Capítulo 22

1928 Palabras
Todos viven en un maldito sueño… Escuché la puerta cerrarse. Ella se había ido y nuevamente me había dejado con esa sensación de desazón. —¡Mierda, mierda, mierda y más mierda!— golpeo el azulejo del baño al ver las marcas en mis muñecas ¿Cómo haría para cubrirlas? ¿Debería usar dos relojes? ¿Qué mierda me había pasado recién? Esto que me estaba pasando me decía que ya no era yo, ni en un millón de años habría dejado que me amarraran y colgaran de una viga para parecer un maldito títere, pero la sensación de asfixia me dejó helado y quería más, mucho más. Hasta que ella… Hasta que ella sintió compasión de mí y todo se fue a la mierda. Lo sentí en su voz cuando me dio la cachetada, lo ví en sus ojos cuando soltó la venda que cubría los míos y lo sentí en sus gritos de desesperación. Ella se había asustado, pero ¿Por qué? Ahí había otro tema, estamos ambos metidos hasta el fondo en esto y ella sobre todo está acostumbrada a esto, entonces ¿Por qué? Necesito hablar esto con alguien ¿Sabannah me podría ayudar? Ella es psiquiatra, puede que haya tratado con esto que estoy sintiendo y… «!Ni loco, James! ¿Estás de patio? Si ella llegase a saber que le diste tu primera vez a una dominatriz ¿Qué pensaría de ti?, ¡No! Ni loco te dejo ir con ella» —¡Maldición! Dejé que el agua cayera por mi cuerpo, mientras me maldecía internamente, esto no era para nada bueno, si bien no había tenido experiencias sexuales eso no quería decir que no supiera del tema, para eso había una incalculable cantidad de libros, videos y por supuesto la internet, en donde podía sacar esa información y lo que había leído del b**m era… interesante. El tema que me molestaba es que me estaba gustando, de una manera inexplicable, el sentir mi m*****o entre sus pliegues y la amarra dejándome sin oxígeno ¡Me gusto! Dios santo, me gustó tanto que quería seguir, quería que ella me siguiera dando y rebotara como lo estaba haciendo sobre mí mientras me ahorcaba. —Queen, necesito más de ti… Al siguiente día… —Oye idiota ¿Me vas a decir para que era invitación? Wow ¿Qué mierda te pasó?— me pregunta mi hermano entrando a mi habitación, y sí, tengo una cara de mierda y estoy usando un suéter de cuello alto para disimular la marca rojiza que tengo. —Era una fiesta de disfraces en el club de Russell, idiota. —¿Y esa tal Queen era la anfitriona?— no solamente vio, también leyó, ¡Mierda! —¿Quieres dejar de meterte en donde no te invitan? —Hermano, me preocupo por ti y creo que ese jueguito que estás haciendo con esa chica te trae mal. —No vengas a ser más papista que el papa, hermano. Tú no eres el mejor ejemplo para decirme como debo hacer las cosas, mírate a ti primero y después opina. —Eres un idiota insensible, por eso todos te temen y no son capaces de acercarse a ti, pero esa es una maldita careta que te creaste cuando nuestra madre enfermó. Reacciona, hermano, la vida es hermosa y tienes que disfrutarla al máximo, eso debiste aprenderlo de ella y no quedarte metido en el dolor de su pérdida. —¡Lárgate de aquí! Ya suficiente tengo con soportarte todos los días. —Espero que todo este mundo no te consuma, hermano, de verdad que lo espero. Sé que tú no eres así. Y mi hermano sale de la habitación dando un portazo, es que él no entendía que no quería contarle esto, él no sabía que no podía decirle, lo decía el contrato y no quería incumplirlo. Christian estaba en lo correcto, yo era muy distinto antes que mi mamá enfermara, pero ese yo debió madurar a tropezones, debía ser fuerte por mi padre y por él. Ese James había muerto el día que ella cerró sus ojos y nos los abrió más. Mi teléfono vibra en la mesita de noche y lo tomo para contestar. —Russell. —¿Cómo estuvo tu noche apasionada angelito? —No quiero hablar de eso, pero necesito reunirme contigo. —Te invito a desayunar. —Perfecto, conozco el lugar adecuado, te mando la dirección por mensaje y nos vemos en media hora. Le envío la dirección del café a mi amigo y salgo del departamento sin siquiera despedirme, alcanzo a ver la cara de mi hermano y como niega con su cabeza, pero no tengo ganas de seguir discutiendo. Llego al café y estaciono mi auto, entro en la cafetería y me siento en una de las mesas a esperar a mi amigo. Un mesero me toma la orden y aprovecho de sacar mi iPad para avanzar en algunas cosas de la constructora. A los quince minutos aparece Russell con ese andar tan despreocupado que me impresiona siempre, ¿es que su vida era tan sencilla? —Me encanta esta cafetería, una de mis mejores amigas es clienta asidua de aquí. —Bien por ella, pero me interesa una mierda lo que pase con tus amistades. —Uy, que sensible estás ¿ Qué no te gustó la sorpresa de Queen? —Baja la voz, ¿quieres que todo el mundo sepa? —Perdón, perdón, es que ayer estaba tan emocionada de… Ups, lo siento. —¿De qué hablas Russell? — pregunto curioso, me parecía sumamente interesante saber que ella estaba ansiosa o emocionada de verme. —Oh, nada del