Capítulo 6: La tristeza me persigue

1860 Palabras
Narra Christine No había nada por hacer, lo perdí todo. Aurelio me abrió posibilidades, pero en todas ellas, tenía que volver con Christopher y pedirle, suplicarle, rogarle, que me devolviera lo que un día era mío y que por estúpida y enamorada le entregué. —Solo firmaré el divorcio —le dije al abogado—. Lo demás, que se lo quede. —Bien, entonces firma este documento. Yo me hago cargo de lo demás. Tengo mi orgullo afectado y mi dignidad por el suelo, consideré la posibilidad de ir incluso con su familia, pero simplemente no podía hacerlo. ¿Verlo a la cara de nuevo? No, no podía. No quería saber nada de él y menos de esa maldita mujer. Esa sería la última vez que vería al abogado, aún tengo esa fea sensación de que incluso él, sabía lo que pasaba y también tapó las faltas de Christopher. —Tienes que hablar con tu mamá, dile lo que pasó. Tu abuelo pensará en una forma de ayudarte. —No puedo, Nat. Me da vergüenza contarle. Me siento como la mujer más tonta del mundo, me da vergüenza que sepan lo que hice y por lo que ahora estoy pasando. Me sentí usada durante esos cuatro años de matrimonio que estuve con ese hombre, Christopher obtuvo más de lo que quería, él se aprovechó de nuestra relación, de mi confianza, de mi familia. ¿Por qué a mí? Pensé que jamás algo como esto me sucedería y ahora hago parte de una extensa lista de mujeres que han sido engañadas por sus propias parejas. Lo peor, es que a su amante la atendí en mi casa, con mis propias manos llegué a prepararle comida, se sentó en la misma mesa conmigo para compartir en las fechas importantes, en los aniversarios. Isabella me ayudó a organizar mi propia boda, ¿Cómo pudo esa maldita zorr* revolcarse con mi marido en mis narices? Ahora solo lloraba por enojo, quería tenerlos en frente y matarlos yo misma. Se burlaron de mí, ellos dos se burlaron de mí y no sé por cuanto tiempo. De solo tener un arma, iría a buscarlos y los… Tomé un poco de aire y traté de calmarme, aquel mareo insiste en perturbarme. —Trata de descansar, te vendrá bien. Nat me deja una taza de té en la mesa de noche. —Gracias, Nat. —Trataré de volver un poco antes del trabajo, ¿de acuerdo? Solo duerme, lo necesitas. Ella se va y me deja sola en su apartamento, han pasado solo cuatro días desde que descubrí la infidelidad de Christopher. A este punto, no he recibido ni una sola llamada, ni de él, ni de su madre, de nadie de su familia. Me acomodé un poco y apoyé mi espaldar en la cama, tomé aquella taza de té y le di un pequeño sorbo. Aun siento mis ojos hinchados y muy irritados. Mi móvil suena de repente y vi la pantalla de reojo, era la notificación de una página de prensa. Todos lo saben, ahora toda la prensa sabe que me he separado. —¿La pareja más influyente de New York se separa? A través de una fuente cercana, se ha conocido una noticia que ha dejado a más de uno sorprendido. Christopher Foster, el CEO más joven de estos tiempos, ha decidido separarse de su esposa Christine Richardson. ¿Cuáles fueron los motivos de la separación? Aún no lo sabemos, pero esperamos a que alguno de los dos se pronuncie al respecto. Él decidió dejarme, eso da a entender muchas cosas. Una noticia muy a favor de él, no me sorprende que él mismo haya enviado esa información a la prensa. Solté una sonrisita y la imagen que tenía de la pantalla se fue haciendo borrosa, mi vista una vez más se tornó borrosa. Creí que, por ese día, solo leería una nota sobre mi separación, pero aparecieron muchas más, unas más descabelladas que otras. ¿Por qué todos piensan que es mi culpa? ¿por qué quienes leen la nota piensan que yo he sido la culpable? ¿tan engañados están con ese hombre que asumen que yo lo he engañado o cometido alguna falta? Le golpe de tristeza aparece, intentaba mantenerme fuerte, pero no podía. En estos cuatro días he experimentado de todo, hasta la culpa. Sí, me he llegado a sentir culpable, ¿Qué hice mal? Me pregunté muchas veces. ¿Por qué me siento así? Si él fue quien decidió ser infiel, ¿por qué siento que incluso su propio error es mi culpa? Me sentía demasiado vulnerable como para salir y darle cara a lo sucedido, todo este tiempo era él quien estaba en frente de mí y se hacía cargo de todo. No puedo ahora solo exponer mi voz, mi rostro a una cámara y contar esto que siento que duele. No quiero romper en llanto en frente de todos. Mi propia autoestima está muy por debajo del suelo como para esclarecer lo que realmente pasó. Hasta vergüenza me da contarlo, no soy capaz de decir una palabra al respecto, sin que se quiebre mi voz. Me sentía acorralada, aprisionada, por todos lados hablaban de él, comentaban de mí; me ahogaba en un vaso de agua. —Tengo que irme —dije de repente y empecé a empacar mis cosas. Necesitaba estar lejos, lejos de todo esto. Quería ir con mi familia, quería un abrazo de mi madre. Dejé una nota en para mi amiga, tampoco tuve la valentía de despedirme de ella: —Gracias por todo Nat. Volveré con mi familia, necesito alejarme de todo para volver a estar bien. Prometo volver algún día. Posdata: La prueba dio negativo. Salir a la calle luego de estar completamente encerrada cuatro días, me hizo sentir peor. Por alguna razón sentía que todos me miraban, señalaban o murmuraban. Llegué al aeropuerto con esa misma sensación, fue horrible. Durante seis horas y media estuve en un vuelo que me llevó a Seattle, a mi ciudad, con mi familia. Volver a casa y recibir un abrazo de mi madre, me reconfortó demasiado. necesitaba uno de esos cálidos abrazos que solo ella me da que se sienten hasta en el alma. —Cariño, he intentado comunicarme contigo. Leí una noticia y... —Christopher me engañó —respondí antes de que pudiera continuar—. Estoy embarazada, mamá. Él me ha engañado y yo… yo tengo un bebé en mi vientre. Mi madre tapa su boca asombrada. —Oh, cariño. Ella vuelve a abrazarme y me aferré a su cuerpo. —No quiero que lo conozca, mamá. No quiero que él se acerque a nosotros. —¿Acaso él…? —No, no lo sabe. En sus ojos vi preocupación, tristeza y al mismo tiempo enojo; pero no dijo nada, solo me abrazó. Creí que distanciarme me ayudaría, pero aún en la distancia, la tristeza me hizo compañía. Desde que estoy aquí, no había podido ver a mi abuelo Gabriel, él está por fuera, al parecer atendiendo un viaje de negocios. Pero una mañana, volvió exaltado. —Necesito que lo revises de nuevo —le dice a un hombre que camina tras él. Mi abuelo me observa asombrado y finge una sonrisa al verme. —Oh, mi niña. No sabía que estabas aquí. ¿vienes de visita? Asentí y me hice a un lado para que siguiera su camino. Mi abuelo va a su despacho junto a otras personas más que entran a la casa y lo siguen. —¿Qué sucede? —pregunta mi madre al ver a todas esas personas. —No lo sé. Salí a la puerta principal y vi a uno de los empleados descargar los equipajes de mi abuelo. Miré alrededor y me di cuenta que faltaban más. —¿Dónde están los otros empleados? —Tu abuelo hizo un recorte de personal hace un tiempo, pero así estamos bien. Fruncí un poco mi ceño y creí que eso era extraño. Estuvimos afuera esperando por casi dos horas hasta que aquellos hombres salieron de su despacho y se marcharon de casa. —Padre, ¿pasa algo? ¿por qué esos hombres han venido a reunirse aquí y no en la empresa? —Son del banco, cariño. Mi abuelo me mira y vuelve a sonreírme, esa sonrisa la conozco. —¿Qué sucede? —Tengo un par de problemitas en la empresa —responde aun con esa sonrisa en el rostro—. Pero nada que no se pueda resolver. —¿Seguro? Él asiente e intenta tomar asiento en la sala de estar, pero uno de sus pasos desequilibrados, son la primera señal de que no es como dice. Tuve que correr hacia él y tomarlo de un brazo para ayudarle a tomar asiento. —Esos hombres son del banco —dice en voz baja—. La empresa no va bien, he intentado reponerme, he intentado mantenerla a flote, pero no puedo. Recordé lo que pasó con mis acciones, eran un treinta por ciento de la compañía. —Abuelo, yo debo contarte algo… —Estoy en banca rota —dice interrumpiéndome. No pude decir más ante el asombro, miré a mi madre y esta abre su boca lentamente. Desde hace tres años, la compañía de mi abuelo no ha estado bien. Su constructora, ha venido perdiendo socios, clientes potenciales, contratos importantes, incluso acciones. Él intentó mantenerla a flote con préstamos y todo tipo de ayudas financieras que le ofrecían en el banco, pero luego de ese tiempo, nada ha mejorado, todo lo contrario. Ahora, intentó viajar por fuera en busca de otros socios, pero estos no están interesados en nuestra firma. —Lo voy a perder todo, no tengo con que pagarle al banco. Dios, perderé mi casa, perderé todo. Su angustia la sentía como mía, que impotencia, no sabía que hacer o que decir para ayudarle. —Abue, todo estará bien. Ven, recuéstate un poco y trata de dormir. Mañana veremos que se puede hacer. Puse la cobija sobre su pecho y lo ayudé a acomodarse en su cama, se veía demasiado angustiado. —Gracias por estar aquí, mi niña. Él toma mi mano y me sonríe, pero la verdad siento que hasta esto es mi culpa. La mañana siguiente me preparo para ir con mi abuelo a la empresa, quiero ser de ayuda. Me vendrá bien poner mi mente en algo más, si me quedo en casa los sentimientos volverán a invadirme. —Abue, ya estoy lista. Bajaré a desayunar. Por favor, no tardes —dije afuera de su habitación. Esperé unos segundos a que respondiera, pero no dijo nada. Toqué la puerta un par de veces más. —Abue, ¿estás listo? Al no tener respuesta, giré la perilla y me asomé. Lo vi en su cama aún recostado. Eso era extraño, él no duerme hasta tarde. —Abue, ¿se te pegaron las sábanas? Me acerqué a él y traté de removerlo un poco, pero con solo tocarlo, sabía que algo no estaba bien. —Abuelo, ¡abuelo, despierta! Miré su rostro pálido, toqué su piel fría, sentí su cuerpo tieso y lo supe.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR