Un café.
Entro a la casa de los Scott sin siquiera saludarla, siento que después de lo que pasé anoche con Queen sería un iluso al acercarme a ella, pero se ve tan frágil, es como si algo le hubiera sucedido en su cita de ayer y ganas no me faltan de acercarme a ella y preguntarle, pero me contengo, ella lo dijo no somos nada y aunque le di tiempo para que me respondiera era lo suficientemente bastardo para querer alejarla de mi hasta que terminara el maldito contrato con Queen, por que de verdad que era un masoquista, quería seguir solo por no darle el gusto de que se deshiciera de mí, nada más.
Hace una hora le envié un correo a el Cuervo, o sea a mi amigo Russell, ahí estampaba todas mis inquietudes y, respetando las normas del contrato, me valí de eso para enviar una serie de cuestionamientos y solicitudes a Queen, como lo dije, si ella quería guerra, guerra tendría.
Mi prima andaba de lo más simpática el día de hoy y juro que parecía una niña chiquita hablando con todo el mundo y saltando como una abejita de flor en flor, sin siquiera recordaba que tenía un marido en el hospital al cual le había dado un ultimátum, creo que deberé de aprender de ella, pues cada cierto rato fijo mi miraea en Moritas y díganme pitoniso, brujo o gurú, pero algo le pasaba. Esa risa que la caracteriza ya no está y sus ojos parecen apagados y sin vida.
—Deja de mirarla tanto que la vas a gastar.
—Tu deja de meterte en lo que no importa, hermanito, ya te lo advertí, no necesito de tus buenas intenciones.
—La verdad es que cada día eres más una plasta humana, por lo menos antes era más entretenido discutir contigo, pero ahora de verdad que estás insoportable.
—¿Qué les pasa a ustedes dos? Desde que llegaron están con cara de idiotas.
—Val, realmente eres igual de insoportable que tu marido y Bruno juntos, ¿Será por que han estado tanto tiempo los tres?
—Deja en paz a mi amiga querida, Niño bonito, ella es un encanto de mujer..
—Y tú, como siempre, metiéndote en donde nadie te ha llamado.
—¿Te fue mal en tu reunión?
—¿Qué reunión?— Mierda, verdad que le dije a ellos que tenía una reunión y ahora ¿Qué invento?
—Me reuní con Russell para ver los materiales para la reconstrucción del orfanato, necesitamos abaratar costos si nuestro padre quiere asumir el gasto.
—¿Y desde cuándo abaratamos costos, hermanito?
—Desde siempre, que tu vayas a la oficina ha ser una planta más no es mi problema, veo que no notas la cantidad de trabajo que estamos tomando y cómo lo estamos llevando, sería bueno que en vez de pelear tanto con Rocío te dedicaras realmente a lo que sabes hacer.
—No hablemos de trabajo, por favor— nos dice Bruno y me quedo callado, lo que quería era justificarme y, al final, estaba atacando a Chris.
—A propósito de no trabajo, Bruno ¿Sabes que le pasa a Vannah? Hoy está realmente rara.
—Ni idea, a penas y saludó, después de eso se instaló con Blue y de ahí con suerte me ha dicho dos o tres palabras.
—¿Será que su cita no salió bien?—Sí, ese era yo el que elucubraba.
—Puede ser, además este es el primer saliente que le conocemos a Vannah desde que llegó.
—¿Lo conoces?
—No como tal, pero es primera vez que la vemos tan entusiasmada con un tipo por lo que pesamos que sería en serio esta vez.
—Con Vannah, nada es serio mi querido Bruno, ella es un espíritu libre y…
—Y ya deja de hablar de mí, Val.
—Amiga, no pienses mal, es que te notamos rara y pues ya sabes.
—Bruno y tú tienen un doctorado en meterse en lo que no les importa.
—Ay dios mío, si hasta habla igual que este idiota.
—Christian—bufo molesto y Savannah le sonríe un tanto incómoda.
—Pues no me pasa nada, solo estoy cansada y me quiero ir a casa, necesito dormir.
—Si quieres te llevo— ¿Y a ti que te dio, James?— . Digo, si no te molesta, veo que realmente estas cansada y puede ser perjudicial manejar en estas condiciones.
—Por eso no hay problema, mi bebé me puede llevar tranquilamente.
—¿Qué?— preguntamos con mi hermano y ambos nos miramos con cara de idiota después de la pregunta.
—Mi bebé— ella se encogió de hombros y comenzó a despedirse, para luego alejarse de nosotros.
—¿Será que tiene chofer?
—Idiota, si la vimos bajarse, ¡mierda! Tiene un Tesla.
—Eso mismo, Vannah ama a su bebé y logró que su auto fuera personalizado a su gusto, es su joyita.
—Pero no se maneja solo, no lal dejaré irse así, si me disculpan.
—Vete ya, don Juan Tenorio, a ver si a ti te hace un poco de caso.
