración. Lo solté de las amarras y ahí vi su cuello, ¡Mierda! Se nos pasó la mano, pero es que aguanta mucho el dolor y no solo en su cuello, las muñecas estaban igual, eso quería decir que mañana tendría moretones en ambas partes.
Estaba tan molesta y no sabia si era con él o conmigo por no haber parado, al final la lívido se me fue a buena parte y solo quería salir de ahí, pero sus palabras me descolocaron aún más.
—Queen, lo siento, pero me gustó tanto lo que me estabas haciendo que no quería parar.
—Pero te podrías haber asfixiado ¿No lo entiendes?
—Pero no pasó, estoy bien, lo ves, pues yo no lo puedo ver, pero lo puedo sentir.
Le saqué la venda y se pasó las manos por los ojos, mientras yo limpiaba un poco el desastre que había en mi cuerpo.
—!Mierda!— sí, mierda era lo que quería decirle, pues debe haber notado las marcas que habían quedado en su cuerpo.
—Ve a ducharte y aprovecha de sacarte el condón— dije molesta y él me miró con ojos de súplica esperando algo más de mí, pero debía entender que un sumiso debe obedecer hasta que su voluntad y su salud no fueran doblegadas, no podía dárselas de machito, no así.
Entró callado sin siquiera mirarme. Cuando escuché la ducha tomé mis cosas y nuevamente lo dejé solo, ahora no estaba huyendo, era la mejor manera que tenía de no mandarlo a la mierda, tenía tantas cosas en mi cabeza y una de ellas era elaborar un plan, para que estos tres meses pasaran rápido, él no se merecía esta mierda y yo tampoco. Él no era un sumiso y yo no quería dominarlo, algo estaba naciendo por culpa de este loco acuerdo y no me estaba gustando.
------------------------------
Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing
Todos los derechos reservados.
Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2410107717945