bc

Un millonario a la vista

book_age18+
1.1K
SEGUIR
10.8K
LEER
multimillonario
una noche de pasión
HE
bxg
pelea
brillante
nerd
campus
ciudad
secretos
like
intro-logo
Descripción

Mi nombre es Dulce, tengo treinta años, y dos empleos para llegar a fin de mes. Siempre he creído que lo más importante en la vida es el dinero y el sexo, y que el amor es pasajero, que no debemos caer en la trampa de los hombres que te hablan bonito.

Qué fácil resultó encontrar aquello que no andaba buscando... conscientemente.

Un Millonario a la vista.

chap-preview
Vista previa gratis
1. La camisa manchada.
1. La camisa manchada. Dulce. Tengo tanto sueño que si tan solo cierro los ojos por un instante, siento que me quedaré dormida apoyada en la mesada, hasta mañana. Ahogo un bostezo. No sé por qué accedí a acompañar a Yola, mi mejor amiga a venir a este bar, y menos un viernes. Los viernes trabajo hasta pasadas las nueve de la noche y siempre quedo hecha polvo. Ah, ya recuerdo por qué estoy aquí con ella. Yola ha quedado en verse con un tipo que ha conocido por una de esas Apps de citas. —Estás loca si pensabas que te dejaría venir sola. Puede ser un psicópata. —No, amiguis, no seas paranoica... Pero ella es tan confiada, y por eso los hombres se aprovechan de ella. —Estoy segura que ni siquiera le viste la cara. —La cara no me importa, ya viste lo que me pasó con ese papacito lindo del gym, todo bello él, pero en la cama... tres minutos, nada más... —¿Y si fuera el hombre más feo del mundo? —Mientras me trate como a una reina, y me coja como a una zorra, puedo aguantarme que sea feo —alza los hombros. Niego con la cabeza. —Lo que pasa contigo, es que estás loca de remate —lo digo en broma pero por lo cansada que estoy sueno mal y parece que le reprocho. —Loca tú, amiguis —se ríe—, estás tan buenona pero te la pasas trabajando sin divertirte nunca. Te vas a envejecer sin probar lo rico de esta vida, y eso es un crímen. Estoy preocupada por tí, te hace falta sexo, por eso te pones así de irritable... —¿Quién dice que no tengo sexo? —parpadeo tres veces mirándole a la cara, y con tanto sueño que me duermo. —Ajá. Esos ojos que se te cierran, ¡amiguis! —se impacienta, ahora que mira la hora que es—. Ay, no sé por qué tarda tanto. —¿No quedaron a las doce? —le hago recordar. —Sí. —Apenas son las once... eres una ansiosa. —Sí que me conoces, amiguis, ¿sabes qué? Voy al baño, me dio ganas de hacer pipi... ya vuelvo, aprovecha para echarle el ojo a uno de estos papacitos de la mesa de allá —me guiña el ojo, y yo, automáticamente miro hacia esa mesa. Todos son hombres relativamente atractivos, pero tengo otras prioridades, y no tiene nada que ver con acostarme con desconocidos. —Sí, están bellos pero paso. No tengo ganas ni me interesan —le digo. Yola pone en blanco los ojos. —Eres una aburrida crónica, amiguis —me dice y veo que se va alejando, y en lo único en que puedo pensar es en dejar este bar, estoy deseando estar en mi cama, abrazada a mi almohada y viendo una serie en Netflix, hasta quedarme dormida. Siento un picazón en la cadera, es por las medias pantis de lycra que me aprietan en la cintura, he subido de peso en mi cumpleaños, y aún ahora me sigue pasando la factura. No aguanto más y trato de rascarme... —¡Ouch! Me doy la vuelta y veo que al tipo del lado hice que se le echara el vino sobre la camisa. —Disculpa —le digo, y con una servilleta trato de limpiarle. —Es inútil, está arruinada... —se nota el tono desesperado y un tanto irritado en su gruesa voz, y me cae mal. Yo, que no puedo con mi mal carácter, suelto: —¡Dios! solo es una camisa y esa mancha sale fácil —Lo digo muy confiada, mientras sigo dale y dale con la servilleta tratando de que la mancha desaparezca por obra y arte del friegue, friegue. —Pierdes el tiempo —sentencia con pesimismo. Aj, este tipo sigue en negación, es un no creyente. Y ahora que veo que la mancha sigue