Sin darme cuenta, buscaba figuras o formas en la humeante taza de café frente a mi. Ya era la tercera que calentaba, pero con cada intento que daba para probarlo, mi estómago se retorcía con dolor, como con cada comida desde los últimos tres días. Por supuesto que por esto mis padres estaban preocupados, pero no podía explicarles todavía, al menos no completamente. Quiero decir, ¿cómo sin que pareciera que los estaba culpando por la mayoría de lo que me pasaba por la cabeza? No, no quería ser grosera con ellos, por lo que con costos salía de mi habitación para hacer acto de presencia en las comidas y de ahí me devolvía a mi cama con Nena. Incluso mi relación con mi pequeña se había invertido, pues ahora era ella la que se encargaba de intentar animarme. Cada pocas horas mamá mandaba a u

