CAPITULO 2

1498 Palabras
Me levanto del piso irritada y completamente indignada por la falta de semáforos en este lugar- señori… -Vallase al diablo- mi acento francés se notó mucho más de lo que quería, he pasado muchos años en Paris que a veces suelo olvidar el español. El hombre de ojos claros me sonríe. -Así que usted es la hija de Don Maximiliano, que bueno verla lady Camila- arqueo una ceja, tengo que levantar mi cabeza para poder verlo, y el muy cretino irrespetuoso es incapaz de bajarse del animal salvaje que tiene como caballo. -Y tu quien eres- pregunto con el ceño fruncido, el me mira de arriba abajo con ojos burlones, “llanero piojoso”. -Mi nombre es Alessandro Vidal, es un gusto conocerla- mi ceño se frunce más al escuchar el apellido de mi padre. ¿Acaso este pelele es algún primo oh algo así? -No recuerdo haberlo visto, como tampoco que tenga un pariente con su rostro, joven- trato de acentuar más el español pero se me es imposible por lo que decido seguir hablando como una francesa intentando hablar un idioma. -Lady Camila, creo que sería mejor que hablase con su padre, él le explicara, ahora si me disculpa tanto como usted y yo tenemos que estar en la hacienda Bella dama- hizo un chasquito con la lengua y le dio unos golpecitos con los tobillos al caballo. El animal relincho y comenzó a caminar por donde su amo le indicara. No quite mi vista hasta que desapareció por el puente – Dios mio - murmuró pasando mi bravo port mi frente, aquí el calo es infernal y hablar con ese hombre me había prendido como una hoguera. Me encamino hacia donde se encuentra la camioneta y me subo en ella sin decir nada- por que duraste tanto- miro hacia  mi tía, me encojo de hombros. -Es que un sucio campesino, casi me atropella con su caballo- respondo indignada, sé que a veces suelo ser una exagerada pero me he ensuciado la cola por su culpa. Tía Felicia sonríe- y era guapo- “valla hombre, claro que era guapo pero no lo admitiría” niego. -Nap, solo un revoltoso capataz que vive en la hacienda de mi padre- respondo sin darle mucha importancia. -Ha, si claro- me mira con cierta picardía en sus ojos. -Y por qué diantres me miras así- ella se encoje de hombros y levanta las manos en son de paz- y haber en donde demonios se metió el chofer. -No lo sé, dijo que iría a dar una vuelta- maldigo a mi adentro. Salgo del auto nuevamente y comienzo a buscarlo, hasta que lo encuentro tomándose una cerveza en una licorería junto con otros hombres. Me le acerco por detrás sigilosamente y cuando lo voy a llamar escucho su conversación con sus amigos. -Como les veía diciendo compa, esas mujeres parecen palos de escobas con tetas y unos culos, pero unos culos compa que incluso nuestros bichitos se perderían en ellos… a lo que se me olvidaba, esas mujeres hablan bien raro parecieran que estuvieran- los amigos de Gonzalo al notarme le callaron la boca con sus manos, el muy imbécil cretino se zarandea para soltarse pero cuando se da de cuenta de mi presencia se pone blanco como un papel. -Cómo es que hablo señor Gonzalo…- pregunto esperando su respuesta, el hombre que le tenía tapado la boca lo suelta dejando libre al capataz. -Señorita no era mi intenci… -Cállate, tu único deber es conducir sucio campesino mal hablado y falta de respeto- respondo histérica- ahora vámonos necesito que me lleves a la hacienda- el hombre asiente rojo de la vergüenza, se coloca su sombrero y se encamina al carro. Los otros hombres me miran un tanto molestos- ¿y ustedes qué?- pregunto molesta por su forma de mirarme. -¡Nada señorita, que tenga un buen día!- ambos hombres se van, me doy media vuelta, y me encamino hacia la camioneta, cuando llego me subo en él. -Ahora quiero que sepa algo don Gonzalo, cuando hable con mi padre le contare todo lo que le dijo a esos hombres, téngalo por seguro que lo despedirán. -Pero señori… -¡Cállese! Por lo visto que los de aquí de este pueblo son unos salvajes que no respetan a una dama. -Que es lo que ha ocurrido Camila- pregunta mi tía bastante preocupada. -No te preocupes tía, no quiero llenar tus oídos con babosadas de hombres de cantina- miro hacia la calle viendo la plaza y la iglesia al fondo, luego nos perdemos por uno de los puentes y seguimos nuestro camino hacia la hacienda. Mi vida había cambiado por completo ahora, pronto dejaría de ser la chica