igual, o mejor dicho que se ha expandido por mi torpeza, minimizo el asunto, y trato de seguir con mi vida. —Necesito una camisa nueva y pronto —dice al ver el desastre que le he dejado con la servilleta. Aj, ¡cuánta presión! pero a esta hora todas los negocios están cerrados. —¿Y si me la das? te la podría lavar y en cinco minutos estaría como nueva. Será como si aquí no hubiera pasado nada. —¿Me dices cómo lo harás? No creo que aquí haya un cuarto de lavado para accidentes como este. Hombre de poca fe. —Tengo un lavarropa de primera gama, la compré hace pocos meses, es una maravilla, la tengo en mi casa. Vivo cerca —le digo—. Si quieres puedes acompañarme y en unos minutos tu camisa quedará como nueva. El hombre se lo piensa, y ve que no tiene otra salida, y no le gusta nada. —Bueno, está bien —acepta. Qué tipo más pesado. Me giro y le digo a Micky, el barman al que conozco desde que me mudé a este lado de la ciudad, hace como cinco años: —Oye Micky, dile a Yola que volveré en un rato, ¿quieres? —Se lo diré, descuida —me dice, mientras le prepara los martinis a una parejita que se come la boca al otro costado de la mesada. Salgo del bar, el clima se ha refrescado. El tipo me sigue como una sombra, supongo que lo hace, porque se ha quedado mudo. —¡Mierda! —grito— ¡Cómo me duelen los pies, malditos tacos! —me los saco, y camino descalza. Una cuadra después, de mi brasier saco la llave de la puerta y ya estamos en casa, en mi calentita casa. Enciendo la luz. Mi desastre es evidente, no esperaba invitados y menos traer desconocidos. Y yo disque cuidando a mi amiga de un desconocido, y termino trayendo a uno a casa. Ja, eres tan incoherente, Dulce... Cuando salgo de mi letargo, el tipo sostiene su camisa manchada en la mano, y espera a que se la reciba. —Lo tendrás en unos minutos —se la recibo—. Puedes sentarte... si encuentras donde —le digo y me dirijo a la cocina, que es ahí donde tengo el lavarropas. Meto la camisa y cierro la puerta. Pongo un lavado flash, que tarda dos minutos y programo el secado extremo que tarda tres minutos, en total cinco minutos como se lo prometí al extraño que aguarda en mi sala de estar. Suelto un gran bostezo estirando las manos, con la intención de regresar a la sala a ver lo que hace mi invitado desconocido. Pero ni bien giro, lo tengo apoyado en el marco de la puerta, como se ha sacado la camisa, está desnudo de arriba, y recién ahora que estoy relajada, le veo mejor. Es rubio y atractivo, demasiado diría yo, y eso no es todo, sus brazos son fuertes, y ¡diooos!, ese abdomen plano y duro... uhmmm peeeerooo no pasa de los veinticinco, y por eso deja de interesarme. —¿Mi camisa? —Estará en cinco minutos, como lo dije. —Es un Armani. —Lo he notado —le digo—. En realidad vi la etiqueta y he notado la calidad de la tela, pero es de mal gusto andar diciendo a la gente de qué o cuál marca viste uno. —Dime que al menos sabes que se lava con agua fría. —No, ¿cómo lo iba a saber? El tipo no tiene buena cara, controla el pasar de los minutos, y me pone nerviosa. Mi lavarropa suena. Voy por la dichosa camisa Armani. —Bien, como lo he prometido. Aquí tienes tu camisa y puedes volver felizmente al bar. Quiero que se vaya para poder dormir, ya le contaré a mi amiga lo que ha pasado. El tipo se pone la camisa y, oh, mierda. Le queda chica. Se le ve tan gracioso que me mato de la risa, a pesar de que está disgustado conmigo. —Escúchame. Debes solucionarlo —me dice. —Hice lo que pude por solucionarlo, hasta te traje a mi casa para lavarte la camisa. —Fuiste tú la que lo ofreció. — Y ya te la dejé sin manchas, como nueva. ¿No lo ves? —Encojo los hombros. —¿Bromeas? Se ha encogido. Consígueme otra camisa. —No puedo. —Dame una de tu marido. —Es que no estoy casada, no sé de dónde sacas que lo estoy. —Grandioso, y ahora no puedo regresar al bar. —Cuánto lo siento, pero es hora de que te marches. Hice todo lo que