Confidencias en la casa

1091 Palabras
Capítulo 11 Mientras Amara y Luciano seguían explorando el viñedo, mientras que en la casa, Emiliano se sentó junto a la abuela Teresa en un rincón tranquilo. La luz del sol entraba a raudales por la ventana, iluminando el rostro de Teresa que mostraba una mezcla de preocupación y curiosidad por lo que este estaba a punto de decirle. Había notado algo extraño en Emiliano desde su llegada tan repentina y no pudo evitar preguntarle lo que había callado desde anoche. – Emiliano ¿Hay algo importante que quieras decirme? – inquirió Teresa con su voz suave, pero firme – Te veo diferente a comparación de la última vez que estuviste aquí, es como si llevaras un peso sobre tus hombros que no quieres contarle a nadie. Emiliano tomó un profundo respiro antes de comenzar a hablar, sintiendo que el momento de soltarlo todo había llegado. Teresa había perdonado sus errores del pasado cuando abandonó a su hija embarazada y con el paso de los años después de la muerte de esta, ambos habían construido una amistad sólida basada en el respeto. – Estás en lo cierto, Teresa, nada se te escapa. Hay algo que debo compartir contigo y espero que todo lo que te diga se quede aquí entre nosotros – comenzó a decir y de inmediato su voz tembló ligeramente – En estos últimos meses mi corazón ha estado fallando más que nunca y he tenido otro infarto. Los médicos me han dicho que me queda poco tiempo de vida y si estoy aquí es únicamente para ver a mi hija por última vez antes de morir. La expresión de Teresa se tornó seria de inmediato y su corazón se hundió al escuchar las palabras que acababa de decirle Emiliano. Ella lo quería como si fuera su propio hijo y una noticia como esa no era bien recibida. – No, Emiliano. Eso no puede ser ¿Por qué no nos habías hablado de esto antes? – preguntó sintiendo que la angustia la invadía y de inmediato cubrió las manos de él con las suyas. – No es momento para ponernos a pensar porque hice esto o por qué no hice aquello. Solo vine aquí porque temía dejar a Amara sola antes de tiempo, quería verla sonreír una vez más – continuó diciendo y esta vez su mirada se quedó fija en el suelo – Además, también ha llegado el momento, ella necesita saber sobre la receta secreta de nuestro vino porque ese es su legado y quiero que lo lleve consigo cuando yo ya no esté. Su madre estaría orgullosa de ella y se sentiría feliz de saber que le he dejado algo muy valioso para su futuro. Teresa lo miró con tristeza, comprendiendo la magnitud de lo que estaba diciendo. Emiliano se había arrepentido una y mil veces de haber abandonado a su hija, pero supo comenzar su abandono con el cariño hacia su hija. – ¿De verdad quieres confiarle la receta a ella? – preguntó con su voz apenas en un susurro – ¿Qué pasará con ese muchacho que viene contigo? – Por Luciano no te preocupes, Amara debe viajar a Madrid para hacerse cargo de la fábrica cuando yo muera, pero no puedo permitir que lo haga sola. Necesito que tú estés a su lado en todo momento para que la guíes y la apoyes en este nuevo camino – explicó Emiliano sintiendo que la urgencia de sus palabras era palpable – Ella no tiene ni idea de lo que le espera y quiero que esté preparada. Lucrecia, mi esposa, no estará para nada contenta cuando lo sepa, pero no puedo dejarle mi legado a alguien más. Teresa asintió al escuchar eso, sintiendo que el peso de la responsabilidad que recaía sobre sus hombros era grande. Su nieta tenía una destino asegurado cuando ese momento llegara, pero tendría que sortear varios obstáculos antes de que la calma llegue. – Te prometo que haré lo que sea necesario para que se vuelva una mujer sabía, Emiliano. Amara no estará sola en ningún momento porque la familia siempre se cuida mutuamente. Puedes dejar a mi niña en mis manos que yo sabré como defenderla – prometió con su voz llena de determinación. Emiliano sintió un alivio momentáneo al escuchar las palabras de su gran amiga. Ella al igual que él sabía que el camino sería difícil, pero si algo tenían ellos era que no se dejaban vencer. – Gracias, Teresa. La vida de mi hija está a punto de cambiar y no quiero que se sienta perdida cuando yo ya no esté. Ella necesita saber que tiene un lugar en este mundo y que su legado es importante, además, la vida de ella y de Luciano están selladas por el destino – dijo sintiendo que la emoción lo invadía. Mientras tanto, aún en el viñedo, Amara y Luciano terminan su recorrido ajenos a la conversación que se estaba llevando a cabo en la casa. La conexión entre ellos era rara, pero no le prestaba atención. – ¿Sabías que el vino puede contar historias? – le dijo Amara sonriendo mientras señalaba las uvas – Cada cosecha tiene su propia personalidad, su propio carácter. Es como las personas que siempre cambian dependiendo las experiencias que tengan en la vida. – ¿Y qué historia invitaste cuenta este viñedo? – preguntó sintiendo que la conversación se volvía más profunda. – Este viñedo cuenta la historia de nuestra familia, cuenta una historia de sacrificios y muchas alegrías. Cada botella que producimos lleva consigo el amor y el esfuerzo de quienes han trabajado aquí – explicó Amara sintiendo que su pasión por el vino la llenaba de energía. – Eso es hermoso – respondió Luciano, sintiendo que la admiración de Amara por los vinos era igual que el de Emiliano – ¿Sabes algo? Nunca había pensado en el vino de esa manera como lo haces tú, es interesante. La vida de Amara estaba a punto de cambiar para siempre y sin darse cuenta, ella y Luciano habían quedado unidos no solo por el destino, sino también por el vino que representaba su legado familiar. Era como si en ese lugar algo nuevo hubiera nacido. La tarde avanzaba y con ella, la promesa de un nuevo comienzo. Emiliano sabía que había tomado la decisión correcta al confiar en Teresa y en su hija. La receta secreta no solo era un legado, sino también un símbolo de amor y conexión que perduraría a través de las generaciones que llevaran su sangre.
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