En aquel momento a Daniel no le quedó otra opción que ver como Irene se encerró en aquella habitación con Alexander. Él empuñó sus manos deseando que nada sucediera ahí dentro… solo esperaba que el caído no le hiciera daño a Irene, ¿Qué pretendía hacerle? «¿Será que intentará sacarle información?» piensa Daniel pretendiendo entrar a la habitación, pero cuando puso su mano sobre la perilla de la puerta, esta le dio una descarga eléctrica demoniaca. —¡Ahh! No me deja entrar… tiene una barrera sutil pero efectiva —murmura Daniel escuchando que una voz conocida para él comenzó a llamarlo. —¡Daniel! ¡Te estoy esperando! El ángel tragó saliva y sintió como su corazón se paralizó por un segundo volteándose hacia la dirección que vino aquella voz. —Gabriela… —murmura empuñando sus dos manos.

