Capítulo 23

1666 Palabras
Él Las manos de mi angelito acariciaban mi piel desnuda, mientras el suave vaivén de nuestros cuerpos me volvía loca. —Déjame tocarte. Era la voz del niño bonito que se colaba por mis oídos, mientras se colocaba detrás nuestro y tomaba mis pechos con esas manos fuertes que me habían acariciado esa noche que todo se volvió una locura. Su boca se apoderó de la mía y su m*****o empieza a jugar con mi raja, mientras mi angelito movía sus caderas para hacer más profunda su intrusión y mierda, se sentía tan bien. De un momento a otro, mi angelito me levantó y ambos se posicionaron sobre mi, tenia sus lenguas lamiendo mis pechos y sus manos jugando con mis pliegues, los quería dentro de mi, pero ya, pero ellos no paraban en su afán de tocarme e introducir sus dedos dentro de mí. Una oleada de calor arrasó mi cuerpo y sentía como el orgasmo se estaba creando en mi bajo vientre, con mis manos agarré sus vergas y seguí el mismo ritmo que ellos infringían en mí. Estaba a punto de llegar cuando un sonido ensordecedor me sacó de mi concentración. —¡Mierda! Desperté, buscando el maldito celular para apagar la alarma y sí, estaba soñando con esos dos colosos. Volví a meterme bajo las sábanas y bufé furiosa, me levanté sin ganas de nada, lo de anoche me había dejado nuevamente con un sinsabor, por una parte me molestaba esto de que mi angelito fuera un hueso duro de roer y por la otra, ya llevaba dos días sin saber del niño bonito. —Debe ser por eso que los soñé a ambos, dios, sería genial un trío con ellos, como dicen soñar no cuesta nada. Me levanté y metí a la ducha, hoy sería un sábado intenso, tenía a varios pacientes en el hospital con los cuales trabajar, el proceso para los trasplantados comenzaba mucho antes de lo que ustedes imaginan, todo parte cuando se declara el diagnóstico y luego a esa persona lo incluyen en la lista nacional de trasplante, desde allí comienza mi trabajo con ellos, pasando el proceso desde ayudarlos a comprender su propia enfermedad, hasta las posibles implicancias de que no llegara un donante. Era doloroso ver el proceso, pero ese era mi trabajo y, de cierta forma, me había insensibilizado con el tiempo. Aunque, a veces igualmente aparecía esa Savannah que quería salvar al mundo. —¡Vamos, Vannah. Hoy será un gran día! Debo decir que lo que me provocó ese sueño despertó mis ganas de tener a Angelito y si bien era cierto que quería terminar el contrato, ¿qué mejor forma que esta? Obligándolo a estar conmigo todas las noches, era una gran idea y diablos que me gustaba. —Sí, eso haré. Tomo mi café y le envío un mensaje a Russell, el que no demora en contestar con un Okey, ahí estará. —Uy, qué rápido, debe ser que tiene línea directa con él— pienso en voz alta y sigo con mi desayuno. Una vez lista, salgo de mi casa y me subo a mi bebé, el día está tranquilo y aunque está empezando a hacer frío, el otoño me gusta. Llego al hospital y me encuentro con Esperanza que me mira con cara extraña y sin mi café. —Hola, Esperanza— la saludé con más ánimo del que pensaba—¿sucede algo? —Hola, doctora Lewis. No, no pasa nada, solo que hay alguien esperando por usted— dice un tanto sonrojada, debe ser Nathan y ella no me quiere decir, es tan obvia— Di… dijo que no necesitaba cita para verla— ¿Les dije no?. —¿A qué hora empiezan mis consultas? —A las diez, doctora. —Perfecto, que nadie nos interrumpa. Tomo el pomo de la puerta y al entrar me encuentro con una figura conocida, no es Nathan, esa espalda ancha y el cabello casi rojizo ¡Dios! Se da la media vuelta y los latidos vuelven a repiquetear en mi corazón, por suerte. —¿Qué haces aquí y por qué le dices a mi secretaria que no necesitas cita para verme? —Hola, Savannah… —Ah, no, no, señor. No me vengas con tu auto discurso y luego salir huyendo, dime a lo que vienes que ya me tienes de los ovarios, James O’Connor. —Perdón por lo del otro día, pero de verdad me sentí un poco incómodo con lo que pasó y no me atreví a hablar contigo. —Pues malo está, si hubieras venido y hablado conmigo ese día sabrías que estoy bien y no me habría preocupado porque no apareciste después de dejarme esos eclair. «Vannah ¿Qué acabas de decir?» —¿También te preocupaste por mi?— ¿cuándo llegó a mi lado? Está parado frente a mí y veo que tiene ganas de tocarme, pero se aguanta y a mí se me está haciendo agua la boca de solo recordar ese maldito sueño, pero reculo, necesito tener todo bajo control. —Más que preocupada, pensé que ya te habias dado por vencido—«No, no, no, por ahí no debes ir» — , perdón lo que te trato de decir es que. —Te pareció extraño no verme después de que aparecí ese día — dice encogiéndose de hombros y yendo hacia mi escritorio—. Te traje tus eclair y tú café, ven siéntate y bébelo caliente. Caliente estaba yo con este monumento de hombre frente a mí, tan preocupado y caballeroso que me estaba dando el mejor sexo junto a … » Savannah, te estoy hablando. —Oh, perdón. —Estás perdonada, ahora come y cuéntame cómo estás después de estos días que no me has visto. ¡Diablos! ¿qué estaba haciendo? Sí, estoy caminando como una estúpida, sin siquiera sacarme la chaqueta y sentándome frente a él para comer ¿Desde cuándo era tan sumisa yo? —¿Y tú café?— «Bien Savannah, dale cuerda para que siga aquí, dios eres exasperante ». —Ah, yo ya tomé desayuno con un amigo y justo nos citamos en esa cafetería y me dije ¿James por qué no aprovechas de llevarle algo a Savannah ya que vas al hospital? Y aquí me tienes. —Un sábado a las nueve treinta de la mañana. —El tiempo es oro y luego de pasar a verte iré a ver a Jex, necesito saber cuándo lo darán de alta, Daniela nos tiene un tanto complicados con su estado de ánimo tan cambiante. —Ya veo— bebo de mi café, que como siempre, está delicioso y trato de entablar una conversación con el niño bonito, se ve tan bien con ese suéter blanco, que marca cada parte de ese cuerpecito que dios le dio— Ah, está caliente. —¿Te quemaste?—se acerca a mí, preocupado y toma mi cara, mis ojos se expanden cuando empieza a soplar sobre mi boca y mierda, estoy a punto de tener un orgasmo con solo ese gesto. —Ya, James. Estoy bien—digo para salir del trance, pero me cuesta—, puedes soltarme. Fue solo el café y ya pasó. —¡Qué bueno! tienes unos lindos ojos, Savannah. —Gra… Gracias. —¿Qué harás el día hoy? —Tengo varios pacientes y en la noche una cita. —¿Con el mismo de anoche? —¿Qué? —Si tienes una cita con el mismo de anoche— dice, marcando más su agarre en mi cara. —¿Cómo supiste? —El hecho de que no me hayas visto no quiere decir que no esté al pendiente de ti. Sus ojos, mierda que lindos son, están tan oscuros como si el mar se estuviera arremolinando en su interior y me tienen paralizada, ¿Qué le digo? Tomo sus muñecas y él hace una mueca de dolor, pero no desiste en su agarre. —James, creo que te estás pasando de la raya, entiendo que te hayas preocupado por mi por lo que sucedió con Jex, pero estoy bien, ya ves que no me ha pasado nada. —No has respondido a mi pregunta. —Y no lo tengo porqué hacer, no somos amigos ni nada por el estilo— su cara hace una mueca de desagrado, pero eso era cierto ¿no? —No, pero puedo serlo y de verdad que me gustaría, Savannah — mi nombre salir de sus labios me provoca verdaderamente un corrientazo en todo el cuerpo, díganme loca, calenturienta, o no se qué, pero en esta posición quiero algo más y lo consigo. Cambio mis manos de posición y tomo su cara de la misma forma que lo ha hecho él y sin más, lo beso. Es un beso tierno y suave, que lo descoloca, sus manos sueltan mi cara y de la nada está apoyando sus brazos en mi silla para darme acceso a su boca, adentro mi lengua y siento que todo es tan delicado y demasiado nuevo para mí, pero la burbuja explota cuando Esperanza golpea a la puerta y me avisa que mi primer paciente ya ha llegado. El se separa instintivamente de mí y nuestras respiraciones tratan de volver a la normalidad. —Creo que debo irme ¿no? —Creo que sí. —Savannah. —Mmm… —No vayas con él— lo dice y siento su dolor en esas palabras. —Lo siento, niño bonito, soy una mujer de palabra. —¿Y no puedo ser él?—dice, con un dejo de esperanza en sus palabras, pues no me mira—. No me lo digas ahora, solo piénsalo. Sin nada más que decir, sale de mi consulta y me deja con esa pregunta dando vuelta. ¿Podría ser solo él? ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2410107717945
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR