Me encontré con un rostro fuera de sí.
—¿¡¡Estás completamente loca!!?
«¡Mierda, Nicholas!»
Nunca lo había visto tan furioso. Ni siquiera cuando se había peleado en la fiesta la noche anterior y había regalado puñetazos como caramelos. Su pelo estaba despeinado como si se hubiese estado tirando de él y sus ojos me miraban como si quisiera prenderme fuego, enterrarme bajo la tierra y no volver a verme jamás.
Dije lo primero que se me vino a la cabeza, intimidada por su estado:
—He ganado...
Sus ojos se abrieron aún más para después cogerme por los hombros y acercar su rostro al mío.
—¡¿Tienes idea de lo que has hecho?! —me gritó a dos centímetros de mi cara. Me asusté, pero no me dejé intimidar y me sacudí con fuerza para zafarme de sus brazos.
—No me grites —le contesté en el mismo tono.
¡Joder con el niño rico, ni que le hubiera destrozado el coche o algo parecido! Los golpes que me habían dado por detrás habían sido cosa del mal juego del imbécil de Ronnie... Además, ¡había ganado la carrera! ¡La había ganado!
Entonces aparecieron Jenna y Lion, que se nos acercaron dejando atrás la locura que se estaba organizando a nuestro alrededor. Escuché más atentamente y comencé a oír más que a escuchar lo que la gente gritaba.
—¡Trampa! ¡Trampa! —gritaban y abucheaban.
Por lo menos tenía al público de mi parte. Ronnie había hecho trampa, sí, había infringido las normas y me había dado por detrás, algo que en ese tipo de carreras estaba prohibido y más cuando se conducía con coches como esos que no estaban preparados para golpes ni fuertes impactos.
—Nicholas, suéltala —ordenó Lion, pero vi cómo me lanzaba una mirada que igualaba mucho a la de su amigo.
Jenna también me miró mal, lo que me sorprendió y dolió a partes iguales.
—Ahí viene Ronnie —anunció Jenna al tiempo que Nicholas me soltaba haciendo que mi espalda chocara contra la puerta del coche.
¿Qué demonios pasaba? ¿Qué bicho les había picado a todos?
Nicholas me dio la espalda y se volvió hacia Ronnie con los puños apretados.
—Habéis infringido las normas, Leister, y sabes perfectamente lo que eso significa —le dijo enfadado pero con una sonrisa en su asqueroso rostro agujereado y tatuado.
—Y una mierda —replicó él. Lion estaba a su lado y los miembros de su banda se estaban acercando para darle apoyo. Los secuaces de Ronnie hacían lo propio. En menos de un minuto se había formado un círculo a nuestro alrededor y yo aún seguía sin entender absolutamente nada—. No es mi problema que se hayan colado en mi coche y hayan salido a la pista, no pienso cargar con esa responsabilidad —le dijo y comencé a entender por dónde iban los tiros.
—Es m*****o de tu banda, Leister, así que sí que es tu responsabilidad — repuso él con una sonrisa divertida.
—No es... —comenzó Nicholas al tiempo que volvía el rostro para verme; entonces vi en sus ojos la sorpresa y el renovado, o mejor dicho triplicado, enfado en su semblante.
—Lleva la bandana, así que sí que es m*****o —le contestó con superioridad.
Entonces entendí lo que pasaba. La bandana me convertía en un m*****o de la banda, pero lo que no comprendía era qué problema había si era yo la que había corrido en vez de Nicholas.
—Has infringido las reglas, Leister. La final era entre tú y yo, así que ya sabemos quién es el ganador —afirmó entre el aullido de entusiasmo de todos los que estaban detrás de él, que nos miraban como desafiándonos a decir lo contrario.
—Esto es ridículo —declaró Nicholas dando un paso al frente. Lion hizo lo mismo y vi cómo sus puños se apretaban contra su costado—. La carrera se repite y punto, no has ganado nada.
Ronnie con una sonrisa de gilipollas integral comenzó a negar con la cabeza antes incluso de que Nicholas terminara de hablar.
—Ya me puedes ir dando los quince mil dólares y las llaves de esa preciosidad —le contestó mirando hacia el Ferrari n***o de Nick.
Pero ¿qué...?
Di un paso al frente sin importarme en absoluto a quién me estaba enfrentando. Nicholas, a mi lado, se tensó, pero antes de que pudiera echarme hacia atrás me aparté y hablé.
—Tú fuiste quien me dijo que corriera contra ti —le solté furiosa—. Y te he ganado, yo, una chica de diecisiete años... —puntualicé con sorna. El rostro de Ronnie se descompuso y entonces me miró como si estuviera a punto de matarme. No dejé que eso me impidiera seguir diciendo lo que quería—. He herido tu pequeño ego masculino, y ahora quieres hacernos creer a todos que tienes algún tipo de derecho estúpido para llevarte el coche y el dinero... — hubiera seguido hablando, pero Nicholas se puso delante de mí.
—Cierra la maldita boca y métete en mi coche —me dijo entre dientes—. ¡Ahora! —agregó en un tono más fuerte.
—¡Y una mierda! —le grité moviendo el rostro para fijar mi mirada en Ronnie. No pensaba dejar que aquel imbécil manipulara la situación en su beneficio, ni pensaba permitir que se llevara el coche. Yo había ganado la carrera, él ni siquiera había conseguido adelantarme ni una sola vez—. ¡Aprende primero a correr, imbécil!
Los miembros de la banda de Nick gritaron mostrando su acuerdo conmigo y me sentí mucho mejor.
