Muerdo mi labio inferior cuando llegamos al taller y me ofrece su mano. Es miércoles, pero ya el taller está cerrado, por lo que no tengo que preocuparme por Tomy. La acepto y caminamos juntos hasta la entrada. No suelta mi mano para abrir solo la puerta y luego la cierra, guiándome hasta el fondo. Al llegar, noto que donde mantiene su moto de agua con la lona, cubriéndola, ahí otra a un lado. —¿Lista para verla? —pregunta y yo asiento, emocionada. Ríe y me suelta para acercarse y coger la lona de un lado, quitando del todo y dejándome ver una preciosa y enorme moto de agua rosada con plateado y n***o. El corazón me late frenético dentro de su caja toraxica. —Es preciosa —musito, acercándome para acariciarla con mi mano. Las lágrimas pican detrás de mis ojos—. Es preciosa —repito. —No