pude para solucionarlo —le señalo la puerta de calle. Cuando está a un paso de la puerta se detiene. —Podrías pagarme este desastre de otra manera. ¿Qué trata de insinuar? —No tengo dinero, y ni sueñes que te voy a pagar un solo peso porque no lo haré, no conseguirás de mí ni un centavo Ahora vete que estoy muerta de sueño y mañana trabajo todo el día. Pero el tipo no se mueve. Da media vuelta y se queda frente a mí. Ahora que lo veo mejor, tiene los ojos claros como el mar. Al igual que yo le observo a detalle, él hace lo mismo conmigo. —No quiero tu dinero. —¿Entonces qué es lo que quieres?—ya me siento impaciente, quiero que se vaya, lo que sea que me pida se lo pienso dar. —Esta noche iba a tener una cita que iba a terminar en un delicioso encuentro s****l. Quiero eso; que me des lo que iba a tener con mi cita. No puede estar hablando en serio. —¿Estás demente? —Debes solucionar lo que causaste. Respiro hondo para no perder la paciencia. —Mira, podría denunciarte por acoso s****l. —Todos en el bar vieron que me invitaste a tu casa, es más, comienzo a sospechar que me arruinaste la camisa intencionalmente. —¿Por qué querría traer a casa a un desconocido, y además pesado y arrogante? Me atraen los hombres mayores, y por lo que veo, no debes pasar de los veinticinco, ¿o tienes menos? He golpeado su orgullo masculino, haber si así se calma un poco y deja de hacerse ideas de que le manché a propósito, porque no lo hice, y no pienso acostarme con él. —Mi camisa —me dice señalando el sofá dónde lo ha dejado. Se ha deslizado y ha caído una parte sobre la caja de la pizza que cené anoche, y la otra parte está sobre mi vieja alfombra manchada de vino y otros líquidos de años pasados. Voy a traérsela. Me agacho para juntar su maldita camisa de Armani, y de repente, por detrás siento su cercanía, me sujeta por detrás y me lleva hacia él, en el acto siento el bulto engrosarse en sus entrepiernas, me exalto, retrocedo, casi al mismo tiempo descubro lo excitante que ha sido que me tocara de esa manera sorpresiva. Mira su reloj, está fastidiado. —Es inútil que regrese al bar, incluso con esta camisa arruinada, mi cita se ha ido. Debes compensarme. He perdido la posibilidad de tener sexo. Es culpa tuya. —Toma tu camisa —le digo, y se va acercando poco a poco hasta que casi rosa mis labios, siento que está a punto de besarme, a mi cuerpo le gusta, un calor intenso recorre por toda mi piel, me he mojado, hasta podría dejar que me besara en este momento. —Lo estoy considerando mejor, tal vez no tengas experiencia en el sexo, a pesar de insinuar eres mayor de lo que aparentas, y por eso reaccionas tan mal a mi pedido, olvídalo, no quiero perder el tiempo con alguien que no sabe disfrutar del sexo, tal vez no sabes ni siquiera besar. ¿Trata de humillarme? —¿Cómo te atreves a insinuar que no sé besar? todos mis ex novios podrían decirte lo rico que beso. —Ya, pero eso lo dices tú, yo, hasta que no te bese, no lo sabré. —Entonces, bésame. Ni he terminado de decir lo que quería y ya tengo sus labios en los míos, su lengua me invade y busca a la mía, estoy excitada y sedo, acepto el juego, es solo esta vez... ¿qué puede fallar? Y antes de lo que me esperaba se aparta de mí. —Más o menos... no lo haces mal, pero no llegas a sorprenderme.—me dice luego de este beso tan apasionado. Ajjjj como odio que menosprecien mis capacidades, no se lo permitiré a un extraño. —Lo que pasa es que huyes al ver que soy toda una mujer, no como la chiquilla que, seguramente pensabas cogerte esta noche —ataco con todo, si piensa que va a poder conmigo, sueña. Ahora me mira de una manera que no puedo saber lo que pasa por su cabeza en este momento. —Desnúdate —me ordena. ¿Cree que voy hacer lo que pide? —Desvísteme tú. De nuevo, casi al instante comienza a sacarme la ropa de arriba, me saca la blusa oscura con un calado suave y el brasier. Recorre con la mirada cada