—Es verdad, pero…. ¿A vos te gustaría que te ordene que cojamos? Tus hermanas dicen que lo desean. Aunque, claro, es solo un sueño. —¿Para qué querés saber eso? ¿Para hacerlo con la consciencia tranquila? Vas a tener que tomar tus decisiones. —¿Por qué no me lo decís? Una de las reglas es siempre decirme la verdad. —No, la regla tres dice que nunca te mintamos. Y no lo estoy haciendo. —Pendeja tramposa —dije—. Te ordeno que me digas si te gustaría que te coja. —En el mundo onírico no tengo que obedecer. Fastidiado, salí de ese sueño. Creo que seguí dormido un par de horas más, con sueños anodinos, hasta que me desperté. Pero fue el despertar más perturbador y hermoso que tuve en toda la vida. Sentía que mi pija estaba durísima. El dormitorio estaba oscuro, pero se notaba que alguie

