LUCIA —Eh... ¿qué?—. Abrí los ojos con sorpresa. ¿Destruir el mundo por mí? Se humedeció los labios secos y se sentó en el sofá, frotándose la cara con ambas manos, frustrado. —Te sorprende esto, me pregunto qué harás cuando sepas lo que pasa por mi cabeza—, dijo en voz apenas audible. —Me está pasando algo... No puedo explicártelo porque yo tampoco lo entiendo, pero...—. Exhaló un suspiro. —Ven aquí. —Vale—. Me senté a su lado. Cogió la caja de medicamentos y sacó una pomada. Me la aplicó suavemente en un lado de la mejilla. Volvió a apretar la mandíbula al ver la huella del dedo en ella. —¿Te duele? Negué con la cabeza. —No me duele—. No más que cuando mi hermano me llama puta. —Dime qué ha pasado. ¿Por qué él...?— Cerró la boca a mitad de la frase. —Les dije que no podía pedir

