NORA
Llegamos a la oficina y Nina se dirige a su despacho y yo al mío, a la hora del almuerzo seguiremos hablando sobre el tema.
Cuando llevo dos horas ojeando papeles, noto mi móvil vibrar, es un mensaje de Christian:
– ¿Te apetece que cenemos esta noche, preciosa?
– Me encantaría guapo! Donde vamos?
– Mmm puedo preparar algo rico y te vienes a casa, si quieres?
– Me parece una buena idea, pero compra algo también para Jacko, que luego me da penita cuando nos pide comida.
– Jajaja de acuerdo preciosa, quedamos a las 9?
– A las 9 allí estaré, besitos
– Besitos preciosa!! (Leído)
Termino de firmar algunos documentos y guardo mi móvil en el bolso y salgo de mi oficina para dirigirme a la de Nina, para tomarnos un café, seguro que Nina está impaciente por saber todos los detalles de la noche anterior. Llamo a su puerta;
– Toc toc!! ¿Se puede amiga?– pregunto con una sonrisa.
– Adelante reina, acabo esto y salimos, que tienes mucho que contarme...– Dice ella levantando una ceja y sonriendo.
Nina termina lo que estaba haciendo, apaga su ordenador, coge sus cosas y salimos del edificio. Vamos a la cafetería que hay justo en frente del edificio, CARAMEL se llama, nos sentamos en una mesa que hay libre, cerca de la cristalera.
– Venga reina, empieza a contarme, que me tienes en ascuas!!!– Me suelta nada más sentarnos.
– Pues eso, que cuando nos fuimos a su casa... hubo fuegos artificiales!! Pero eso es lo de menos, él es tan...– me corta de repente.
–¿Que es lo de menos? ¿Desde cuando haces tu algo así? Me tienes desconcertada amiga!
– Es que no sé porqué, pero me apetecía hacerlo, es un hombre muy interesante, tan amable y atento, que me dió suficiente confianza como para hacerlo, me salió instintivamente. – Le respondo.– Además, como te decía, no solo es el tema sexo, estuvo pendiente de mis necesidades durante toda la noche. Después de acostarnos, me quedé dormida en sus brazos y estuvo tooooda la noche sin moverse, para no despertarme, ¿No te parece una monada?– Le pregunté emocionada.
– La verdad es que es un gesto que pocos hombres tienen, ¿Y que más? Cuéntame mas– me dice.
– Bueno, pues resulta que cuando me desperté, después de hablar contigo y ducharme, fui al comedor y había preparado un desayuno enorme, todo para mí, había de todo, tostadas, croissants, café, zumo, de todo y lo había preparado para mí. Además, estuvimos hablando y le gusta mucho el deporte y... bueno hemos vuelto a quedar esta noche!– Le cuento emocionada.
–¿ Que vais a cenar esta noche? Pero amiga te iba a decir de salir hoy otra vez, pero creo que es un caso perdido, ese chico, ¿Te gusta mucho verdad?– me pregunta con ojitos de cordero.
– Pues si, si que me gusta, aunque no quiero hacerme ilusiones, no le conozco tanto y no sé si guardará algún secreto. – Le digo algo disgustada.
– Bueno amiga, pues yo te apoyo en lo que haga falta, además, siempre podemos investigarlo y ver si realmente oculta algo.– me dice ella, creyéndose detective.
– Jajajajja, no creo que sea necesario, esta noche intentaré preguntarle disimuladamente, además estaré en su casa, me puedo fijar si hay alguna foto que pueda desvelarme algo– Le digo en el mismo tono que ella.
Ambas nos reímos por el comentario, cuando en ese momento llega el camarero, nos toma nota y se marcha. Justo en ese instante, recibo un mensaje de Alonso;
– Hola cariño, estas en la oficina?
Me quedo pensativa, la verdad es que con todo lo que había pasado la noche anterior, me había olvidado de Alonso completamente y no sé porqué, ahora me sentía culpable. Después de todo, habíamos roto ayer y con Christian también me acosté ayer, de repente, un pensamiento atravesó mi mente, ¿ Y si se da cuenta de que ayer estuve con otro? No, no puede ser, ni que lo llevase escrito en la cara, no eso era imposible. Pero aún así, tampoco sé si tengo ganas de verle hoy... no sé que hacer. De pronto mi amiga, al verme pensativa, me pregunta;
– Amiga, ¿Que te ocurre ahora?– me pregunta preocupada.
– Es Alonso, me ha escrito, para saber si estoy en la oficina y no sé que decirle...– respondo con cara triste.
– Pues dile que no, está claro que hoy estás muy contenta y no te apetece verle, no tienes porqué hacerlo.– me responde.
– Ya pero, como voy a mentirle, sabe perfectamente que estoy aquí...
– ¿Y que? Nora ya no estáis juntos, ¿recuerdas? Ya no tienes porqué verle, ni darle explicaciones, ni mucho menos quedar con él si no te apetece. Tiene que aceptarlo y lo único que va a conseguir así, es hartarte a ti y hacerse más daño a él mismo.– me dice acariciando mi mejilla con ternura.
Entonces, la abrazo fuertemente, si no fuera por ella y sus consejos, yo me habría pegado más de un golpe con la realidad. Habíamos crecido juntas, éramos más que amigas, como hermanas, si alguna tenía un problema, la otra siempre estaba ahí para ayudar y apoyar en lo que fuera necesario.
– Tienes razón, le diré que hoy no puedo verle. – respondo finalmente.
Saco el móvil y respondo a Alonso, le indico que tengo mucho trabajo y que hoy no puede ser. Al rato, vuelve a llegar otro mensaje suyo;
– De verdad que no tienes un ratito para vernos?– me insiste.
– Alonso, hoy tengo mucho lío en la oficina y muchos papeles que revisar, nos veremos en otro momento. – Le respondo.
– Está bien, si te parece puedo ir a recogerte cuando salgas.
– No, hoy tengo ganas de descansar, no insistas, por favor.– Le respondo ya cansada.
– Vale, no seguiré insistiendo, pero si al final te apetece, solo tienes que escribirme.– Responde finalmente. Lo leo, pero ya no respondo, si lo hago, terminaré siendo dura con él y tampoco lo merece.
Nina me mira fijamente, no habla, sabe que estoy pensando, me conoce bien y sabe que ahora mismo necesito silencio. Cuando terminamos nuestro café, pago la cuenta, a pesar de que Nina había insistido en invitarme, pero soy muy terca y ella lo sabe. Nos dirijimos hacia la oficina de nuevo, pero antes de entrar, oigo la voz de mi madre llamándome.