Los días han transcurrido con una monotonía tortuosa. De la casa a la escuela de la escuela a mi casa. Hace un mes Esteban comenzó a trabajar en un supermercado como vendedor del área de electrodomésticos. Por lo que trabaja seis días a la semana bastante tiempo para la paga que recibe. Y que, además, me entristece porque ahora ya no lo veo más que un día a la semana. —Alondra, te toca ir de compras —me recuerda mi madre. —Sí, mamá. —Cuando regreses de la escuela, vienes a la casa y recoges el dinero. También te dejaré la lista de lo que nos hace falta. —Sí. En la escuela, durante las clases, me pregunto si sería buena idea de ir a la tienda donde trabaja Esteban para hacer mis compras. Así podría verlo y a la vez hacer lo que mamá me ha pedido hacer. Cuando llego tomo un carrito

