Mis hijastras 10

1985 Palabras

—No es que Dafne sea alguien difícil de predecir —intervino Alina—. Por ejemplo, ahora, por más que parezca callada y tranquila, se nota que está eufórica. Hasta te diría feliz. Pero también con cierta vergüenza. ¿Qué estuvieron haciendo, Benicio? Esa pregunta me tomó por sorpresa. Tomé un trago de vino, dándome cuenta de que ese gesto reflejaba mi nerviosismo. Durante esos instantes, pensé en la mejor respuesta. Quizás lo más práctico era decirles parte de la verdad. Que Dafne sentía curiosidad por el sexo, y que yo le había enseñado, pues no veía motivos para seguir ocultándole esa información. —Eso no es de nuestra incumbencia —intervino Delora—. Cada una puede interactuar con Benicio como le plazca, en el marco de las reglas. —Sí, pero no hay ninguna regla que diga que no nos puede

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