En una encrucijada.
¿Cómo es que estoy con la cara de idiota en estos momentos?
Me acabo de ir de la consulta de Moritas y siento que voy flotando en una nube de algodón de azúcar. Tocó mis labios por enésima vez y el calor que siento en ellos es tan, tan, pero tan placentero que prometo no lavarme la cara nunca más.
Sé que me arriegué con lo que dije, pero mierda, ella era un acertijo que me traía loco, quería verla, protegerla y quizás, solo quizás algo más.
Escucho voces a mi alrededor, pero estoy tan metido en mis pensamientos que no las tomo en cuenta y sigo parado como bobo en el pasillo del hospital ¿A qué venía? Ah, sí a ver a Jex y mí Moritas.
—¿Y a éste qué le pasa?
—No tengo la menor idea, ¿James? ¡Oye James!—Val me toma del brazo y ahí es que caigo en cuenta que son ellos los que hablan.
—Hola, chicos.
—Hola, idiota. Parece que algo bueno te pasó porque la cara de imbécil no te la quita nadie.
—¡Bruno! Ya bájale a tus aires de metiche profesional y mira que estoy igual que tú por saber por qué el niño bonito parece un idiota.
—No me pasa nada y dejen de decirme niño bonito, no me gusta— lo digo pero ni yo me lo creo.
—Y yo nací ayer, a ver dime, estabas con Vannah ¿no?— me pregunta Bruno, sin pelos en la lengua y me quedo de una pieza.
—¿Y cómo lo supiste?— pregunto preocupado ¿Será que nos vieron besarnos?
—Obvio que sé, si serás idiota, acabamos de verte salir de su consulta con esa cara que si no fuera por lo que conozco a Vannah diría que era de recién follado.
—¿Qué? ¡No! Solo nos dimos un beso, o más bien ella me besó.
—Págame, Val, este tipo realmente es más fácil de interrogar que todos los aquí presentes— Mierda, me había delatado solito.
—Dios santo, entre tanta apuesta voy a quedar en la banca rota, pero será mejor que vayamos los tres a tomar un café, necesito detalles.
—¡No! No les pienso decir nada.
—¿Ah? Eso si que no, señor. Usted no se mueve de este hospital hasta que nos diga absolutamente todo lo que está pasando entre ustedes dos.
—Venga señorito, que ya se quemó, a propósito ¿Por qué tan abrigado?
—Oye, tienes razón, las mañanas están frías pero no para estar así de abrigado.
—No es nada del otro mundo —piensa, James, piensa— es solo que el cambio de temperatura me tiene un poco congestionado.
—Ah… y yo que pensé que Dublín era más helado que acá, pero bueno. Vamos a la cafetería, llegaron unos muffins que me encantan y quiero probarlos.
—Bruno, cada día me sorprendo contigo, no sé de dónde sacas tanto estómago para comer tanto.
—Es que extraño la comida de Gia.
—¿Han sabido algo de ellos?— pregunto para ver si puedo escapar del interrogatorio.
—Sip, están solucionando algunos problemas que quedaron tras la muerte del padre de Gia, pero pronto regresaran.
—Que bueno y Jex ¿Cuándo lo darán de alta?
—En dos días, estoy jugando un poquito con él antes de soltarlo.
—¡Bruno!— gritamos ambos con Val, es que este si que se pasaba de malvado.
—Déjenme ser y no se pongan así de zalameros, era necesario para que ese idiota y la hermanita Ángeles se reconciliaran ¿no?
—Puede que tengas razón, pero también es injusto con mi prima que ya debe tener a todo el mundo con la cabeza hirviendo de lo insoportable que está. Es que si la vieran, no sé como Thomas la soporta.
—Yo más bien creo que es un engendro el que hay por ahí metido, algo así como un poltergeist el que tiene metido en su vientre, se los aseguro.
—¿Tú crees que está embarazada?—Val revira los ojos y yo estoy en shock.
—No creo, estoy seguro. Pero deberemos esperar a ver que pasa. Ahora, vamos por mi comida.
Fuimos a la cafetería y nos sentamos a comer los mentados muffins que quería Bruno, aunque debo decir que no están tan malos, no son lo mismo que esos ricos eclair de la cafetería que le gusta a Savannah, ¿será que la invito uno de estos días?
—Recuerden que mañana hay barbacoa en casa, seremos menos, pero si no la hacemos mamá andará peor que Dani.
—Pues yo no me la pierdo por nada del mundo, espero que ustedes tampoco.
—Tranquilos, estoy seguro que papá no nos dejará faltar, desde hace mucho que no hacíamos algo como familia y esto le ha renovado los ánimos.
—Al igual que la hermana Ángeles —dice Bruno mordiendo su muffin.
—Es que se ha tomado muy a pecho lo de trabajar en el orfanato y le ha tomado cariño a Jex.
—Sí y también a la hermana, han visto que la trae todos los días para que ella esté un rato con ese idiota.
—Sí, es muy tierno de su parte.
—¿Qué mi papá qué?
—¿No lo sabías?— me pregunta Val y yo niego, la verdad es que he estado tan preocupado por otras cosas que no he visto mucho a papá.
—No tenía idea.
—Pues entérate, tu padre ha venido, al igual que tú todos estos días trayendo a la hermanita Ángeles para que vea a Jex, aunque sea desde la puerta.
