No voy a negar que después de la impresión de saber que Esteban está aquí, conmigo y que ya no se irá me aterra, pero no en un mal sentido sino por el hecho de que ahora sus propuestas, su amor y promesas son más reales. No es que antes no las creyera, lo que pasa es que nunca pensé que podría amar y ser correspondida. Pero ahora sé que, si alguien iba a amarme sin importar nada ese, sería solamente él. Caminando sobre la cera que nos llevaría hasta el departamento que visitaríamos, Esteban me lleva de la mano. El calor de su piel es reconfortante y siento una infinita seguridad. Lo miro y me siento de pronto hechizada. Cuando llegamos al edificio, una mujer nos espera ya en la entrada, —Buenas tardes, es usted la señora Gutiérrez —dice esteban apenas nos hemos acercado. —Sí. ¿Es el jo

