En esta etapa de mi vida tuve la oportunidad de conocer a Darío, salíamos con Sara y su novio, a mi madre le encantaba la idea de salir en parejas, él era una persona muy distinta a todos los muchachos que conoció mi madre y que estaban interesados en mí, la verdad que ese tiempo fue muy agradable, Darío fue una persona muy importante para mí, me ayudó a salir del hoyo en el que me encontraba, con él pasé por primera vez una navidad, un día de San Valentín, me hacía regalos sencillos pero de todo corazón, nos acompañamos en nuestras soledades, me llevó a conocer a su familia, logró darme una nueva ilusión, me hizo creer que finalmente encontraría la felicidad, me convencí que si podía llegar a ser feliz en la vida.
Para Darío también fui una persona importante, estoy segura de eso, en ese tiempo atravesaba por una decepción muy grande, su gran amor, Mariela, se casó con otra persona y se fue del país, sufrió mucho por ella, pero con el tiempo fue superándolo y cuando nos conocimos quiso darse la oportunidad de volver a empezar de nuevo, él era ya un arquitecto con experiencia, yo seguía estudiando, Darío me ayudaba con mis tareas, él trabajaba en una empresa trasnacional y viajaba mucho, por mi parte, ingresé a trabajar en una constructora muy buena, bajo la tutela del Arq. Ernesto Estrada, una verdadera eminencia, tanto a nivel profesional como personal, era muy admirado por todos, su empresa era muy reconocida en el país y buscaba ingresar al mercado internacional, era un sueño hecho realidad, Darío estaba muy orgulloso, mis estudios estaban próximos a concluir, estaba en un período de mucha estabilidad emocional, miraba mis anteriores experiencias como parte de un pasado que no quería recordar.
Darío iba a buscarme a la universidad, me encantaba verlo, era muy apuesto y de carácter agradable, nos entendíamos muy bien, mi corazón no resistió y volvió a abrirse al amor, era dichosa con él, mi familia le tenía gran aprecio, nos convertimos en novios con la aprobación de las dos familias, la relación iba muy en serio, en una ocasión Darío fue a buscarme y salimos de paseo, el plan se arruinó ya que comenzó a llover muy fuerte, nos tocó quedarnos en el auto, nos estacionamos para esperar que calmara la tormenta, prendió la radio, me dio un beso, suave, despacio, me sentía muy bien con él, pero ese momento se parecía mucho al que viví con Leandro, no pude evitar bajar la mirada, Darío comprendió mi malestar, él lo sabía, le había contado todo sobre Leandro y todavía me dolía.
Darío me propuso ir a algún lugar diferente y acepté, manejó a una hostería cercana y alquiló una cabaña, fui con él sabiendo lo que podía pasar, pedimos comida y vimos una película, Darío no mostraba signos de ir más allá, me encantó que fuera así de caballero, una vez que terminó la película me preguntó si quería ver otra, le dije que si me gustaría, pero me sentía adormilada, nos recostamos juntos, él me abrazó y por más que trataba de mantenerme despierta no lo conseguía, cerré mis ojos, sentí cosquillas en mi rostro, era Darío que jugaba con mi cabello para que no me durmiera, abrí los ojos y él se reía de verme cómo luchaba por mantenerme despierta, me dio un beso muy largo, lo abracé, Darío continúo besándome y lentamente sentí como avanzaba en sus caricias, me preguntó si me sentía cómoda y le sonreí, besó mi cuello, sentí sus manos recorrer mi cuerpo por debajo de la ropa, estaba muy enamorada de él, dejé que avanzara y de a poco fuimos desvistiéndonos, fue tan tierno, me acariciaba como si fuera lo más delicado del mundo, llegó a mis pechos y los besó con suavidad, las sensaciones eran demasiado agradables para decir que no, estaba sobre mí y no paraba de besarme, abrí mis piernas invitándolo a entrar, cuando lo hizo me sentí realmente amada, Darío se movía despacio pero firme, cuando todo terminó se quedó sobre mí, acaricié sus cabellos y volvió a besarme, nos quedamos abrazados por un momento hasta que Darío volvió a comenzar otra vez con sus caricias y besos, esta vez con más fuerza y pasión, me hizo suya con mucha intensidad, me sentí completamente viva.
Regresamos a casa y me dio un beso de despedida, mi inseguridad me hizo pensar que al día siguiente ya no lo volvería a ver, entré a mi casa y fui a mi cuarto, mi cuerpo todavía sentía sus manos y su calor, cuando amaneció me preparé para ir al trabajo, estaba muy intranquila, Darío no me llamó en todo el día, me sentí muy triste, otra vez me equivocaba, otra vez me abandonaban, cuando llegó la hora de salida fui a la universidad, terminaron las clases y salí, mis ojos se iluminaron cuando lo vi en la puerta, me regresó el alma al cuerpo, sostenía una flor en su mano, corrí hacia él, me dio un beso y me abrazó, caminamos hacia su auto, íbamos rumbo a mi casa y se desvío hacia un lugar apartado, me dijo que quería hablar conmigo, cerré los ojos esperando las palabras de despedida, pensé que iba a decirme que quería terminar la relación, pero en su lugar me acercó un anillo, quedé completamente sorprendida, no podía creerlo, Darío me estaba proponiendo matrimonio, sentí lágrimas en mis mejillas, le dije que sí, colocó el anillo en mi dedo, y me besó con mucha pasión, esa vez no me acordé de lo que sucedió con Leandro, en ese lugar, en el interior de su auto me entregué a él completamente enamorada, me hizo el amor y me juró que me amaría toda la vida.
Mi madre estaba muy emocionada al ver mi anillo, llamé a Tobías y le dije que iba a casarme, se alegró mucho por mí, él también había conocido a una persona y se estaba dando otra oportunidad, estábamos felices, comenzamos los preparativos para la boda, estaba tan feliz que mi graduación pasó desapercibida, mi matrimonio era lo que más me importaba, quería que fuera perfecta, algunas cosas las hacía con mi madre y con Sara, otras con él, salíamos juntos y nos escabullíamos furtivamente a su casa para dar rienda suelta a nuestro amor, estaba loca por él, cuando estaba con él me sentía tan viva, sentir su virilidad en mí me transportaba al cielo, aunque no supe lo que era un orgasmo hasta mucho después de haberme casado, pero todas las veces que nos entregábamos realmente era muy feliz, Darío se movía dentro de mí de una manera que me enloquecía, yo también quería corresponderle y cada vez era más atrevida con él, Darío se reía de verme cada vez más apasionada, buscaba todas las formas posibles para complacerlo, en una ocasión hicimos el amor en todas las dependencias de su casa, Darío era insaciable, terminamos en su cama enredados completamente entre las sábanas, él también me enloquecía cada vez le pedía más, al terminar fui a la ducha pero Darío no estaba satisfecho, me sorprendió al entrar en la ducha conmigo y nuevamente me llevó al cielo con su única forma de amarme, ansiaba locamente ya vivir con él y amanecer en sus brazos, nuestros encuentros eran clandestinos, llegaba a mi casa radiante, mi madre se dio cuenta de lo que estaba pasando y me confrontó, me dijo que se avergonzaba de mí, se enojó con Darío también, pero ya faltaba poco para nuestra boda, le dije a mi madre que pronto me casaría que no le veía nada de malo, pero ella me dijo que esperaba que no afectara mi matrimonio el habernos adelantado.