centímetro de mis tetas... —Tus pezones oscuros... me calientan. Con delicadeza me chupa un pezón, y luego el otro, lo hace con placer, con sus manos fuertes y suaves, me mira a los ojos, y descubro fuego en los suyos, ese fuego se expande en mí, me dejo llevar, no sé lo que estoy haciendo pero me gusta, enseguida, me levanta en sus brazos, busca el dormitorio hasta que lo encuentra, es otro desastre, al menos hoy, antes de ir a trabajar, he ordenado un poco y llevé al placard el montón de ropa que tenía encima la cama, y por eso, ahora puede lanzarme sin problema a ella. Viene hacia mí, me saca la minifalda, las pantis, y me deja en bragas,mientras sus ojos recorren ahora la parte de mí que desconocía... mis piernas, mis entrepiernas... —Mmm, estás mojada... Se saca el pantalón, y me enseña su paquete, su sable largo y grueso, acercándose a mí... Se va poniendo un condón. —A menos que seas virgen... no estaría bien que te quite la virginidad solo por una camisa, ya sea de Armani o Praga. —Cierra la boca y folláme. —Mi cuerpo parece poseído por la lujuria, se agita deseándolo. Él se acerca, hace a un lado la parte de mis bragas que cubren mi húmedo coño y me embiste. —Ahhhh —Uhmmm lo tienes apretado... y rico... Su lengua recorre mi cuello y baja hasta mis pezones y las lame lentamente, la sensación es intensa, siento que me vengo... Me mira con esos ojos claros que me hacen sentir deseada. —Eres muy sensible... —vuelve a lamerme los pezones de una manera en que se me endurecen, mi cuerpo parece estallar en sensaciones sublimes, jadeo, y eso hace que se la ponga más dura y sus embistes se aceleran, hasta que está por venirse, pero se detiene... respira con dificultad, y saca su paquete de mi... Mi coño palpita con más ganas, me siento sucia, caliente... —Ponte de rodillas... Llevada por la lujuria, simplemente lo hago, mientras él se masturba... —Abre la boca... Y de nuevo hago lo que me pide. Me pasa su pene por mis mejillas, por los labios y luego me la mete en la boca, y me gusta, se la chupo como si fuera una deliciosa, y apetecible paleta de helado, hasta que su cuerpo se tensa y su espalda se curva hacia atrás, se viene en mi boca, siento sus disparos, me llena la boca con sus fluídos, y me lo trago de una. Por unos minutos permanezco agitada, él toma el condón que se ha sacado antes de que se la mame y lo deja sobre la mesa de noche. —Bueno, no estuvo tan mal. ¿Dónde queda el baño? Le señalo con la mano, me he quedado muda. Se asea y vuelve al dormitorio, yo sigo en la misma posición en la que me ha dejado. —Tengo que marcharme —suelta. —¿Es lo que haces a menudo? ¿Usar y tirar? —No malinterpretes la situación, esto solo ha sido una compensación por arruinar mi camisa Armani y por hacer que me pierda de una noche de sexo de calidad, y hasta donde recuerdo, estabas de acuerdo. A pesar de eso, me siento una tonta, una completa estúpida y no entiendo por qué... —Sí, claro. Solo vete. —Estaré en tu sala de estar hasta que vengan a buscarme —se lleva toda su ropa, piensa vestirse afuera. —Solo sal de mi vista —le lanzo la almohada, y él lo esquiva. —Pero sí que tienes un mal genio. —¿Qué mierda te importa? —¿Eres bipolar? —Jódete —paso por su lado, me voy al baño, y mientras me lavo los dientes siento que he caído en su trampa, que ha tenido de mí lo que ha querido y no he sido capaz de negarme, todo lo contrario. Me cepillo tan fuerte los dientes que me lastimo. Cuando salgo del baño y paso por la sala, me doy cuenta que ese pesado de ojos de mar se ha ido.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Cautiva por la bestia

read
17.2K
bc

[+21] LLAMADA DE AMOR PARA EL CEO ©

read
17.9K
bc

Bailando con el Diablo (+18)

read
41.7K
bc

Nocturnos

read
63.2K
bc

PADRASTRO E HIJASTRA

read
61.3K
bc

[+21] BLACKGOLD ©

read
68.9K
bc

Hazme tuya, Papito Alfa

read
5.9K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook