Un nuevo día

1041 Palabras
Capítulo 9 La mañana llegó con un bullicio que sacudió a Luciano de su sueño profundo. Se despertó sobresaltado y confundido por los ruidos extraños que provenían de afuera de su habitación. Durante un momento no pudo recordar dónde estaba realmente, hasta que a su memoria llegó el viaje que había hecho con Emiliano para visitar a su hija. Fue ahí que con un suspiro resignado se levantó de la cama con pesar, sintiendo que el día apenas comenzaba y tendría mucho tiempo para observarlo todo. Después de tomar un rápido baño Luciano se vistió cómodamente y decidió bajar las escaleras para averiguar qué estaba sucediendo. Al llegar al primer piso, se encontró con una escena bastante animada, ya que la familia de Amara se movía de un lado a otro realizando diversas tareas del hogar. La abuela Teresa a quien había conocido anoche estaba en el patio alimentando a unos pollos, mientras que otros miembros de la familia se ocupaban de preparar al parecer el desayuno. Luciano se sintió un poco fuera de lugar al verlo hacer todo eso, debido a que en su casa siempre había personal para las tareas y los pollos no existían. Sin embargo, lo dejo pasar y su atención se centró únicamente en Emiliano. Él mismo que estaba sentado junto a la abuela muy tranquilamente y también alimentando a los animales que había en el lugar. Al notar la presencia de su hijo detrás de ellos, Emiliano levantó la vista y sonrió genuinamente. Era una sonrisa como pocas que había visto y eso lo hizo sentirse extraño. – ¡Luciano, despertaste! Ven, siéntate aquí – lo llamó gesticulando con las manos para que se uniera a ellos. Luciano se acercó y se sentó al lado de su padre no muy convencido, ya que no quería tener nada que ver con los animales. Solamente esperaba a que está visita terminara pronto, ya que quería volver a su hogar. – ¿Cómo dormiste viejo? – preguntó Emiliano con su voz llena de calidez – ¿Te sientes bien? ¿Hay algo que pueda hacer por ti? – Todo está bien muchacho y dormí de maravilla. Siempre que estoy aquí mis problemas se van y no tengo que preocuparme por nada. Aquí soy solamente un hombre normal compartiendo con la vida – respondió su padre dando palmadas en su espalda. – Me alegro mucho, eso puede ser beneficioso para ti – dijo al acordarse de su estado de salud – ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué hay tanto alboroto? – Bueno aquí siempre son muy madrugadores para hacer las labores de la casa. No sé si te diste cuenta, pero está propiedad es algo así como un ranchito pequeño. Hay animales que atender y tares que se reparten entre sí. Además, también estamos esperando el desayuno más delicioso del mundo. Amara cocina delicioso y fue a recoger unos huevos para terminar con todos – dijo Emiliano con una sonrisa cómplice – ¿Quieres unirte a nosotros? Luciano sin poder negarse al ver la sonrisa de su padre asintió no muy convencido; su mente aún estaba en otro lugar y sus pensamientos solo le pedían que se marcharan ya de ahí. Sin embargo, justo en ese momento apareció Amara, llevando un vestido de flores que resaltaba su figura voluminosa y traía una canasta que llevaba debajo del brazo. Dicha canasta estaba llena de frutas y verduras frescas, además de huevos como había dicho Emiliano. Amara al ver a Luciano una vez más frente a ella sintió que su corazón dio un vuelco y de inmediato se sintió nerviosa. La imagen del hombre que había visto la noche anterior se había grabado en su mente y ahora, al verlo de cerca, sus sospechas se confirmaron. Luciano era sumamente atractivo y sexy, haciendo que el calor subiera a sus mejillas con solo verlo. Amara sintió que su rostro se sonrojaba ante esos pensamientos y decidió ocultarlo tapando un poco su rostro con su cabello rubio. No podía dejar que él notara lo que le había suspendido o se burlaría de ella como los demás. – Buenos días – dijo tratando de sonar casual, aunque su voz temblaba ligeramente – He traído algunas cosas para el desayuno, no sé si a usted le gusten las frutas. – Buenos días, Amara – respondió Luciano sintiendo que algo extraño pasaba con él. Algo que obviamente justificó con sus pensamientos iniciales sobre ella. Había algo en su presencia que lo intrigaba al no conocerla, pero decidido no darle muchas vueltas en su cabeza ¿Cómo podría alguien como él fijarse en ella? Su madre había creído que por ese motivo Emiliano lo había traído con él, pero que equivocada estaba. Si tan solo la viera, sabría que jamás pondría sus ojos él ella. Sin embargo, dentro de Amara una batalla se desarrollaba, ella se sintió como si estuviera en un sueño, pero la realidad la golpeó con fuerza al darse cuenta de como la veía Luciano. Esa mierda ya la había visto antes y sintió como si corazón se encogió dentro de su pecho. – Él nunca se fijaría en alguien tan fea como yo – pensó sintiendo que la confianza se desvanecía y por eso prefirió desaparecer en la cocina para no seguir viendo como él la miraba. Mientras Amara comenzaba a colocar los ingredientes sobre la mesa para terminar el desayuno, Luciano no podía evitar observarla. Anoche no había notado ciertos detalles en ella, como por ejemplo que su cabello rubio era tan largo que casi rozaba sus glúteos. Además, sus gestos eran muy parecidos a los de su padre y eso lo hacía confirmar que de verdad era su hija. Amara no solo tenía el mismo color de pelo que su padre, sino que también tenía el mismo color de ojos. Estos eran como una perfecta joya esmeralda, la cual se manchaba con pequeños toques dorados. Sin duda eran padre he hija, pero se preguntaba a quién había sacado un cuerpo tan exagerado y porque usaba esas horribles gafas que cubrían parte de su rostro. Tal vez si llevara unas más discretas a lo mejor y hasta mejoraba un poco, pero dudaba que esa fuera la solución a su problema.
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