otro mundo, James. Solo que al parecer “ella”— si, ahora lo dice entre comillas— estaba muy interesada en su reunión. —Mira, Russell —justo se aparece el mesero con mi pedido y la cara de Russell tiene una sonrisa que asusta— gracias. —Me traes lo mismo que a él, pero a mí café con un chorrito de leche por favor. —En seguida, señor. El mesero se va y Russell me sigue mirando con suspicacia ¿Qué había hecho ahora? Tomo uno de los eclair y me deleito con el sabor dulce y esponjado del pastelito y me pregunto ¿qué estará haciendo Moritas? ¿se habrá comido los que le llevé el otro día? —Bueno, y para qué te soy bueno, mi querido amigo. —Esto del contrato, es que ayer traté de hablar con ella y me dijo que cualquier duda la solucione contigo. —Mira tú, así que no quiere involucrarse. —¿A qué te refieres?— pregunto incómodo, mientras bebo mi café. —Mira, James. Queen es una mujer muy reservada con sus relaciones con sus sumisos y es ella la que siempre ordena y organiza, yo no tengo mucho que hacer más que mantener los implementos que me pide para su habitación, pero contigo ha sido todo distinto. Me dio la libertad de hacer el contrato, me tiene de correo de las brujas y ahora te sale con que yo te tengo que resolver las dudas que tengas, es extraño, pero como digo es primera vez que me pasa con ella. —No sé que pase por su cabeza, pero ella es realmente extraña, ella sabe perfectamente lo que hace y de verdad que lo he disfrutado, pero cada vez que acabamos ella sin mediar nada se vuelve otra y me deja ahí tirado. —Creo que aún no entiendes esto de ser sumiso amigo. El mesero nos vuelve a interrumpir y trae lo que Russell le ha pedido, nos queda mirando como esperando algo más y yo le indico que estamos bien, no quería más interrupciones, quería respuestas del que estaba frente a mí. —Pues obvio que no, es mi primera vez cediendo el control de algo y es precisamente de mi cuerpo, no es para menos ¿no? —Pero ¿por qué lo quisiste? Esa pregunta me ha dado vuelta en la cabeza desde que ví tu firma estampada en el contrato. «Y a mi también, aún no me lo explico» —Pues no lo sé, esa mujer me desconcertó desde que la vi ese día y debo decir que en un principio fue por curiosidad, luego fue el disfrute y no te niego que pensé que no pasaría más pues fue una semana en la que ella no apareció y lo de ayer, lo de ayer fue extraño. —Lo noto, ese cuellito debe haber quedado rojo ¿no? —¿Cómo lo sabes? —Tus muñecas — las indica con su boca y yo trato de cubrirlas con las mangas del suéter. —Bueno, fue intenso, extraño, pero intenso. —¿Y te gustó? —Pues claro que sí, pero creo que no es lo mío, en un principio, como te decía, es demasiado atrayente, lo he disfrutado, pero siento que quiero más y cada vez que se lo hago ver ella se va. —Ese el tema, mi querido amigo, al entrar a este mundo las personas creen que todos viven en un maldito sueño, en donde el placer es extremo y adictivo, necesitas de esa adrenalina para vivir porque se hace imposible no hacerlo de otra forma y cada día necesitas más. Eso es lo que te está pasando y creo que ella quiere poner sus límites entre ambos y la entiendo, ella no te quiere corromper. —Pero ella no puede decidir que es lo que quiero o no, eso queda a mi libre albedrío. —Pues cuando pasas de esa puerta, tu libre albedrío muere y eres su juguete personal, alguien que no tiene ningún derechos— escucho que su teléfono suena y detiene sus palabras para contestar. » Hola cariño, sí justamente estaba hablando de eso— dice despreocupado y toma un sorbo de su café, yo aprovecho de pedir otro mientras lo escucho hablar, debe ser su esposa pues está hablando solo en monosílabos —Perfecto, se lo diré y tendré lo que me solicitaste. Te quiero, muñeca—corta la llamada y sus labios esbozan una sonrisa. —¿Helena? —Noup, era ella— mis ojos se expanden ¿Qué quería ella?— No sé qué hiciste, pero te quiere a las nueve de la noche. Dice que tienen una sesión pendiente. ¿Qué mierda? Me trata como estropajo y ahora me quería, estaba a punto de decir que no, podría decir que tengo algún compromiso con la familia, pero luego mi necesidad de conocer qué quiere hacerme puede más. —Ahí estaré. —Ese es mi angelito. Terminamos de desayunar y por un acto que aún no entiendo compro nuevamente dos eclair y un café para llevar. —De verdad que te gustan estas cositas ¿eh? —Oh, no. Estos son para una amiga. —Amiga, le dicen ahora. —Pues sí, una amiga. Nos despedimos con Russell en la salida, por esta vez no había ningún dress code, solo que fuera con ropa cómoda y como no quería ir al departamento, iría de compras. Me subí al auto y mi ruta me llevó directo al hospital, este era otro tema que me tenía perdido en mis pensamientos, esa chica que ahora era rubia platinada, pero era solo preocupación, nada más. O eso es lo que intento decirme como un maldito imbécil. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. 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