Cap. 1 Mi debut.
Cada paso que doy, siento que mis piernas se doblan solas y temo por terminar rodando. No entiendo por qué la sola presencia de ese hombre puede provocarme algo así y más que no deja de poner su mirada en mí. Se me hace eterno el camino, me tengo que sostener fuerte de mi padre hasta que por fin damos el último paso para llegar al final de la escalera.
—¿Pasa algo? —Mi padre pregunta.
—No, nada es, solo que estoy un poco nerviosa.
—Si te sientes mal, podemos irnos.
—Audrey, por Dios, es normal que se sienta así. Es su primer baile, no lo quieras tomar como excusa, ya hablamos de este día y espero que te portes de manera adecuada. —Mi madre lo reprende.
—Procuraré, ve nada más como todo el mundo nos mira.
—Era de esperarse, nuestra hija es hermosa.
—Tal vez las miradas no sean por mi madre, tú eres aún más hermosa y estoy segura de que muchas de las miradas van dirigidas a lo hermosa que estás hoy.
—Eso no es nada alentador para mí, mejor si nos regresamos.
—¡Audrey!
—¡Padre! —Decimos al mismo tiempo mi madre y yo, ya que mi pobre padre es imposible. Está sufriendo.
—Sus excelencias, un gusto verlos —. Al Vizconde, se acerca a saludar, apenas damos un paso dentro del salón —. Señorita Annabel.
—Vizconde, qué gusto verlo, supongo que está aquí por debut de su bella hermana —le dice mi padre y le da una mirada profunda.
—Así es su excelencia, pero también porque estoy en busca de la futura Vizcondesa —le responde y dirige su mirada a mí con una gran sonrisa, que me hace latir fuerte el corazón.
—Esa es una excelente noticia, Vizconde, ¿y ya ha tenido oportunidad de ver o conocer a las debutantes?
—Ya, la mayoría de las madres aquí presentes me han presentado a sus bellas hijas.
—¿Y alguna ha sido de su agrado? —Mi madre preguntó muy interesada.
—Son todas muy lindas —dice y yo frunzo el ceño—, seguro son tan lindas que no sabe ni a cuál elegir —. Pero creo que mi corazón ya ha elegido, solo espero tener la fortuna de ser afortunado y ella me corresponda. —Lo dice y me mira fijamente.
—Eso es bueno que ya tengo claro a quién es a quien quiere, así se evitará estar conociendo y visitando a medio Londres.
—Así es su excelencia, solo espero que usted, como todas las madres aquí presentes, me haga la presentación oficial de su bella hija —Ay, a mí me va a dar algo y a mi padre por igual, ya que le ha dado un pequeño ataque de tos.
—¿Estás bien? —Mi madre pregunta preocupada a mi padre.
—Sí, solo se me atoró algo. Vizconde, no creo que haya que hacer alguna presentación, usted y su familia son casi miembros de la nuestra, ya la conoce —mi padre responde firme.
—Me refería su excelencia a que se me presentara como debutante y aprovecho la ocasión para solicitar su permiso, para ser el primer pretendiente que tenga el honor de estar en su salón el día de mañana.
—Pero vemos llegando —. Siento que mi padre se infartara y en verdad que admiro la valentía del Vizconde, que no se inmuta y sigue firme observándome con una bella sonrisa.
—Justo por eso es que me atreví acercarme a su excelencia. Como pudo notar, la gran mayoría de los caballeros aquí presentes están con su vista fija hacia esta dirección y no estoy dispuesto a perder el tiempo, ni dejar que alguien más se me adelante. Disculpe si estoy siendo tan directo, pero me gusta hablar de frente ante mis intenciones. —La cara está roja y sus puños apretados, si yo fuera en conde saldría corriendo.
—Y se lo agradecemos, Vizconde, además de que nos encantara y horrara con su visita —Mi madre toma del brazo a mi padre y responde.
—¿Y tú, Annabel, también estarás encantada y honrada con la visita del Vizconde? —Mi padre me mira fijo y pregunta.
—Yo, yo estaré realmente encantada de recibirlo, Vizconde —. La mirada de mi padre me pone nerviosa, pero dejo de mirarlo y me pierdo en la bella sonrisa del Vizconde y es cuando la respuesta sale sola.
—Bueno, ahora solo espero que me conceda el primer baile y, si fuera posible, todos los que restan de la noche —Él me mira con una sonrisa aún más bella.
—Creo, Vizconde, que eso ya sería mucho, hay que dar oportunidad a los demás caballeros —Mi padre dice.
—Tiene razón su excelencia, daré oportunidad a los demás caballeros. Señorita, ¿me permite que anote mi nombre en su tarjeta?
—Claro, será un placer —le digo y con eso concedo a él mi primer baile y la primera visita como mi pretendiente oficial.
Él se retira y me voy junto con mis padres a seguir saludando gente, me siento como si estuviera apestada, la gente viene a nosotros como nunca, digo siempre busca granjearse con mis padres, pero hoy entre caballeros y damas mostrándome las grandes cualidades de sus jóvenes herederos, me empiezo a sentir un tanto asfixiada.
—Es momento del primer baile, vamos —El Vizconde se acerca y lo agradezco, ya que no sabía cómo salir de las garras de las Brown, quienes estaban contándome desde el momento en que su sobrino vino al mundo —Bueno, creo que aún falta para que inicie, pero la vi bastante aturdida con las damas.
—Muchas gracias Vizconde, en verdad que me ha salvado, apenas íbamos en el momento que Lord Brown, salió del vientre de su madre y casi, casi salió hablando —Digo y ambos reímos, todo mundo soba que esas señoras son bastante presumidas y vamos su pobre sobrino no es más que un pobre chico enfermizo y antipático, pero que lo presumen como si fuera un prodigio.
—Es un placer ser su salvador, además de que es el pretexto perfecto para estar junto a usted. —Paso saliva ante sus palabras, es un hombre tan encantador y directo, que me deja totalmente sin palabras.
—Creo que ahora sí, ya comenzará el baile —le digo y él toma mi mano, lo cual hace que mi cuerpo se erice ante su tacto.
Nos ponemos en nuestra posición para dar inicio a la cuadrilla, disfruto mucho del baile, es una manera de poder liberarse, el baile me hace sentir un poco libre, y compartirlo con el Vizconde, es aún más placentero, ver su bella sonrisa y sentir su mirada de admiración y creo que con un poco de deseo me hacen sentir que floto.