Capítulo 26

1546 Palabras
¿Qué diablos? —¡Ah, más! — esa frase había salido de mi boca cuando lo tuve sobre mí, con su cuerpo adentrándose en el mío como si le perteneciera, como si fuera suya y el fuera mío. Pero mi burbuja se rompió al estallar nuestros cuerpos en un orgasmos sublime, uno que quedó a medias para cuando el líquido blanquecino escurría entre mis piernas y su cara de dolor, que traspasaba el antifaz, me corroía. Él me había usado, como yo lo hice con él, bajo mi consentimiento y sin ninguna aprehensión lo dejé entrar en mí y poseerme. Quería saber hasta donde llegaba, cuan sumiso podría ser o si realmente era un lobo en piel de oveja y la realidad me dio una bofetada peor que las que le había dado a él. —¡Ángel! ¡Angelito, vuelve aquí! ¡Maldita sea, maldito ángel, malditos todos! —¡Queen, para por favor para! No podía parar, ese maldito se había aprovechado del poquito de libertad que le había dado y ¡había acabado dentro de mí! —¡Qué mierda! Luz, tráelo de vuelta, lo necesito aquí, dile que vuelva o te juro que acabo con todo este maldito local ¡Tráelo! —Queen, basta, para de una vez— siento las manos y la voz de Russell que se cuela por mis oídos, pero no veo ni escucho nada, no siento nada, no creo en nada, ese maldito, juro que me las va a pagar. —Suéltame, Russell y ordénale que vuelva, dile que si no vuelve yo… yo… —¡Para, Savannah! tú eres la psiquiatra, abre los ojos y despierta, por favor, Amiga—si agarre es más fuerte y comienzo a sentir dolor, un dolor que sale de mi pecho y no me está dejando respirar—. No te tortures más, él volverá, lo sabes, él cumplirá, pero por hoy déjalo ir, te pasaste de la raya, Vannah, escúchame y vuelve a mí, él no es Daria, por favor, vuelve. Mi respiración comenzó a bajar en intensidad, mis manos temblaban y sentía el sudor y su aroma en mi cuerpo, como puedo me suelto del agarre de mi amigo y corro al baño, los aromas me recuerdan a ella y al día en que la perdí, él me recuerda a ella y por eso me estaba aferrando. Mi cerebro explota con esa pequeña idea que ha estado dando vueltas en mi cabeza desde que lo conocí. Él era como ella y podría asegurar que si se hubieran conocido serían buenos amigos, y quizás, solo quizás yo no estaría en su ecuación. Pero hay algo que me mata y es su olor, ese que siento en cada parte de mi ser en estos momentos, que me transforma en un ser nauseabundo y vomitivo. Lo odio, pero más me odio a mi misma por haberle soltado las riendas y dejarme llevar por él y ¿qué hizo? Se comportó como la bestia que es, se le olvidó el contrato, pero luego lo utilizó como su mejor arma en contra de mí. Mierda, se parecía tanto a ella... Este hombre, estaba transformándose en mi perdición, como lo fue ella en algún momento y necesitaba volver a mi control o sino caería en un pozo sin fondo, como aquella vez. Sentía el agua caer por mi cuerpo y las palabras de cariño y apoyo que me daba Russell en el lugar, me sentía como una de mis marionetas, era un cuerpo sin alma y sin vida, la misma que murió cuando ella desapareció… Al despertar, no me encontraba ni en el club ni en mi casa, estaba en la habitación de Nidia, la hija mayor de Russell y Helena, lo sabía porque los posters de los artistas coreanos de moda la adornaban y la pijama de rayas que me cubre debe ser de su madre, pues Helena tiene un parecido en figura, aunque es más alta que yo. Me levanto, absolutamente desganada, sintiendo como si una aplanadora hubiera pasado sobre mí y ahí es que caigo en cuenta de lo que pasó anoche, por primera vez en muchos años cedí el control de la relación Dominador/sumiso y salí trasquilada, Ese angelito había hecho y desecho con mi cuerpo y luego se fue, sin más, solo se fue. Entro al baño y hago mis necesidades, cepillo mis dientes con el que me dejaron junto a la pasta y sin abrir, sé que anoche colapsé, de una manera ni en que yo misma me entiendo, mierda, soy