AUSTIN
Dejé a Jayden esta mañana en casa. Me preocupa que pueda hacer un desastre, recuerdo lo que pasó hace unos días en la cocina y algo en mi estómago se remueve. No tiene idea del mundo, necesita que lo estén vigilando como a un niño pequeño, pero no puedo quedarme en casa si debo ir a la universidad, además, necesito quedarme horas extra para trabajar en mi proyecto.
Por culpa de mi estupidez me quedé sin un brazo, así que ahora debo continuar mi búsqueda. Mi universidad hace concurso todos los años, si mi proyecto es lo suficientemente bueno podrá entrar en la lista de concursantes de este año, y si gano uno de los primeros lugares me entregarán un premio monetario, y Dios sabe que necesito el dinero.
Debo hacer reparaciones en el departamento, cada vez está más decaído. Mamá hacía todo lo posible, pero yo soy un estudiante, y robótica implica muchas horas de estudio y desvelos, no tengo tiempo suficiente para un trabajo, pero tendré que hacerlo. Ya intenté pedírselo a Rosco una vez, y me lo negó. Mis opciones se terminan, y ahora con Jayden merodeando siento que las cosas, en lugar de mejorar, empeoran. No sé qué hacer.
—¿Te quedarás después de clases? —Peter me sorprende sentándose a mi lado en mi descanso.
—No puedo, tengo cosas que hacer —parece un poco decepcionado.
—Me sorprende, ¿aún no has comenzado con tu proyecto? Aprovechar el tiempo es crucial.
—Lo sé, pero no he encontrado la pieza indicada. Fui al depósito de chatarra el otro día y fracasé. No tengo suficiente dinero por ahora —explico. No me gusta estar causando lástima a nadie, así que doy el tema por cerrado.
—Si necesitas dinero, puedo prestarte.
Me sorprende, sé que Peter es buen chico, pero no nos conocemos tan bien como para prestarnos dinero así, sin el sello de amistad. Sé que aborrece a Lewin tanto como yo, quizás sea una de las razones; Peter desea que yo sea quien le gane, ya lo he hecho en otros proyectos, y sí, debo admitir que es satisfactorio ver su cara desencajada, pues ni todo su dinero es suficiente para humillarme.
Ahora estoy dudando, quiero ganar, no para reírme de Lewin, sino por necesidad. Mi proyecto debe recibir el suficiente reconocimiento como para ser considerado para el concurso, solo así puedo tener una oportunidad para ganar aquel dinero.
—Te lo agradezco, Peter, pero no es necesario. Ya sé lo que debo hacer.
Mentira. No tengo ni puta idea. Esto no pinta bien.
***
Regreso al departamento después de mis clases. Reviso con cuidado, no hay humo alrededor, nada está fuera de lugar, todo parece en orden. Qué alivio, por un momento pensé que mi suerte de mierda se llevaría también lo único que tengo.
Dejo caer mi mochila en el sofá y mis pies se arrastran hasta mi recámara. Mis zapatos terminaron en algún lugar del pasillo, ya los recogeré más tarde. Estoy cansado y sin ánimos. Han pasado solo unos días desde que Jayden está aquí conmigo, y ya acabó con toda mi energía, lo poco que le he enseñado parece haberlo captado a la perfección… excepto por este detalle.
—¿Cuántas veces te he dicho que no entres a mi habitación?, y para colmo sigues recostándote en mi cama —le digo con clara molestia. Podrá no ver, pero sé que reconoce cuando estoy enojado.
—Lo siento, la espera es menos larga si estoy aquí.
—¿Espera?
—Te vas por mucho tiempo, si duermo en tu cama es casi como si estuvieras aquí… conmigo. Mis sueños se tornan felices.
—Qué tontería. Además, un human doll no puede soñar—lo veo sonreír un poco ante mi afirmación.
—Ya lo he hecho varias veces. Hay imágenes en mi mente.
—No hay tal mente, Jayden, es solo tu programación. Todo en ti depende de unos circuitos. Tal vez alguien insertó esas imágenes en tu chip y por eso puedes verlas, pero nada más. No son sueños.
—Pero tú estás en ellos.
—Eso es imposible.
—Tal vez no tienes todas las respuestas.
Esto último me ha hecho enfadar. Sé que no tengo todas las respuestas, pero sin duda sé más que él. No puede afirmarlo así de la nada, no me conoce. Respiro profundo un par de veces, después de eso lo tomo del brazo y lo saco de mi habitación. No tengo tiempo para aguantarlo hoy.
