Mis hijastras 4

1410 Palabras

Me quedé un rato en la biblioteca, pensando en lo que me había metido, mientras recorría las imponentes estanterías. Pensé sobre todo en esa sonrisa perfecta que había esbozado mi hijastra, solo porque se lo había ordenado. Por un lado, agradecí el hecho de haber escrito esa regla. Porque si ella estaba loca, yo podría controlarla dándole órdenes directas. Igual, no era una loca cualquiera. Era una chica inteligente, aparentemente culta, muy hermosa y misteriosa. Es decir, era esa clase de locas que podían robarle el corazón al protagonista de una novela, sumergiéndola en su locura. Pero no estaba en ni una novela, ni yo era el galán que la protagonizaba. Estaba ahí con un objetivo muy claro, y debía ceñirme a eso. Pensar en esto me hizo volver a preguntarme dónde carajos estaban las otra

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