-Hija, por favor toma asiento- miro a mi alrededor, ver nuevamente el despacho de mi padre me hace sentir un poco incomoda. Recordaba aquellos tiempos en donde me metía en problemas y padre me traía aquí para regañarme.
A diferencia de muchos padres, él nunca fue capaz de levantarme la mano, ni mucho menos de golpearme. A parte de que soy hija única, me hace un milagro para él, ya que padre no podía procrear.
-Por qué te has casado- es lo primero que le pregunto, el me mira por un par de segundos antes de desviar la mirada.
-Ha llegado un tiempo en que me he sentido un poco solo, y pues Sara es una muy buena mujer, pero no estoy casado con ella, solo estamos ajuntados, vivimos juntos solamente hija mía.
-Por supuesto- asiento- si ella está aquí, no era necesario que me llamaras, esa mujer muy bien puede cuidar de toda la hacienda.
-Lo sé, pero no es alguien que lleve mi sangre ni mucho menos es mi esposa como veras, hija mía… ya era hora para que regresaras y tomaras mi lugar. No podías quedarte en la Francia toda la vida, tu hogar es este, y tú eres mi heredera dueña de una buena parte de esta hacienda- frunzo el ceño.
-¿Una buena parte? ¡qué quieres decir con eso!- pregunto.
-Que la otra es de tu hermano- responde, me levanto de la silla con rapidez.
-Yo no tengo hermanos- respondo enojada- no pienso compartir mis tierra con bastardos tenlo por seguro.
-Te equivocas Camila, estas aún siguen siendo Mis tierras, y una no tan grande parte es de mi hijo Alessandro.
-Desde cuando Alessandro es tu hijo, que yo recuerde siempre he sido hija única, acaso cuando estabas con mi madre le montabas los cuernos.
-No, siempre fui leal a tu madre, pero antes de conocerla yo estaba saliendo con alguien más, ella dio a luz a un niño, y aunque me había hecho creer que es hijo mio todo fue una mentira, mande hacerme una prueba de ADN y salió negativo, de todos modos lo adopte cuando su madre murió de cáncer.
-¡Entonces les dará una parte de nuestras tierras a un desconocido, eso es insólito!- murmuro con rabia, el enojo me carcome todo mi sistema de la razón.
-Él no es ningún desconocido, conoce estas tierras como la palma de su mano. En este caso aquí la única intrusa que duro años fuera fuiste tú.
Sonrió irónica, me cruzo de brazos- oh por supuesto, entonces no era necesario que viniera aquí don Maximiliano, no era necesario que este en este lugar si tiene a un muy buen hijo que pueda cuidar de su hacienda. Creo que fue un error haber venido aquí- voy a darme vuelta para marchar me pero padre me detiene.
-No te iras, Camila eres la dueña de la hacienda pero ese muchacho se ha esforzado bastante en estas tierras como para dejarlo sin nada. Y por lo que vi no hace mucho, solo me confirma que tu sería capaz de tirarlo a la calle como un perro por que no te cae bien- sonrió “por supuesto” me volteo para mirarlo.
-Señor, no necesito de tus tierras, por mi te las puedes quedar, yo tengo una vida en Paris. Poseo el suficiente dinero como para mantenerme a mí y a mi descendencia. Yo me regresare a Francia y nunca volveré por aquí tenlo por seguro- respondo sin una pisca de lastima.
-Desde cuando te volviste tan fría- relamo mis labios.
-Todos tenemos algo malo que tener ¡no!- murmuro casi en un hilo de voz.
-Mi hija nunca fue así, pero bueno, puedes irte si deseas no te detendré, pero no olvides que aquí vivió tu madre, esta casa esta finca lo era todo para ella.
-Esta casa está contaminada por tus amantes, ensuciaron cada rincón de ella después de su muerte, como pretendes que considere esta casa como mía.
-Cuando lo entenderás… soy un hombre- levanto mi mano para callarlo.
-No Maximiliano, tú no eres un hombre, tú lo que eres un promiscuo cínico sin respeto alguno. Que ni porque un día después del entierro de mi madre trajiste para cogerte a una de tus PUTAS- padre dio un golpe en la mesa con tanta fuerza que incluso pudiera haberse escuchado por toda la casa.
-¡NO TE PERMITIRE QUE ME FALTES AL RESPETO EN MI PROPIA CASA!- grita, él se acerca a mí en su silla de ruedas, yo no retrocedo.
-¡Oh si no que!, me pegaras- me le enfrento. Él me toma de la muñeca con fuerza y me jala hacia él, acercándome más a su rostro. Trato de soltarme de su agarre, pero su otra mano me toma del cuello con fuerza, su mirada enojada solo me transmite miedo, pero no se lo demuestro.
-Escuchame bien niña malcriada, tal vez he sido muy indulgente contigo y lo que te falta es un par de nalgadas para que se te bajen los sumos. Pero ante todo soy tu padre y me debes respeto, crees que porque ya estas altota y te crecieron los pecho te dejare que me hables de esa manera, estas muy equivocada, ya ¡BASTA DE BERRINCHES! Te quedaras y punto, harás lo que yo te diga y no habrá más discusión.
-¡Acaso piensas encerrarme aquí!- murmuro con todo mi odio.
-Si tengo que hacerlo lo hare- responde enojado.
-¡TE ODIO!- una ráfaga de tristeza pasa por tu rostro- te odio con cada tramo de mi alma- murmuro, una impertinente lagrima se baja por mi mejilla. El empieza a negar con tristeza, y al momento me suelta.
-Hija…
-No digas nada- sobo mis muñeca, lo más seguro es que me sala un moretón por la fuerza que ha ejercido. Salgo del lugar dando grandes zancadas, y no me pare cuando mi padre me llamo, ya era el colmo, fue un error haber llegado aquí, y ahora estoy condenada a estar en este lugar.
Cuando salgo me encuentro en la sala a mi tia y al estúpido campesino, sentados en los sofás, ellos al verme se levantan.
-Hija…
-Lady se encuentra bien- miro al hombre de arriba abajo con odio.
-Y eso a usted que le importa- respondo, sin seguir queriendo estar hay subo las escaleras y me dirijo a mi habitación, cuando entro no miro nada solo me quito los zapatos y me acuesto en la cama. Lloro por estar aquí, lloro por mi madre, lloro porque me siento cada vez más hundida. Y por una sola vez me dejo llevar, me dejo transportarme y convertirme en esa niña pequeña que lloraba en los rincones.
Esto va ser mucho más complicado de lo que parece.