Capítulo 12
Mientras Luciano y Amara terminaban su recorrido por el viñedo comenzando a caer la tarde, una idea brillante cruzó la mente de Amara. La verdad es que platicar con él era muy entretenido y no quería que todo acabara al regresar a la casa.
– Oye Luciano ¿Te gustaría ir a la playa un rato conmigo? – preguntó sintiendo que sería una buena manera de relajarse y disfrutar de lo que queda de día – Conozco un lugar que siempre está solitario, así que no tendrás que preocuparte por que alguien nos vea juntos.
– Claro, suena genial, pero no me preocupa que nos vean. Me encantaría ver la playa de este lugar porque he escuchado que son preciosas – respondió sintiendo que la idea no sonaba nada mal.
Después de cambiar por un rato por fin llegaron a la playa y Luciano se quedó maravillado por la belleza del lugar. La arena dorada se extendía ante ellos y el sonido de las olas rompiendo suavemente en la orilla era como una melodía tranquilizadora.
– Es impresionante este lugar – dijo mirando a su alrededor – No puedo creer que haya un lugar así tan cerca de tu casa.
Amara sonrió feliz sintiéndose orgullosa de poder compartir su rincón especial con él, ya que lo que Luciano no sabía, es que ella siempre venía a esa parte escondida de la playa para que nadie la molestara.
– Este es uno de mis lugares favoritos. Aquí puedo ser yo misma sin necesidad de que otros me juzguen – confesó sintiendo que podía ser un poco honesta con él – ¿Te gustaría nadar? El agua está perfecta a esta hora.
– No lo sé, la verdad es que no soy muy bueno nadando – respondió sintiendo un ligero nerviosismo – Si quieres tú ve y disfruta mientras yo me quedaré aquí cuidándote.
Amara asintió, sintiéndose un poco decepcionada por esas palabras, pero comprendía que no todos compartían su amor por el agua. A lo mejor él no quería meterse con ella por como lucía físicamente, así que sin otro remedio más que aceptar, decidió hacer como si nada hubiese pasado.
– Está bien, yo iré – dijo y muy despacio se metió en el mar, sintiendo la frescura del agua rodearla y ni siquiera le importó mojar su vestido.
Mientras Amará nadaba se sintió libre y feliz como nunca antes se había sentido. Sin embargo, después de unos minutos se dio cuenta de que Luciano no la había seguido tal cual le había dicho y al mirar hacia la orilla notó que él estaba aún de pie observándola con atención. Así que para pasar esa mala sensación que tenía, se sumergió profundo para nadar un poco más perdió la noción del tiempo.
Luciano quien había estado observando a Amara se dio cuenta de que después de sumergirse en lo profundo esta no había vuelto a salir y debido a eso comenzó a sentir un nudo en el estómago. Temía que algo le hubiese pasado y por eso no la veía por ningún lado.
– ¿Amara? – llamó desde la orilla, pero no obtuvo respuesta.
La preocupación lo invadió de inmediato al ver que nada pasaba y después de unos momentos de angustia, decidió meterse al agua para buscarla. Él no es que no supiera nadar, pero en ese momento no había querido meterse.
– ¿Amara? – grito mirando hacia todos lados – No puede ser que se haya ido tan lejos – pensó sintiendo que el miedo comenzaba a apoderarse de él.
Cuando finalmente Amara emergió del agua saliendo a la superficie, Luciano sintió que el alma que había regresado al cuerpo. Ella estaba a escasos centímetros de donde él se encontraba y al verlo metido en el agua se sorprendió muchísimo. Ella creyó que no lo haría después de todo.
– ¿Luciano qué haces en el agua? – pregunto mirándolo curiosamente.
– ¿Que qué hago en el agua? ¿Cómo se te ocurre preguntarme eso? Me has dado un susto de muerte – le gritó este sintiendo que la adrenalina aún corría por sus venas – Pensé que te había pasado algo mal porque no salías a la superficie.
Amara se comenzó a reír sin poder evitarlo, disfrutando del momento. Nunca pensó que esto pudiese llegar a pasar, pero ya que estaba pasando lo iba a disfrutar al máximo.
– Lamento haberte asustado de esa manera. La verdad es que soy muy buena nadadora y puedo debajo del agua. Sin embargo, agradezco el hecho de que te hayas preocupado por mí – le dijo sintiendo que la tensión se desvanecía.
– Bueno, eso yo no lo sabía, Me alegro de que estés bien. La próxima vez que vayas a hacer algo como eso solo avísame antes de desaparecer bajo el agua – respondió Luciano sintiendo que la risa de Amara era contagiosa.
Después de un momento de tensión ambos comenzaron a reírse por lo que había sucedido y la preocupación se convirtió en diversión para aliviar el momento.
Después de un rato Luciano y Amara comenzaron a jugar en el agua como si fueran dos niños pequeños, chapoteando y riendo mientras las olas los rodeaban. La conexión entre ellos en ese momento era especial y con cada risa compartida solo se acercaba más al futuro que les esperaba juntos.
Sin embargo, su diversión fue interrumpida por la llegada de unas personas inesperadas que Amara conocía muy bien. Un grupo de jóvenes apareció de la nada en la playa y de inmediato ella quiso salir de ahí. Amara sintió que su corazón se aceleraba al verlos viéndola fijamente, recordando las burlas y comentarios crueles que había enfrentado en el pasado por parte de ellos.
Luciano, al notar la tensión en su rostro se acercó un poco a ella para tratando de averiguar que era lo que la había puesto de esa manera.
– ¿Amará estás bien? Te has puesto muy tensa – dijo Luciano sintiendo que la atmósfera había cambiado aún más.
– Sí, estoy bien, eso solo que quiero irme. No quiero que esas personas se me acerquen – respondió Amara sintiendo que la inseguridad comenzaba a apoderarse de ella nuevamente.
Luciano al ver reflejado un hijo de tristeza en sus ojos decidió no preguntar demasiado y en vez de eso la sostuvo por sus hombros para ayudarla a salir. Sin embargo, sus ojos se adueñaron de una imagen que jamás pensó ver y es que el vestido que tenía Amara se había vuelto transparente. Este se había pegado por completo a su piel, revelando una pequeña cintura que no imaginó que ella tuviera. Además, aquel vestido dejaba a la vista el rosado de sus pezones, haciendo que una sensación extraña recorriera todo el cuerpo de Emiliano. Este jamás pensó verla a ella de esta manera y eso lo hizo sentirse extraño.