CAPÍTULO VEINTICUATRO Anna Forester estaba doblando los jeans de su esposo cuando se le ocurrió que más o menos en una semana su hija estaría doblando a su vez pequeñas piezas. Anna apenas podía recordar cómo era lavar esas diminutas ropas de bebé y una parte de ella lo extrañaba en verdad. Decidió allí mismo que sería una de esas abuelas increíblemente consentidoras con sus nietos. Al colocar los jeans en la pila de ropa de su esposo y extender su mano hasta una de las blusas de ella, el afinador habló desde la otra habitación. Anna supuso que era culpa de ella; había estado demasiado conversadora al principio y ahora él parecía no querer callarse. —¿Han elegido nombres para su nieto? —Ninguno todavía —contestó, teniendo que alzar la voz hasta casi gritar para que la escuchara desde e

