Capítulo 25

1667 Palabras
Un error en la ecuación. ¿De qué mierda me estaba hablando? ¿Esta mina estaba realmente loca no? —Si era para eso, mejor no hubiera venido, un oral te lo hace cualquiera por lo que veo— digo en tono molesto, porque eso era lo que estaba en este momento. —Así que por fin sacaste tus garras, angelito. —¿Qué? ¿ De qué hablas? —Desnúdate primero y ya te lo explico. —No entiedo para qué me voy a desnudar— ella me mira y frunce sus labios, está jugando con mi paciencia, pero no sabe con quién se metió—Si, mi ama. No puedo creer que esta mujer me haga desnudar solo para darme una puta respuesta ¿Quién se cree que es? «Tu puta dueña por tres meses, como lo quisiste ¿Se te olvida?» No, no se me olvida, es solo que no me acostumbro a todo esto. Comienzo a desnudarme frente a ella, en un acto mecánico, casi por compromiso, estoy tan molesto y ofuscado con lo que ví que tengo ganas de darme la vuelta y mandar todo a la mierda. —Termina de refunfuñar, angelito, hoy lo que tengo preparado para ti es muy entretenido, por lo menos para mí—sonríe de medio lado y sigue con su discurso, uno que me sabe insulso y hasta denigrante—. Veo que no te gusta compartir, pero a mí sí, aunque por hoy no lo haremos ya sabes que en algún momento te tocará y estoy segura que te va a gustar. Por ahora, te seguiré disfrutando, pero como te decía, lo que te tengo preparado te va a encantar. —¿No me vas a amarrar o esposar? —digo con mofa, yo también puedo ser cruel como ella, pero su respuesta, casi dulzona me molesta aún más. —No, hoy haremos algo distinto. Se acercó hacia su armario y comenzó a sacar sus malditos juguetes sexuales, estaba cabreado y todo lo que en ese momento me decía me molestaba, pero cuando sacó los dildos mis alarmas se activaron ¡Ni loco dejo que me los meta! » No son para ti , angelito, no te preocupes— es como si intuyera lo que pensaba y vuelve a sonreir con esa cara de nada—, aún no te quitaré esa virginidad. Ahora que estamos en igualdad de condiciones — indica de ella hacia mí, había empezado a sudar frío de solo pensar en uno de ellos en mi, ¡Dios, no!—. Hoy aprenderás que no todo es sumisión y dominación. Dice en forma calma y mirándome fijamente, con eso sella sus palabras y se sienta a esperar calmada que me termine de desnudar. Comienza a jugar con unos borlones y me mira divertida, pero aún no responde a mi pregunta. Saco mi pantalón y mis zapatos y me quedo en boxer y calcetines. —Listo, ¿/ahora me responderás? —Dije desnúdate, completo angelito, como dios te trajo al mundo. Suelto nuevamente un bufido y de verdad que quiero mandar todo al carajo, pero cuando la veo colocar ese pequeño borlón en su pezón, este idiota de abajo reacciona como por arte de magia. Su sonrisa burlona me ofusca, pero escuchar sus gemidos me prenden. Termino de sacar mis calcetines y me paro frente a ella, como lo quería, se muerde el labio inferior y me indica que me acerque. —No te voy a comer, angelito. Hoy tendrás el placer de ser tú el que comas todo esto que ves. —¿Es el festín por haberme sacado de mis casillas? —Puede ser, o más bien quiero probar de lo que eres capaz. Camino lento, sigo molesto y caliente a la vez, porque si me está provocando para que termine con ella está muy equivocada. Lo pensé, sí, pero hay algo dentro de mí que quiere probar más, quiero disfrutar de su cuerpo, hasta que realmente me aburra y se termine el contrato, puedo ser tanto o más persistente que ella, tozudo y masoquista, ya me estoy definiendo, pero también quiero dominar ese fuego que hay dentro de ella a como de lugar. Perdóname, Savannah. Creo que por hoy no habrá un corte con Queen, además fuiste capaz de salir con ese tipo y no importarte mi opinión. No somos nada, aunque a la vez puede que seamos mucho, en cambio con Queen somos esto, una dominatriz y su sumiso, por contrato, es lo que tengo ahora y lo voy a disfrutar. Mi cuerpo está frente a ella, mi m*****o late como un demonio que tiene vida propia y la necesidad de que ella responda mis respuestas puede más. Ahora estaba entendiendo a Russell, siento que al cerrar esa puerta tras de mi dejo de ser yo mismo, dejo de tener ese libre albedrío que profeso, dejo de ser ese James, dueño del mundo, para convertirme en un cuerpo dispuesto a dar y recibir placer. —Buen