Un paseo por el viñedo

1151 Palabras
Capítulo 10 Después del desayuno Amara se sentó junto a su padre, sintiendo la calidez de su mano acariciando la suya. Esto era un gesto simple ante los ojos de cualquiera, pero para ellos era algo lleno de amor y aprecio. Habían estado platicando sobre las cosas que habían hecho en el tiempo que no se habían visto, compartiendo risas y recuerdos que parecían fluir con naturalidad. Luciano, sentado un poco apartado de ellos observaba la escena en silencio, analizando cada palabra y gesto buscando algo que pudiera parecer fuera de lugar. Sin embargo, a medida que la conversación avanzaba Emiliano se volvió más serio, haciendo que su hija le prestara total atención. – Amara, cariño, me gustaría que le enseñaras la propiedad a Luciano – dijo, rompiendo el ambiente ligeramente – Quiero quedarme a solas con tu abuela por un momento, ya que necesito hablarle de algunas cosas importantes y es una conversación solo entre nosotros. Amara sintió un nudo en el estómago al escuchar la petición de su padre. La idea de quedarse a solas con Luciano la ponía nerviosa. Ya que se había dado cuenta de la manera despectiva en el que esté la observaba. – ¿Por qué me pides eso papá? No sé si eso sea una buena idea que yo lo lleve, tal vez él prefiera ir con alguien más – respondió, tratando de encontrar una manera de zafarse del compromiso. – No para nada, nadie conoce este lugar mejor que tú. Es importante que Luciano conozca los alrededores y como te dije necesito hablar con tu abuela a solas – insistió Emiliano, pero ella seguía sintiendo aquello no era buena idea. Después de dudar por un momento más y de poner algunos pretextos que no la llevaron a ninguna parte, Amara finalmente aceptó la petición de su padre totalmente resignada. No quería pasar tiempo a solas con esa persona, pero al parecer no le quedaba de otra. – Está bien, papá. Te prometo que le enseñaré todo mientras ustedes platican – dijo sintiendo que la presión en su pecho se hacía más fuerte. Luciano quién se había mantenido callado en todo momento se levantó de su silla, sintiendo un pequeño malestar en su interior. Era obvio que Amara no quería quedarse a solas con él y eso lo llenó de preguntas. Este no había dicho nada como para hacer que ella se sintiera incómoda y que ni siquiera quisiera enseñarle la propiedad – Sígueme Luciano, te mostré la casa – dijo resignada. Juntos y sin decir media palabra comenzaron a recorrer el pequeño viñedo que había en la parte de atrás de la propiedad. Amara se sintió un poco más cómoda a medida que caminaban entre las hileras de uvas, ya que el aire fresco y el aroma de la tierra la rodeaban. Luciano la seguía en silencio, observando cada detalle del lugar con atención. Eso sin contar que Amara había aparecido olvidarse de su presencia. – Es hermoso este lugar – comentó Luciano admirando la vista – No puedo creer que haya un lugar así tan cerca de la ciudad, aunque para ser sincero, cuando decidí viajar no pensé encontrarme con esto. – Sí, es un lugar especial para mí y soy muy feliz aquí – respondió Amara, sintiendo que la tensión se había desvanecido un poco entre ellos – Mi padre fue el que sembró este viñedo y también me enseñó a cuidarlo. Este lugar es algo así como un legado familiar y es muy importante para mí. – Entiendo ¿Tú también haces vino? – preguntó sintiendo que la conversación comenzaba a fluir más naturalmente que al principio. Amara sonrió muy orgullosa de sí misma, sintiendo que la pregunta era un buen punto de partida. Ella sentía una pasión especial por los vinos y siempre le había gustado hacerlos ella misma. – La verdad es que sí, siempre he estado aprendiendo cosas nuevas. Me encantaba ayudar a mi papá en la cosecha cada vez que él venía y aprendí la elaboración del vino con mis propias manos. Es un proceso fascinante y nunca me canso de hacerlo – explicó con su voz llena de pasión – ¿Tú también sabes hacer vino? – No, yo no los hago, yo los vendo. Siempre he estado interesado en la viticultura, pero nunca he tenido la oportunidad de aprender. Siempre me han gustado más los negocios – dijo Luciano sintiendo que la conversación se volvía más amena. – Entiendo, debes ser muy bueno en lo que haces. Mi padre siempre ha hablado muy bien de ti. – Es bueno saber eso ¿Tienes algún vino favorito que hayas hecho antes? Tal vez te gusten algunos de los que fabricamos en Madrid. – La verdad me gustan más los que yo hago, el año pasado hicimos un tinto que resultó ser bastante bueno y hasta ganó un premio. Fue una cosecha pequeña, pero el sabor fue excepcional y lo vendimos a muy buen precio – respondió Amara sintiendo que la emoción comenzaba a brillar en sus ojos – Me encantaría que lo probaras algún día si regresas. Luciano asintió, sintiendo que, aunque no podía cumplir con esa petición. Amara hablaba con la misma pasión de su trabajo que lo hacía su padre. – Definitivamente quiero probarlo algún día. Tal vez podríamos hacer una cata de vinos más adelante mientras estoy aquí – sugirió sintiendo que la idea de compartir ese momento con ella no parecía tan mala idea. Que no fuera su tipo de mujer no significaba que tenía que hacerla sentir menos porque al final de cuentas, ella era una persona que lo estaba comportando muy bien con él. A medida que caminaban Amara comenzó a relajarse más. La tensión que había sentido al principio se desvanecía por completo y se dio cuenta de que Luciano no era tan intimidante como había pensado. Había una curiosidad genuina en él por todo lo que veía y eso la hacía sentir más cómoda. Hasta había olvidado esa mirada que él le había dado antes. Mientras continuaban su recorrido, Amara comenzó a mostrarle las diferentes variedades de uvas y a explicarle como cada una contribuía a un sabor de vino diferente. Luciano escuchaba atento en todo momento, haciendo preguntas y compartiendo sus propias experiencias. La conexión entre ellos crecía de una manera diferente y Amara se sintió agradecida por la oportunidad de compartir su mundo con una persona como él. Mientras tanto, en la casa, Emiliano se sentó junto a la abuela Teresa y comenzó a hablarle sobre sus planes, además de sus preocupaciones. Sabía que el tiempo para él era limitado y había cosas que necesitaba compartir antes de que la noche cayera. Sin embargo, en ese momento, en el viñedo, Amara y Luciano estaban comenzando a construir su propia conexión sin darse cuenta. Un lazo que podría cambiar el rumbo de sus vidas para siempre.
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