LUCIA —Espera—, me llamó la madre de Alejandro cuando estaba a punto de salir. Miré la espalda de Alejandro, que se alejaba, y me volví hacia ella, confundida. —Solo un pequeño consejo. No dejes que esa chica arruine tu matrimonio. Puede que ames a mi hijo, pero yo lo conozco mejor que nadie y, créeme, la vida es demasiado larga para estar en una relación unilateral—. Me dijo, dándome una palmada en el hombro. Fruncí el ceño. —Yo...—. Me quedé sin palabras. —Cuando esa chica murió, le diagnosticaron una depresión grave. Se aisló del mundo durante dos años, Lucia, y dos años no es poco tiempo. Ahora que estás enamorada de él, eres feliz, pero este amor, cuando no es correspondido, te ahoga—, añadió, mirando al vacío durante un segundo. Me mordí los labios, sin gustarme lo que había d

