—No —susurro cuando toma la caja del anillo y nota que sigue dentro. —Según se llama: “anillo de promesa” —me cuenta y se gira para verme. Lo veo a los ojos—. Hay varias promesas que se pueden hacer a la hora de dar uno —prosigue y camina en mi dirección. Estoy temblando tanto que ya debo parecer un indigente en pleno invierno. Ni hablar de mi respiración que es un asco y hace que mis senos revoloteen frente a nosotros. Sus ojos luchan con mantenerse en los míos, pero se le hace dificil. —Yo tengo una promesa en particular que hacerte, Babe… —Mi amor —lo corrijo y sonríe, sacando el anillo de la cajita al llegar hasta a mí y tomar mi mano, dejando la caja sobre la mesa del tocador. —Te prometo que nunca, pase lo que pase, nunca vas a perderme, mi amor. Voy a estar contigo siempre, de

