Extraño a Esteban, y mucho. No puedo creer que sea así solo por dos días que ha estado conmigo. Tal vez, porque por fin pude verlo como siempre debí y no lo hice por temor a perder a mi mejor amigo. Fernando me está esperando en su casa, hemos quedado para una de sus fabulosas clases de matemáticas. El timbre de su casa no sirve así que le envió un mensaje para decirle que estoy afuera. Cuando abre la puerta me recibe con una bonita sonrisa. —Hola, pasa. Fernando se hace un lado y cuando me acerco a él, beso su mejilla a modo de saludo. Al entrar noto que su casa está como siempre muy limpia y ordenada. Fernando me pide que lo acompañe hasta su comedor. Me siento y él comienza la clase. Al cabo de una hora hemos concluido los ejercicios. —¿Quieres acompañarme a comer? —me pregunta

