Capítulo 4

1046 Palabras
+Leonardo+ En definitiva mi amigo estaba volviéndose loco, mas bien la chica nueva lo estaba poniendo así, pensé que en unos días su obsesión por ella iba a ir disminuyendo y como buen amigo estaría ahí para el en el momento que lo necesitara, casi siempre era para sacarlo de problemas o peleas innecesarias, pero esta vez se paso, ponerse en modo alfa posesivo no era normal en el, estaba pensando seriamente en mandarlo con un psicólogo o mínimo hablar con Favio  sobre su nueva chica, que la mantuviera mas como una asistente o secretaria que como mesera, ella despertaba las hormonas mas locas en Massimo. -Basta Hanna, no va a llamarte- era la quinta llamada que tenia con ella desde que llegamos al bar. -Cuelga el maldito teléfono Leo, estamos hablando de algo importante Rechine mis dientes debatiéndome a cual de los dos asesinaría primero por acabar con mi paciencia y paz mental, no soy una persona violenta, pero mi limite estaba por ser rebasado, sus dramas románticos no eran lo mío; lo mío era mas tranquilo, la poesía los detalles, aunque si he tenido oportunidad de dar regalos caros, no por nada mis padres eran famosos productores y escritores, algo tuve que haber sacado de ellos. -Ya Hanna estoy harto, te dije que no va a llamarte, tu de tonta que caes con el, te lo advertí y ahora paga las consecuencias, adiós- colgué de corma brusca y presioné el puente de mi nariz con mi dedo índice y mi pulgar tratando de relajarme. -¿Esta de intensa otra vez?- al parecer a mi amigo le daba gracia mi conflicto familiar mostrando una sonrisa de lado -Es tu culpa, te dije que no te metieras con mi prima, pero pareciera que dije búscala y métela en tu cama amigo. -No pude evitarlo- su sonrisa se hizo mas grande- se parece tanto a ti, me pareció adorable cuando estaba tan dispuesta. -Cierra el pico animal, me das asco, ¿sabes lo enfermo que se escucho eso? -Solo bromeo- acaricio mi mejilla en forma dramática- tu eres mas guapo que ella carillo Le di un golpe en la mano alejándolo de mi rostro, se que quería aliviar la tención de lo que había pasado con mi prima, pero no estaba de humor para juegos, entre su drama y lo que me estaba pidiendo me ponía a pensar mucho, no es justo que Massimo se encapriche con una pobre chica y me meta en medio de todo esto.  -Ya, hablando en serio, ¿me ayudaras con lo de Esme? Di un largo suspiro viendo como Esmeralda volvía y pasaba sus dedos por donde estaba el anillo n***o, si ella no estaba acostumbrada aun a este tipo de entorno, no me explico que clase de emergencia se atravesó en su camino para tomar una medida desesperada como sexo a cambio de dinero y después todavía este tonto que se lo ofreció tan directamente. -Bien, hare lo que pueda- se levanto como rayo a abrazarme- pero no prometo nada ¿ok? +Astrid+ No puedo creer lo que acaba de pasar y yo de tonta animándome a esto, ¿Qué esperaba? cuando ellas entraban a esa habitación salían con un fajo de billetes en las manos; la propuesta de Massimo me tomo por sorpresa y sus reacciones aun mas, todo sobreprotector, tocándome de forma que causaba un cosquilleo por mi cuerpo, sus manos eran cálidas, ¿Qué hubiera pasado si.....? No, ni loca, no podría hacer algo así. -Oye linda, un par de cervezas por aquí- un cliente me pedía dos tragos. -Enseguida- me acerque a Mario en la barra- dos cervezas mas. -Al parecer te va bien- saco dos tarros llenándolos a tope -Ni tanta, mi hermana empeoro y la cuanta ha subido, se quedara internada y me siento cada vez mas sola en esto Mario. Me sentía abatida, con ganas de dejarlo todo y mandarlo al demonio, pero Ariel aun dependía de mi, no quería que la desahuciaran, respire profundo para volver a sacar la mejor cara que podía mostrar,  Mario puso una de sus manos sobre las mías mostrando una cálida sonrisa. -No te preocupes Esmeralda,  todo saldrá bien. Quise creer en sus palabras, pero en el fondo de mi corazón sabia que esto no estaba bien; el resto de la noche paso rápido, los clientes llegaban, bebían y se iban, no me di cuenta en que momento Massimo y Leonardo se habían ido, pero esta vez agradecía que Mario se ofreció a llevarme a casa, en mi estado de animo era peligroso andar sola por las calles, Rubí era la que me llevaba a casa es su Mustang shelby 68, aun me sorprendía que una chica tan delicada fuera amante de los autos clásicos; seguro que ella se la pasaría preguntando que podría hacer para sentirme mejor pero me gustaba mas la idea de un viaje en silencio, tomar un largo baño y quedarme dormida para después ir a visitar a mi hermana, finalizando en volver al trabajo repitiendo mi rutina hasta que la condición de Ariel mejorara. -Gracias por traerme Mario. -Gracias por esperarme, siempre soy el ultimo en irme. -No fue nada, no quería ver triste a Rubí para tratar de subir mi animo. -Compréndela un poco, su vida tampoco ha sido fácil y le satisface ayudar a los demás. -¿De que hablas Mario? -¿Entonces no te ha contado? Alzo mis hombros en señal de que estaba perdiéndome en lo que decía sobre mi amiga, se que no nos habíamos contado nuestras vidas, pero a veces era mejor, nos llevábamos muy bien dentro del trabajo, ella me cuidaba y yo a ella, le ayudaba con algunas tareas y proyectos de la universidad, era lista pero tan activa que siempre se adelantaba tanto que perdía el hilo de lo que estaba haciendo. -Mira, solo te diré que u vida fue difícil desde pequeña, ella sabrá si contarte o no, ese no es asunto mío. -Entiendo, gracias de nuevo por traerme. Nos despedimos y di un ultimo suspiro antes de entrar en la casa ahora vacía, me hacia falta mi familia, mi hermana, solo nos teníamos la una a la otra, anhelando que todo este tiempo separadas nos hiciera mas fuertes.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR