SEIS AÑOS DESPUÉS LUCIA —Gracias por invitarme, Mauricio. Ahora que veo a tantos jóvenes asistiendo a mis clases de repostería, todo esto me parece surrealista. A decir verdad, yo no tenía ningún sueño cuando tenía tu edad. Siempre me gustó hornear, pero nunca pensé en dedicarme a ello como mi sueño. Quizás porque no se me dio el beneficio de la duda a la hora de elegir mis sueños. Conocí a Mauricio cuando tenía veinticinco años, solía ver sus vídeos en YouTube y, con el tiempo, nos hicimos buenos amigos. Me alegro de que me haya invitado a dar clases a todos vosotros en su escuela de repostería. Aprenderemos juntos y disfrutaremos de esta sesión. ¿De acuerdo?—, dije, presentándome a los alumnos. Y después de eso, comencé con las sesiones. Una vez que terminé, miré el reloj de la pared
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