Le escucho llamarme al menos cinco veces antes de alejarse de la puerta. No sé a dónde fue ni me importa. Jayden se está convirtiendo en un dolor de cabeza constante. Lo último que me faltaba era que me dijera aquello.
Sé que tengo razón, un human doll no puede soñar, los sueños son complejos y difíciles de comprender, la ciencia aún los estudia; es imposible que la compañía Lutz haya hecho realidad que un doll como Jayden pueda producir sueños involuntariamente. No tengo cómo probarlo, pero no lo necesito. La simple idea de imaginarla es estúpida.
Sé que es extraordinario, nunca vi uno igual, él es un caso especial. Tocarlo se siente tal real, su cabello, su rostro, inclusive esos ojos vacíos, es especial; pero no es solo eso, la capacidad que tiene Jayden de aprender cosas nuevas es superior a cualquier otro muñeco. Eso lo admito. Claro que su ceguera le resta puntos, pero de poder ver no puedo imaginar qué otras cosas puede ser capaz de hacer.
Ahora que lo pienso, hay una cosa que sí está muy mal en él. El día que casi provoca un incendio me di cuenta de ello, estuvo expuesto a todo ese humo y calor, su piel no sufrió daños, el material con el que está fabricado es resistente, pero ese no es el problema. Su sensibilidad al calor y otras situaciones de riesgo, es casi nula, no siente dolor. Y eso lo hace vulnerable. Los humanos podemos saber cuándo algo nos duele y actuamos a tiempo, un brazo roto, una herida, alejarnos si algo está caliente; una situación de riesgo para él será solo un cosquilleo. Creo que Lutz tiene un gran problema con esto.
Sonrío, sí, tienen un grave problema, y yo un nuevo tema de proyecto. La entrega de Jayden tendrá que esperar.
Me levanto de un salto de la cama. Al fin tener a Jayden puede ser de ayuda, quizás me precipité un poco al pretender deshacerme de él. No pienso regresar a esa casa, si su dueño es un matón prefiero mantenerme alejado, por lo pronto debo ser cauteloso y no exponerlo demasiado por las calles. Puede que sea buena idea que me acompañe de vez en cuando a la Universidad.
Salgo de la habitación con un nuevo objetivo. Mi sujeto de pruebas me espera.
Lo busco en la sala y cocina, pero no está. Solo queda revisar el cuarto de mi madre. Cuando empujo la puerta puedo verlo acostado en la polvorienta cama con sus ojos cerrados. Algunas cosas están tiradas por el suelo, debió golpearse con ellas cuando recién ocupó la habitación. Me acerco esquivando algunos objetos del suelo hasta posicionarme al lado de la cama. No parece haberse percatado de mi presencia.
Verlo justo ahora me parece algo tierno. Es un doll muy guapo, debo admitir, cualquier chica estaría encantada de tenerlo.
Me inclino un poco y acerco mi mano a su rostro. Mis dedos acarician su mejilla, es suave, pero está fría. Permanezco haciéndolo por unos segundos más hasta que decido retirarla. No vi venir el momento en que su mano aprisionó la mía, impidiendo que me alejara.
Vaya, le tomó varios segundos, pero pudo sentirla.
—Estás aquí —lo veo apegar más su rostro a mi palma.
—Sí. Tienes razón, no tengo todas las respuestas. Eres el doll más complejo que he visto jamás. Y por ese motivo quiero estudiarte. Buscaré una manera de arreglarte, y también modificaré la sensibilidad de tu piel prefabricada para lograr que los estímulos exteriores actúen en tus receptores nerviosos, si es que los tienes.
—No entiendo a qué te refieres —tira de mi brazo, esto hace que caiga sobre él—. Pero gracias, amo.
—De… de nada —¿por qué balbuceo?, ¿qué diablos pasa conmigo?— Jayden, ¿puedes sentirlo?
—¿Sentir?
—Mi cuerpo sobre ti —digo, y creo que mis mejillas están coloradas. Esto es vergonzoso, y estúpido, ¿por qué me avergüenzo por algo así?, es decir, se trata de Jayden, no de una persona real.
