CAPITULO 4

1278 Palabras
ALESSANDRO. Desde la primera vez que la vi, supe que era ella. Don Maximiliano me había mostrado sus fotos pero jamás pensé que fuese tan hermosa. Era una bella joya en medio de pulseras de nailon y pepitas de colores. Camila era una alucinación para todo aquel que la viese. Un hermoso Angel caído en verdad. Pero lo opacaba esa belleza, era ese carácter egocéntrico y poco gentil que poseía. Sifrina, por supuesto, tenía que venir del otro lado. Creció en un país donde vestirse a la moda es lo primordial. Estaba tan cautivado por ella que casi la llevo por delante con Sombra, lo bueno es que el retrocedió, pero de igual manera callo hacia atrás. Por un momento quise carcajearme pero al ver su cara de enojo, decidí que era mejor guardarme la burla. Verla de cerca fue mucho más impresionante, esos bellos ojos grises. Casi boto baba por ella. Era mas que hermosa, era como una Diosa griega, era como las imagines de los libros que he leído. Perfecta… Pecaminosamente bella… Pero que podría esperar un pobre campesino como yo a que esa mujer me parase pelotas, era muy obvio que yo era para ella una cucaracha para sus bellos tacones de marca. Cuando la vi nuevamente en la ascienda fue como una deliciosa vista, ella entre medio de un lugar rustico, poco suave para una mujer de su medida. Me sorprendió mucho que haya perdido la compostura y que intentase pegarme, pero no saben cuánto disfrute tomar esa delicada mano blanca de piel suave como la mismísima porcelana. Verla enojada y muy cerca de mí, activo un deseo que se me fue difícil controlar. Por mi mente pasaron muchas cosas morbosas que me gustaría hacerle, pero Camila Vidal es tan prohibida he imposible que incluso duele. Verla llorosa y molesta, sembró el sentimiento de posesividad, que incluso me dieron ganas de golpear a mi padre por hacerla llorar. Entro al despacho junto con la señora Felicia, hermana menor de don Maximiliano. Él estaba inclinado hacia delante con los codos en su escritorio de caoba. Sus manos tapando en su rostro contraído por la tristeza y tenso muy tenso. Algo debe haberle dicho Camila para que se pusiera de esa manera. El levanta la mirada al escucharnos sentarnos frente a él. Sus ojos van a la señora Felicia quien lo miraba neutral- no has criado bien a mi hija. Te confie a Camila pero la has convertido en una superficial mujer, que solo le importa ella y más que ella. -Ese trabajo no me tocaba a mí, tú debiste de criarla, más bien hice mucho por ella. La convertir en una noble chica de la alta sociedad en Europa. Es la mejor en el trabajo, sabe más de tres idiomas, y es una excelente modelo reconocida. La convertí en alguien importante, y tú muy bien lo sabes- responde seria y con los brazos cruzados bajo sus senos, su acento francés es muy pronunciado igual que el de Camila, aunque con un toque mucho más sofisticado. -No quiero a esa hija, quiero a la chiquilla que amaba ensuciarse en el barro, una hija que respeta a sus mayores y que ama a su padre con todo el corazón- murmura padre molesto. La mujer se levanta de golpe y se acerca a la mesa, colocando sus manos sobre ella- tu hija te odia, y no es por mi culpa, tu muy bien lo sabes Maximiliano, su actitud no siempre es tan petulante, y si lo es contigo es por su aversión hacia ti, sabes bien que tiene sus razones. -Pienso dejarle una parte de la finca a Alessandro- dice, me sorprendo al escucharlo, incluso fruncí el ceño por su noticia. Los ojos de padre se enfocan en mí- te lo mereces, y lo sabes. -No deseo nada, ni mucho menos deseo cobrarle nada, ha sido suficiente con lo que usted me ha dado. -No Alessandro, todo lo que ha progresado nuestra hacienda es por tus grandes ideas, eres un hombre palante, no te importa nada, eres un buen muchacho oficioso y obediente, eres el hijo que nunca tuve, y realmente yo te lo quiero dar- asiento, no digo nada, solo me mantengo callado. -No me parece justo, pero si es tu decisión la acepto, aunque por lo que vi, Camila no está muy feliz por eso. -Ella se quiere ir, incluso me dijo que no quería la hacienda, pero esa muchachita no hará lo que le venga en gana, no volverá más a la Francia, se quedara aquí, donde pertenece. -¿La obligaras a quedarse para siempre aquí? -Sí, ya lo dije, ella pertenece aquí, no creo que se muera por eso ¡oh sí! -Maximiliano no estás pensando bien las cosas, ella tiene una vida halla, la harás perder su carrera profesional solo porque… -¡Ya basta Felicia!- grita padre- ella es mi hija, y yo solo yo decido por ella soy su Apa, y soy el que paga sus gastos. -No te equivoques Maximiliano, hace tiempo que tu hija dejo de utilizar tu dinero, ya no lo necesita tiene mucho más con lo que hace. -No pienso seguir viendo a mi hija desfilar como una rabalera en esas pasarelas- me levanto un poco molesto por su forma de referirse a ella. -Creo padre que deberías pensarlo, quizás sea buena idea que hables con ella y le propongas una rigorosa propuesta. -Para ser del campo hablar muy educadamente- sonrió de lado. -De que trabaje en el campo no significa que no haya estudiado señora- la mujer me mira de arriba y abajo y asiente. -¿Qué propuesta propones muchachito?- intento acentuar el acento apureño pero al igual su acento francés dejo su toque en cada monosílaba. -Que ella voluntariamente trabaje conmigo en la finca, a todo lo que conlleve hacerse en el rancho, por un año hasta que padre mejore. Si lo hace bien, y sin quejarse entonces padre la dejara irse. Estás de acuerdo padre- miro al hombre frente a mí. Él lo piensa por un momento para luego asentir con una sonrisa. -Me parece bien eso, siempre he dicho que eres un hombre muy inteligente- sonrió. Aunque la mujer frente a mí no está muy feliz por mi propuesta. -Ustedes dos llevaran al límite a mi sobrina- dice antes de marcharse. Miro a don Maximiliano, él se encoje de hombros. -Siéntate muchacho, necito hablar algo muy serio contigo- no digo nada solo obedezco- sé muy bien la miradita que le has dado a mi hija, y lo que vi en cierta forma me intrigo- trago salima y me remuevo incomodo, trato de no mirarlo para ignorar su mirada- por lo que veo, entonces estoy en lo cierto. -Padre… -No digas nada Alessio, te conozco demasiado bien para que puedas engañar a este viejo, incluso mi hija no me engaña, a pesar de que haya vivido lejos por muchos años. Lo que quiero decir con todo esto es que… pensándolo bien ustedes dos harían una muy buena pareja- frunzo el ceño. -Pero… -No, déjame terminar… lo que quiero decirte Alessandro que si a ti te gusta mi hija, entonces te permito que la cortejes- me sorprendo por lo que me está diciendo- te prefiero a ti como esposo de mi hija que una de esos maricas narcisistas de halla. No quiero que en vez de nietos puros machos, nascan…- niega- no quiero ni imaginarlo. -Si le soy sincero, su hija no es mi tipo- miento- además es demasiado pipirisnais (sifrina) ya sabes, esas chicas asi son demasiado ellas como para enamorarse de un simple capataz. -Nunca digas nunca mijito, mire que nosotros, no sabemos hasta donde el de arriba es capaz. Y el mundo da muchas vueltas. Y quien sabe, y mi hija te para pelotas he. -No lo creo…- aseguro, ella es demasiado egocéntrica y pretenciosa como para fijarse de un pobre diablo como yo.
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