Ella es diferente

945 Palabras
Capítulo 8 Mientras Luciano entraba a la casa de Amara, no podía evitar que sus pensamientos se deslizasen hacia lo más superficial. A pesar de la calidez del abrazo entre Emiliano y su hija, además de la evidente conexión que compartían, Luciano no podía dejar de pensar que Amara no encajaba en su idea de belleza. Su figura era más voluminosa de lo que él consideraba atractivo y sus grandes lentes acentuaban una apariencia que, ante sus ojos, no era la de una mujer que llamara la atención. Sin embargo, sabía que no podía expresar esos pensamientos en voz alta, ya que Emiliano no lo perdonaría jamás. Amara era su hija ante todo y la defendería de críticas como esa. Mientras se adentraban en la casa humilde la atmósfera era una muy acogedora, tanto que ni siquiera en su propia mansión Luciano había sentido eso. No obstante, la familia de Amara los recibió con sonrisas y abrazos como si a él lo conocieron de toda la vida. Luciano se sintió un poco abrumado por la calidez del ambiente, debido a que no estaba acostumbrado a tanto afecto. En el proceso de presentación conoció a la abuela de Amara, a su tío Julián y a su prima Dara. Quien a diferencia de Amara ella si era una joven esbelta y muy hermosa. Sin embargo, Dara no parecía estar interesada en él, lo que hizo que se desconcertara un poco, ya que todas las mujeres caían a sus pies. Después de todas las presentaciones necesarias, la familia los llevó a ocupar sus habitaciones para que pudieran descansar. Luciano se sintió agotado por tanto en tan poco tiempo, pero su mente seguía dando vueltas sin parar. Él solo se sentó en la cama para descansar sus piernas y sacó su teléfono del bolsillo buscando un momento de distracción. Fue entonces cuando vio que tenía una llamada de su madre y aunque quiso dejarla pasar, sabía que si lo hacía no lo dejaría tranquilo. – ¿Luciano? ¿Dónde se suponen que estás? – preguntó Lucrecia con su voz cargada de descontento – No puedo creer que hayas hecho esto y desde ahora te digo que tengo un mal presentimiento. Estoy segura de que Emiliano te ha llevado a caer en una trampa. – ¿De qué trampa estás hablando mamá? – pregunto Luciano sintiendo que la frustración comenzaba a burbujear en su interior – Ya te dije que solo estoy aquí para apoyar a papá, ya que él necesitaba ver a su hija una última vez. – Eso es lo que ese maldito viejo quiere que creas. Tú no puedes dejarte engañar por él, ya que estoy segura de que te presento a su hija para que cayeras como idiota. Emiliano sabe de tu obsesión por las mujeres hermosas y eso te llevará a la ruina. No quiero que te involucres en algo de lo que no puedas salir – insistió Lucrecia volviéndose un poco histérica. – ¿Esa es tu preocupación? ¿Te preocupa que me seduzcan? Pues si ese es el caso puedes estar tranquila porque Amara no es para mí, madre. De hecho, la hija de Emiliano, es la mujer más fea que he conocido en toda mi vida y jamás me fijaría en una mujer como esa – dijo Luciano de manera cansada sintiendo que necesitaba descansar. – ¿Me estás hablando en serio o solo lo dices para hacerme callar? – Lo digo en serio, mamá, nunca me fijaría en alguien como ella, así que ya deja de molestar con lo mismo. La respuesta de Luciano pareció relajar un poco a Lucrecia, quien aún no estaba muy segura de todo lo que estaba sucediendo. Ella era una mujer a la que no le gustaba que le cambiaran los planes y esto era un cambio drástico. – Está bien, lo dejaré así por el momento, pero mantente alejado de cualquier complicación. No quiero que esto se convierta en un problema y ya sabes a lo que me refiero – dijo dosificando su tono de voz. – Lo haré, madre. Solo quiero que papá esté bien. Eso es lo único que importa ahora y tú solo lo pones más difícil – respondió Luciano sintiendo que la conversación se desvanecía. Así que después de un intercambio más de palabras, Lucrecia se despidió dejándolo solo con sus propios pensamientos. Luciano se recostó en la cama mirando en techo, sintiendo que la presión de la situación lo abrumaba. A pesar de sus pensamientos negativos sobre Amara, había algo en la forma en que su padre la miraba que lo hacía dudar sobre si había algo más que él desconocía. Emiliano había encontrado en ella un amor y una conexión que él no había tenido jamás con el viejo. Tal vez había algo más en Amara de lo que él podía ver a simple vista sin observar sus defectos. Sin embargo, Luciano se obligó a sí mismo a mantener su distancia para evitar decir algo totalmente fuera de lugar. No podía dejar que sus sentimientos se complicaran, ya que la vida era lo suficientemente complicada sin tener que lidiar con una hermanastra que no encajaba en su mundo. Con un suspiro cerró los ojos pesadamente, tratando de encontrar un poco de paz en medio del caos que lo rodeaba. La noche avanzaba, y con ella, la incertidumbre de lo que el futuro podría deparar. Únicamente esperaba que este viaje no durara demasiado, ya que al volver le preguntaría a Emiliano sobre su receta secreta antes de que fuera demasiado tarde. Ya venía siendo hora de que él comenzara a hacerse cargo de la fábrica para hacerla crecer aún más.
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