chico, ahora arrodíllate y cumple con tu labor. Me abre sus piernas y deja ver su coño rosa, húmedo y goteando, como un idiota hipnotizado me arrodillo ante ella y cuando estoy a punto de tocarla toma uno de esos juguetes y comienza a darse placer. Mis ojos se expanden, al verla disfrutar de su autocomplacencia y nuevamente vuelve la rabia a mi sistema, tomo su mano y la alejo del juguete y como un vil idiota comienzo a hacer lo mismo que ella estaba haciendo. ¡Le estoy dando placer con su dildo! Dios a lo que he llegado por aprender de ella. Sus gemidos son el placer más grande en este momento para este sumiso, lo muevo de dentro hacia afuera y me atrevo a más acerco mi boca hasta sus pliegues y juego con mi lengua en su clítoris, su sabor es salado y no me desagrada, sigo atacando como un animal hambriento y con mi mano libre subo hasta sus pechos, quito el borlón de uno y comienzo a pellizcar, lo suficiente para que su areola se levante y esté tensa y dura, suelto mi nuevo juguete y subo hasta su cuello y lo agarro fuerte, tan fuerte como lo hizo ella conmigo y esas benditas cintas el día de ayer. —¡Más fuerte!— su orden sale como un grito ahogado y me prende más, mi cara esta sumida junto al dildo debido a que ella sostiene mi cabeza, casi dejándome sin respirar, pero no doy tregua, lamo, chupo y muerdo, eso era lo que quería que disfrutara, pues lo estoy haciendo. Siento como su cuerpo vibra y convulsiona, sé que está llegando, muerdo su clítoris con furia y su grito llena toda la habitación, mientras su cuerpo se contrae y trata de alejarme de ella, pero no estoy dispuesto a hacerlo, no ahora que me ha dado este pequeño poder. Con un poco de maldad, saco el dildo de su cuerpo y un quejido de molestia sale de sus labios, a penas y abre los ojos, así que con sumo cuidado la levanto y la muevo al centro de la cama y sin esperar a que me diga algo la penetro hasta el fondo y mierda, se siente tan bien, es como si estuviera en el puto cielo, nuestros cuerpos chocan en un vaivén sin cesar, sus gritos son ahogados por mi mano, no la beso, no se lo merece, su mascota está haciendo lo que ella le pidió, pero solo la bestia es la que está actuando, si la beso caeré en su encanto y no lo deseo, deseo cumplir su deseo cualquiera que sea porque es tan complicada como yo y tan cerrada que me hace odiarla y a la vez necesitar de estos pocos minutos que me da de su tiempo. Arremeto como el animal en el que ha convertido y cuando su cuerpo nuevamente explota el mío la sigue en un orgasmo poderoso y avasallador, la miro a los ojos y entre medio de ese antifaz hay cierto rasgo de lástima, una que no me permito seguir mirando, no más por hoy. Me levanto como si nada y comienzo a vestirme. —¿Qué, qué haces?— dice con su respiración entrecortada y con eso me animo a darle la cara. —Me voy, antes que hagas lo mismo de siempre, esta vez la mascota ya cumplió tu deseo y se retira, le enviaré mis consultas a Russell y tu veras como o si quieres responderlas. —Tú no te puedes ir, el contrato dice... —Dice claramente en su clausula séptima En todos estos casos, las partes establecen por supuesto estas prácticas de forma voluntaria, basadas en la confianza, que no pueden ir más allá de los límites establecidos por la persona que recibe el dolor y pudiendo ser detenidas en cualquier momento. Y mi voluntad ya ha cedido por hoy. Que tengas una buena noche Queen. Gracias por el momento. Tomo mi chaqueta y sin mirar atrás, como ella lo ha hecho, salgo de ahí. En toda mi vida nunca me había sentido tan humillado, esa es la palabra que más se asemeja a lo que siento. Mi mundo gira en torno a los números y los cálculos, soy absolutamente minucioso, frío y calculador, pero en este lugar no soy nadie, soy un error en la ecuación, una en la que Queen y, ahora, Savannah Lewis son mis variables. Escucho que me llama, pero no me importa, ya salí de esa habitación, con esto vuelvo a ser yo mismo, el ser controlado y controlador. A lo lejos veo que la tal Luz corre en contra de mi dirección, que la disfrute, yo ya lo hice. Si Queen creía que estaba mostrando mis garras, pues esto es solo el comienzo, ya verá de lo que soy capaz. ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2410107717945
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR