—Bueno, es compli… —dije, pero no terminé la frase, porque recordé que era en vano. Ella rio al notar mi torpeza y me entregó el cuaderno de nuevo. Era extraño. Era como chatear, pero con ambos cara a cara. Eso sí, era mucho más lento que usar una computadora o un celular. Me volví a sentar en la cama. Me dispuse a escribir, pero me percaté de que sería una respuesta muy larga, así que debía ser lo más preciso que se pueda. “Es un poco largo de contar, pero acá va la versión resumida”, le puse. “Casi no conocía a mi hermano, y no tenía idea de que tenía tres hijas. Pero eso no es excusa. Porque si bien Dante podría haberse acercado a mí, y a hablarme de ustedes, yo también podría haberlo hecho. Sobre todo cuando ya fui un adulto. Podría haber investigado sobre mi hermano. Buscarlo. Y no