Alguien tiró de mí hacia atrás cuando Nicholas se volvía e iba en dirección a Ronnie con las venas del cuello a punto de estallar. Al ver el rostro de Ronnie supe que se iban a matar a golpes.
—Cierra la boca de una vez, Noah —me ordenó la voz de Jenna al oído—.
Vas a conseguir que esto acabe peor de lo que te imaginas.
No le contesté y clavé la mirada en Nicholas, que se detuvo frente a Ronnie. Se miraron desafiantes y temí que aquello desembocara en una pelea en toda regla. Entonces Nicholas metió la mano en el bolsillo, sacó unas llaves y se las tendió.
¡No!
—Te ingresaré el dinero mañana temprano —le comunicó fingiendo algún tipo de calma.
El silencio se hizo a nuestro alrededor. Ronnie sonrió con suficiencia al tiempo que hacía girar las llaves entre sus dedos. Nicholas se volvió respirando con dificultad y pude ver lo furioso que estaba. Parecía estar a punto de estallar.
—Procura mantener a esa zorra en casa —dijo entonces Ronnie, y el rostro de Nicholas se desencajó.
Se volvió tan rápido que nadie lo vio venir. Su puño se estrelló contra la mandíbula de Ronnie con una fuerza tan increíble que lo tiró contra el capó de su coche.
Y entonces se desató la locura.
Los puños comenzaron a volar a mi alrededor. Las dos bandas comenzaron a darse de puñetazos y, de repente, parecía como si me hubiesen metido en el mismísimo infierno. Entre toda aquella locura alguien me dio por detrás y caí de boca contra el suelo, arañándome las rodillas y las manos.
—¡Noah! —gritó Jenna, que se arrodilló a mi lado para ayudarme a levantarme.
¡Madre mía! Se estaban peleando como si la vida les fuera en ello. Sentí pánico al ver que de verdad estaba metida en medio de una pelea de más de cincuenta tíos musculosos y peligrosos.
Alguien me cogió por el brazo y tiró de mí y de Jenna al mismo tiempo. Era Lion, que tenía el semblante duro como una piedra y una determinación férrea.
Le sangraba el labio y escupió hacia un lado mientras se apresuraba en sacarnos de allí.
—Meteos dentro —nos indicó cuando llegamos al 4x4 de Nick.
No pude evitar mirar hacia atrás buscándolo.
Lion se metió en el coche y lo puso en marcha en menos de un segundo. Entonces se acercó como pudo a donde Nick seguía dándose de puñetazos con el ahora desencajado Ronnie.
—¡Nick! —gritó Lion acercándose lo máximo posible en aquella locura de tíos peleándose y cayéndose al suelo.
Nicholas le asestó un último puñetazo en el estómago y salió corriendo en nuestra dirección. Pude ver que tenía un labio partido y el pómulo pasaba de rojo a morado en cuestión de segundos. Saltó al asiento del copiloto en menos de un segundo al mismo tiempo que Lion giraba y apretaba el acelerador.
Entonces me dio por mirar hacia atrás.
Mi corazón dejó de latir en cuanto vi cómo Ronnie levantaba un arma y la apuntaba contra la parte trasera de nuestro coche.
—¡Agachaos! —grité al mismo tiempo que el cristal trasero estallaba en mil pedazos y mi corazón dejaba de latir para después comenzar con una carrera desenfrenada que me hizo sentir que estaba a punto de perder completamente la cordura.
—¡Joder! —gritaron Lion y Nick al mismo tiempo que nosotras pegamos un grito digno de película.
—Hijo de... —comenzó a maldecir Nicholas mientras Lion salía a toda pastilla y se metía en la carretera. A aquellas altas horas de la noche no había ni un solo coche a la vista y lo agradecí ya que Lion ni se inmutó a la hora de pisar a fondo el acelerador. Me volví para ver cómo varios coches hacían lo mismo que nosotros, pero mientras no viera a Ronnie detrás podía respirar con tranquilidad.
—¿Estáis bien? —nos preguntó Nicholas volviéndose para mirarme primero a mí y después a Jenna.
—Jenna, háblame —le pidió Lion al mismo tiempo que la miraba por el espejo retrovisor con la preocupación inundando su rostro.
—¡Ese jodido hijo de puta! —gritó histérica al mismo tiempo que yo me sentía temblar de arriba abajo.
—Veo que estás perfectamente —afirmó Lion sin poder evitar soltar una carcajada algo histérica.
Nick me miró otra vez, fijándose en mi rostro, que seguramente estaba petrificado de miedo.
—Busca una gasolinera —le dijo entonces mirando hacia delante y echando la cabeza hacia atrás.
Yo no quería ni respirar demasiado fuerte. Me había quedado completamente impresionada, completamente petrificada de miedo. Nunca me habían apuntado con un arma y ese tío lo había hecho. Me había mirado a los ojos antes de disparar y aquella mirada desquiciada me perseguiría durante mucho tiempo.
Aún no terminaba de asimilar lo ocurrido. ¿Cómo se habían descontrolado tanto las cosas?
Sentí como si fuera a derrumbarme de un momento a otro. Lo de Dan y Beth, la adrenalina al haber corrido por primera vez en años, los malos y buenos recuerdos que ello había despertado, la impotencia y culpabilidad que había sentido al ver que Nicholas tuvo que darle su coche a ese desgraciado y encima el dolor en las rodillas y las manos sangrantes por la caída, que, ahora que la adrenalina iba disminuyendo poco a poco, comenzaba a sentir con toda su intensidad...