llena de atenciones a ser una simple campesina de llano. No sé cuántas horas pasaron, lo único que sé es que mientras nos adentrábamos por una reja que tenía el nombre en grande “HACIENDA BELLA DAMA” y más debajo de ella “FAMILIA VIDAL”, me confirmaba que habíamos llegado, pero lo que me sorprendió ver a lo lejos, a un hombre cabalgando por la hacienda. Y lo reconocí. Era el hombre que me atropello con el caballo, ere guapo de ojos claros y piel bronceada. Verlo hacer eso activaba un nervio en mi cuerpo que me hizo suspirar. -Asi que es él verdad- susurra en mi oído mi tía Felicia, empiezo a negar. -Ni Dios lo quiera- me acomodo en mi asiento. -Vale querida, como tú digas- sonrió de lado, vuelvo a mirar hacia el hombre, que poco a poco se acerca a la casa en su caballo. Cuando llegamos al rancho, como suele decirle decirle mi padre, pero para mí parece una mansión veraniega con varias instalaciones. Un verde jardín, piscina, y una segunda plante, en si la casa es enorme, tiene algunas cosas modernas y el color es de un crema bastante suave, aunque bien podría ser sucio que mancho la pintura blanca. Salgo del auto y respiro hondo. Nada es como la ciudad, no hay bullicio de carros pitando si no vacas muando, gallinas cacareando, y ese horrible sonido de chicharras. El olor es diferente, huele a tierra mojada y estiércol por supuesto, también con una pequeña mezcla del verdín del monte. Suelto un leve suspiro, me acerco con cuidado a la casa donde espera mi padre en su sillas de ruedas y tras de él, una mujer de castaña cabellera, es joven pero debe de llevarme unos cuantos años. -Llego mi cogollito de las mañanas, que gusto volver a verte mija- no digo nada, ni siquiera me acerco, miro nuevamente a mi alrededor. Hay muchas cosas que han cambiado. -Hermano, que gusto verte- saluda una muy entusiasmada tía Felicia. Padre le sonríe y recibe el abrazo de mi tía. En mi caso yo no me acerco. Relamo mis labios. -No piensas saludar a tu padre Señorita Camila- murmura la mujer que esta tras de padre, la miro de  arriba abajo y arqueo una ceja. -Y tú quién eres- pregunto con toda mi odiosidad. - Soy la esposa de tu padre por supuesto- miro al hombre que me dio la vida con el ceño fruncido, el me mira un tanto apenado. -Hija… -Te has casado nuevamente, tan rápido has puesto en el lugar de mi madre a otra- mi tía Felicia niega hacia mí para que me calle. -Tu madre murió hace años, yo también merecia… Niego- no digas nada, no quiero escuchar ninguna respuesta tuya, no me interesa- voy a darme vuelta pero otra vez caigo de culo por culpa del animalote ese. -¡j***r!- trato de levantarme pero mis tacones se entierran en la grama mojada. Mi tía llega en mi ayuda para levantarme, pero apenas veo aquel hombre mi primera reacción es insultarlo por su impertinencia- -¡acaso no hay suficiente espacio en este maldito lugar para pararte!- le grito, el hombre se posa frente a mí con una sonrisa impertinente- campesino inmundo- voy a cachetearlo pero mi mano se ve atrapada entre las suyas. -Valla, valla… para ser una muchacha de ciudad eres muy grosera- murmura sin quitar esa sonrisa- tiene carácter don Maximiliano. - Es mi hija, suéltala Alessandro- el me suelta pero lo voy a volver a cachetear pero vuelve a tomar mi mano, inclina la cabeza y sonríe aún más- ¡ya basta Camila Vidal! -Hace tiempo deje de ser Camila Vidal, así como deje de ser tu hija- respondo con toda la rabia que le tengo- ¡suéltame! -¡Oh si no que!... -Oh te juro que… -No jures nada que no vayas a cumplir preciosa- cuando voy a responder padre aparece, toma la mano del hombre. -Sueltala…- el hombre obedece, sobo mis muñecas por la fuerte presión que hizo al sostenerlas. Cuando estoy dispuesta a marcharme padre habla- hija tenemos que hablar- lo miro, su mirada preocupada, arrugada por los años se estremecen. -Yo no tengo nada que hablar usted señor- veo como se sorprende al escucharme decirle señor. -Eres mi única hija Camila, estoy muy viejo algún día moriré y todo lo que está aquí será tuyo, ahora por favor hablemos- lo miro por unos buenos minutos, para luego asentir. Él sonríe. Sabía que mi vida aquí, sería mucho más difícil de lo que pensé, pero no me dejaría envolver en lo que mi padre estaba dispuesto a decirme, jamás le perdonaría por lo que hizo.
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