Salgo corriendo tras de ella y la alcanzo cuando la puerta del piloto se está levantando.
—Déjame conducir, no estás en condiciones y lo sabes.
—Eres una verdadera molestia, James O’Connor.
—Una que se preocupa por su futura amiga— la tomo de los hombros y la llevo al lado del copiloto, ella toca la puerta y esta se abre, la obligo a subir y ella me enarca una de sus cejas, pero se dejs llevar, cuando está instalada me muevo y subo al lado del piloto.
—Siri, rumbo a casa— dice y sin más coloca su huella en el botón de partida.
—A casa, Vannah.
Me quedo impresionado, el auto se enciende y como si nada me ajusta el cinturón de seguridad, tomo el volante y literalmente dejo que el vehículo me guíe, mientras ella cierra sus hermosos ojos y se reclina.
Voy manejando, o mas bien dejándome llevar por esta maravilla de auto por la carretera, en los parlantes se escucha a Vinicius de Morais y la respiración calma de Savannah. Al llegar a un semáforo, me volteo a verla y noto que en su cuello hay unas marcas rojas, juraría ver que son marcas de dedos y eso me molesta, o sea ¿el tipo la maltrató?
Como un acto, absolutamente involuntario, acerco mi mano a su cara y la acaricio como si fuera una preciosa figura de cristal, ella no se inmuta y sólo sonríe. Debe estar tan cansada que sentir mi mano no influye en nada. La luz da el verde y en menos de treinta minutos estamos en un complejo de departamentos bastante acogedor.
—Hemos llegado, Savannah.
—Gracias Siri — dice estirándose como gato en un sofá, se limpia los ojos y luego me mira frunciendo el ceño — Te dije que mi bebé podría traerme a casa, eres bastante molesto, James.
—Fue solo para cuidarte, no puedes confiar en una máquina al cien porciento.
—Lo dice un arquitecto que vive de ellas.
—Pero todas están operadas por humanos, aún no me confío en la inteligencia Artificial.
—Mira tú, es bueno saberlo, Siri las puertas por favor— se suelta su cinturón de seguridad y sale del auto, pero algo la detiene y se acerca al marco del copiloto—Es necesario que te bajes, sino te quedarás encerrado.
—Lo siento, mi falta— bajo del auto y me quedo viéndola de reojo, ya cumplí y creo que mejor será que me vaya, busco mi teléfono, pero—¡Maldición!
—¿Qué pasa?
—Debí dejar mi teléfono en la mesa en donde estabamos sentados.
—Ya ¿Y?
—Necesito llamar a un Uber, no sé cómo llegar desde aquí a mi casa.
—¿Te parece que por tu amabilidad te invite un café?— mis ojos se expanden y mis latidos se aceleran, contento como perro con su hueso me acerco a ella y solo le digo…
—Acepto.
Ingresamos al edificio y nuevamente veo que todo es con tecnología de punta, me gusta la arquitectura del lugar, pues a pesar que se nota que es lo bastante nuevo y tecnológico, han combinado bien las estructuras, dándole un toque acogedor.
—Veo que te gusta lo ves— dice esbozando esa risita que había extrañado.
—Pues sí, el edificio es bastante innovador, pero mantiene rasgos clásicos que lo hacen ver precioso, algún día me gustaría construir algo así.
—Este edificio es completamente ecológico, pero me imagino que lo habías notado. Sus cimientos son de los años sesenta lo que hizo el arquitecto fue reorganizar todo y darle una nueva vida.
—Veo que te interesa — digo cuando me hace pasar a su departamento, está en el primer piso lo que le da un ambiente un poco más oscuro. La veo que deja sus cosas tiradas por todos lados y ahí noto mejor todo, es un verdadero desorden.
Camino detrás de ella y me indica que me siente en la sala, mientras ella camina hasta la cocina, su celular suena y su cara no es de las mejores, pero contesta. Debe ser el tipo con el que salió.
—Hola, cariño… Sí, estoy bien, ya llegué a casa— frunce el ceño y continúa después de terminar de escuchar lo que el tipejo le está dicendo—. Esta bien, lo leeré y te haré mis comentarios. Saludos a tu mujer y a los diablillos.
—¿Todo bien?— pregunto, pues sigue mirando el aparato, ese “cariño” debe ser muy importante para ella.
—Sí, claro. Solo debo contestar un correo que me envió uno de mis pacientes.
—Ya veo.
—¡Está listo el café!— dice de la nada y sirve dos tazas humeantes. Se sienta frente a mi y bebe sin pensar y creo que se va a quemar, pero comienza a hablar— Mira James, lo que pasó ayer fue.
—¿Un error? Eso es loque ibas a decir ¿no? Pues para mí no lo fue Savannah, siento si te incomodé, pero hay algo en ti que me gusta y mucho. No sé, pero quiero seguir adelante. Ya te dije que te ofrecía mi amistad y me gustaría partir desde ahí…
—No es el momento, lo siento…
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