Finalmente Madison había llegado a la oficina con ese vestido de repuesto que estaba esperando desde hace un buen rato. Sinceramente no era de mis favoritos, pero en ese momento hubiera usado hasta un taparrabos con tal de poder salir de ese perfumado lugar. El aroma a lavanda, y aromatizantes de cereza estaba acabando con la poca paciencia que quedaba en mí. Emerger de ese baño fue la cosa más difícil que he hecho en mi vida. Mantener la seriedad mientras veía directamente a la cara de Jorge Luis Castillo no era tarea sencilla sabiendo que hace pocos minutos me había visto hasta el alma. Él esperaba parado junto a la computadora que ahora se encontraba totalmente funcional. Seguramente aguardaba por esa revisión que pudiera finalizar su trabajo. La sonrisa en su rostro era tan chocante co