psiquiatra y no puedo controlar mis propias emociones ¿qué me estaba pasando? Esta que estaba frente a mí no era yo y no me gustaba lo que estaba viendo. Salí de la habitación y, efectivamente, estaba en la casa de Russell, bajé con cuidado de no despertar a nadie, pues era domingo y a penas salía el sol por el oriente. —Me imaginé que despertarías temprano— dice la voz de mi amigo y yo he dado un brinco tan alto como esos gatos de las caricaturas y casi, solo casi quedé pegada en el techo. —¡Russell, me asustaste! — Algo malo habrás hecho en tu otra vida para vivir así de asustadiza Vannah, ten toma— me entrega una cajita y un vaso de agua— me imagino que no lo usaron, pues no encontraron nada en lo que quedó de la habitación y aunque eres doctora, será mejor prevenir que lamentar. —Gracias y perdón. —Ni perdón, ni olvido, Vannah, destruiste la habitación dorada y casi matas a Luz. —¿De qué hablas? —¿No recuerdas nada? —me pregunta dudoso y mirándome con sus ojos negros como la noche, sin entender nada. —Recuerdo haber sido poseída por él y la discusión que armamos o más bien que armé después de que salió ¡Oh, dios, Russell! ¡¿Qué mierda hice?! —Salvo algunos destrozos y el susto que pasó Luz, nada más y no te preocupes, ella está bien, no le pasó nada, la que me preocupa eres tú amiga. Tú eres la profesional, pero no fuiste capaz de controlarte, ¿Qué diablos te pasa con Ja… con ese angelito? —No sé, esa es la verdad, ayer iba dispuesta a enseñarle que conmigo no iba a lograr nada más que sexo, pero me descontroló desde que echó a Luz de la habitación y nada, solo sé que me olvidé de todo cuando me tocó e hizo y deshizo conmigo. —Vannah, dime la verdad ¿el tipo te gusta? Es eso ¿no? y no sabes controlarlo. —No lo sé, Russell, él se parece tanto a Daría que siento que por eso me acerqué a él y me odio por eso porque ella no es reemplazable, por dios era mi hermana ¿Cómo puedo fijarme en alguien que se parece a mi hermana? —Chiquita— estoy echa una maraña de sentimientos contradictorios ¿Qué mierda estaba pasando conmigo? Russell intenta calmarme y vuelve a esas mismas palabras que yo le he dado en cada una de sus terapias, ese loco al final había aprendido a dominar a su demonio interno y me estaba dando una lección de vida, una que más pronto que tarde agradecería en el alma. Me despedí de mi amigo y con la promesa de que pensaría las cosas antes de volver a citar a ese ángel caído, me fui hasta mi departamento. Tenía mucho que digerir y que pensar, esta era la primera oportunidad en que mi sumiso me hacia recordar a mi hermana y no podía, era demasiado doloroso. —Siri, necesito a Toquinho en estos momentos. —Comienzo a reproducir La voglia, la pazzia, l'incoscienza, l'allegria. Y me vuelo, en ese mundo que está a la vuelta de la esquina, pero al que no quiero regresar, a mi vida feliz y sin contratiempos, a lo que una vez quise ser y no pude hacerlo. A la desaparición de mi hermana y la muerte de mi padre. —Savannah, hemos llegado. No sé en qué minuto, ni como mi auto estaba estacionado frente a la casa de los Scott, suspiro y trato de salir de ahí, no quiero que me vean así, pero la bocina del auto detrás de mí me deja sin palabras. —¡Vannah! — la vocecita de esa chiquilla que al igual que ese ángel caído se parecía tanto a mi hermana me termina de sacar del auto, ya estoy aquí ¡qué más da! —Hola Dani, ¿cómo te has sentido? —Bien ¿y tú? Te ves como la mierda ¿no te dejaron dormir? —Algo así —respondo en automático—, Señor O´Connor, Christian, James. Es un gusto verlos. —Lo mismo digo, Savannah. James me mira, pero no dice nada, debe ser que aún cree que salí con mi cita, lo que no es mentira, pero lo que no sabe es que en algún momento antes de todo lo que sucedió soñé y quise que fuera él, como me lo preguntó. Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2410107717945
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR