La puerta del apartamento de Steph se abrió lentamente para darle paso. Ella ingresó casi por inercia. Su mirada permanecía perdida. Su cabeza daba vueltas. Cada palabra que le había dicho la señora Murcia se aglomeraba en su mente. Eran tantas cosas. Cerró la puerta y dejó las llaves sobre la mesa de la cocina para continuar el camino hasta su habitación. Sus pasos eran lentos y sin coordinación. Parecía una especie de zombie andando. Era mucha información como para que su cerebro pudiese procesarla correctamente. Anduvo como pudo hasta llegar al borde de su cama, estando ahí solo se dejó caer sobre ella y se quedó tendida mirando hacia el techo. – No puede ser cierto –se dijo a si misma acostada boca arriba con la mirada perdida. La mente de la joven regresó rápidamente hasta a

