Una enfermera completamente vestida de blanco ingresaba a la habitación dónde Barbara yacía acostada sin ningún tipo de reacción. Ella continuaba inconsciente. Al parecer no había tenido mejora alguna. Esa adorable enfermera de pulcra vestidura se dedicaba al mantenimiento de las sabanas, y asegurarse de que todo estuviera perfectamente bien con la paciente. Siendo la clínica más costosa de toda la ciudad, debían prestar un servicio sin igual. Incluso cambiaban diariamente las sabanas y almohadas que utilizaban los pacientes para garantizar el higiene total en sus reposos, para que de esa manera pudieran recuperarse sanamente en un ambiente completamente limpio. La chica se disponía a retirar la almohada de Barbara cuándo notó rápidamente que ésta había abierto los ojos, movía sus dedos, y