—Espero y esos dos se arreglen, me apena todo lo que pasó la hermana Ángeles y de verdad que la entiendo, cuando uno es madre es capaz de hacer todo por sus hijos—dice Val y aunque no tenga hijos, la entiendo.
—Dímelo a mí, recuerda todo lo que hizo Hanna por culpa de mi estupidez. Y no me digas nada Val, es por esa misma razón por la que he demorado el alta de Jex, no quiero que él pase por lo mismo y luego se arrepienta, Mi Hanny es lo más preciado en el mundo y ella se parece mucho a él en estos momentos.
—Salvo porque si no fuera por Hanny y su estado de salud jamás lo habríamos sabido.
—No entiendo nada.
—Déjame explicarte.
Y ahí, conozco la historia de Bruno y su familia, y debo decir que quedé impresionado, no podía imaginarme saber que tengo un hijo después de ocho años y para peor que su salud pendiera de un hilo. Yo decía entender a la hermana Ángeles, por supuesto que sí, pero esto era de locos.
¿ Qué pasaba alrededor de los Scott que todo era una maraña de intrigas y errores que los tenían siempre metidos en problemas? Eran como un imán de los dramas coreanos, cuando le cuente a Christian se le caerá la cara, pero también deberé hablar con papá, esto de que esté tan apegado a la hermana Ángeles no es nada bueno.
Después de esta reveladora conversación, me despedí de los chicos y fui rumbo al centro comercial. Compré ropa cómoda y oscura para cambiarme y en la noche encontrarme con mi diosa de fuego.
Me fui a mi oficina, como era fin de semana, no había nadie en el lugar. Los Scott tenían la misma premisa que nosotros, dejaban el fin de semana para descansar y pasarlo en familia, por lo que pude trabajar tranquilo en el proyecto que presentaremos para postular a la licitación para la alcaldía.
A las ocho de la noche comencé a ordenar mis cosas y me cambié la ropa, si bien estaba ansioso con lo que pasaría hoy, no me mataba. Ese beso que me había dado Savannah aún me tenía en las nubes y quería repetir, ella era una chica normal, con nombre y apellido y puede ser que eso también me atraiga más que este contrato con Queen, con ella no espero nada más que aprender, ya me di cuenta que soy solo su juguete nuevo, algo que acabará cuando termine el contrato y aunque me dolía en mi orgullo de hombre tampoco era ciego, Queen era un reto y Savannah era algo tangible. Me sentía en una verdadera encrucijada, no sabía si lo que quería era solo disfrutar o adentrarme en algo más serio. Tampoco podía ser tan estúpido para pensar que estaba enamorado, pero como nunca lo había estado no sabía determinar las variables y creo que todo eso me fastidiaba.
Llegué al club, con tiempo demás para colocarme el antifaz y dejar mis cosas en el auto, como dijo Russell, de la puerta para adentro dejaba de ser una persona libre y le pertenecía a ella… a Queen.
El guardia de la entrada hoy me saluda con una sonrisa ladina y no me pregunta nada, eso debe ser porque ya sabe de quién soy objeto, entro al lugar y esas imágenes, que al principio me sonaban grotescas y hasta vomitivas, ahora más parecen un juego de niños, ¡Si hasta me dejé ahorcar! ¿Qué tendría para hoy Queen para mí? Pues ya sabía que lo que habíamos hecho estaba dentro del Bondage, puede que hoy quiera dominar de otra forma ¿no? Me dirijo a la habitación, sin siquiera preocuparme de nadie y abro la puerta.
—¡Dios santo! —exclamé al ver la maravilla que esa mujer me tenia preparada, su cuerpo completamente desnudo en el centro de la cama, pero la rabia me inundó al verla siendo besada y tocada por otro ser humano. Su mirada va hacia mí y noto la llamarada de fuego que hay en ella, en cambio yo me he quedado de pie sin hacer absolutamente nada, cuando veo que la chica que antes besaba sus labios baja por su cuello hasta llegar a sus pechos, ¡Mierda! Mi m*****o palpita y las ganas de ser yo quien lo haga me ganan, camino a paso rápido y quito a esa basura de encima de ella, mi diosa de fuego se sorprende, pero creo que más al lanzar el grito de rabia que tenia atragantado— ¡FUERA, LARGO DE AQUÍ!
La chica, mira de mí a Queen y estoy seguro que está esperando a que ella le diga algo, sé quién es, es una de las sumisas de Russell, pero no entiendo qué es lo que quiere Queen en este momento. Hasta que habla…
—Luz, puedes irte, te llamo más tarde—¿Más tarde? ¿Qué quería decir con eso? ¿No se iba después de dejarme aquí en esta habitación? La chica me da una sonrisa seductora y sale, cerrando la puerta despacio y aunque no puedo ver el ceño fruncido de Queen, lo puedo notar por como coloca sus labios y ya estoy esperando su discurso, pero ella no hace nada, se levanta y toma la copa de champagne y me mira de pies a cabeza— Desnúdate.
—¿Qué?
—Desnúdate, no lo volveré a repetir, angelito. Me dejaste con las ganas de un buen oral, así que ahora tienes que pagar.
------------------------------
Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing
Todos los derechos reservados.
Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2410107717945