LUCIA —Huele bien—, me dije a mí misma y removí el curry. Después de terminar de preparar la comida, me limpié las manos con un paño y miré el reloj. Eran las diez. Cogí mi teléfono y marqué el número de Alejandro. —Esta noche voy a preparar la cena, quiero que vuelvas a tiempo—, le dije con una sonrisa. —Sí, señora. Pero ¿no estás cansada? ¿Hoy has ido a la panadería y ahora la cena?—, preguntó con verdadera preocupación en su voz. —Sí, es mi cumpleaños, así que me apetecía prepararnos la cena—, respondí. Hubo una larga pausa por su parte. —¿Cumpleaños? ¿Es tu cumpleaños? —Sí. —¿Por qué no me lo has dicho, Lucia? Fruncí el ceño, confundida. —Acabo de hacerlo. —De acuerdo, llegaré pronto a casa—, dijo y colgó. Me encogí de hombros, me acerqué a la ventana y miré hacia fuera.