No responde, en lugar de eso acerca su mano y aprieta suavemente mi brazo. Luego de eso mueve sus dedos, cosa que me causa cosquillas y la necesidad de morderme el labio. Es una locura. Esta sensación de aceptación es nueva, o en realidad no, la he sentido antes, hace algunos años ya cuando descubrí que me atraía mi profesor de química. Esto no puede ser, ¡me siento atraído por un doll! Digo, el maldito es guapo, pero no puede gustarme esto.
Me alejo de la cama y camino algunos pasos atrás. Él se inclina hasta sentarse y parece de lo más tranquilo, a diferencia de mí.
—Eh, mañana me acompañarás a la universidad. Espero que te comportes y no hables con nadie, excepto conmigo.
Veo una sonrisa automática y asiente con la cabeza.
—¡Lo haré!, obedeceré cualquier cosa que me digas.
Carraspeo. Incapaz de decir nada más salgo de la habitación en busca del mi móvil que dejé bajo la almohada. Tener a un chico guapo que te sonríe todo el tiempo es agotador. Confieso que he visto a más de un chico en el pasado, pero jamás he tenido una relación, ni quiero tenerla. La robótica consume todo mi tiempo, no podría lidiar con una pareja, no soy romántico ni detallista, qué tontería. Prefiero no perder mi tiempo en romances cursis.
Que Jayden sea un doll hace las cosas más fáciles, odio a las personas que mantienen una relación con esas máquinas. Es estúpido y lamentable. Pese a mi desagrado admito que Jay es lindo, después de todo no soy ciego, pero nada más pasará porque no me interesa.
Con el móvil en mis manos busco entre mis contactos. Lucy es la amiga más antigua que conservo, se fue a Singapur para estudiar Ciencias orientadas a la psicología. No la veo desde hace un par de años, pero solemos hablar por teléfono con frecuencia.
No le he hablado de Jayden, creí que era mejor que no lo supiera, pero ahora no sé qué pensar. Si la llamo querrá conocerlo y después lo interrogará con sus astutas preguntas. Pero pese a ello necesito un consejo, y ella es la única persona a la cual le confiaría todo con respecto a mi vida.
Inhalo hondo y dejo soltar el aire justo en el momento que pronuncio “Llamar a Lucy”
Descarto la videollamada por ahora. Su foto aparece en la pantalla sonriéndome, y dos toques después escucho su voz grave.
—¡Austin! ¿Me escuchas?
—Sí, hay un poco de ruido, pero te escucho —respondo con una sonrisa, me hace gracia— ¿En dónde estás ahora?
—En el mercado, vine por algunas verduras con Jeremy.
Jeremy es el novio de Lucy, ambos se conocieron en la universidad. Él es extranjero, al igual que Lucy viajó a Singapur para estudiar la universidad, no tengo idea de qué, nunca me lo ha dicho, o quizás sí pero no lo recuerdo.
—¿Va todo bien? Nunca me habías marcado tan temprano.
—Recuerda que a veces olvido la diferencia horaria y te marco a las tres de la madrugada.
—Gracias por no olvidarlo esta vez, cariño —Lucy parece haberse alejado del ruido, porque no lo escucho más—. Estoy sola ahora, dime, ¿qué pasa?
Creo que a ella no puedo ocultarle nada.
—Verás, hace unos días… ¿Recuerdas el proyecto del que te hable? Bueno, pues creo que cometí un pequeño error y… al final estoy viviendo con alguien.
—¿QUÉ? —alejo un poco el móvil de mi oreja— ¿Quién es?, ¿Cómo se llama?, ¿Es guapo?
—No es lo que crees —comienzo, doy un suspiro que solo parece impacientar más a Lucy del otro lado de la línea—. Se llama Jayden, y sí, es muy guapo, pero ni siquiera es mi tipo, ¿está bien? Ah, y es un human doll.
Pasan los segundos, diez o quince quizás. No lo sé, pero una especie de gemido ahogado viene después cargado de más preguntas.
—¡Pero tú los odias!
—Lo sé.
—¡Odias a la compañía Lutz!
—Lo sé —reitero con fuerza.
—No tiene sentido.
—Créeme, ni yo mismo lo entiendo. Sé que los Human D son mera entretención, pero si lo vieras te darías cuenta, Lucy. Él no es un simple muñeco, hay algo que lo hace diferente, y voy a averiguar qué es.
No estoy seguro de cómo, pero estas no son palabras vacías. Creo que Jayden es la inteligencia artificial más cercana a lo que se puede considerar humana.