Capítulo 57. El hada y el ángel caído

2561 Palabras

A Irene no le quedó otra opción que entrar a la habitación con Alexander. Lo primero que captó la atención del hada cuando ingresó en aquella recámara, fue la cantidad de libros que tenía. Lo menos que esperaba ver la pelirroja era todas esas paredes forradas de estantes de madera oscura repletos de libros que iban desde el suelo, hasta la punta del techo que era tan alto como un edificio de tres pisos. Eso le hizo comprender a Irene que solo una persona con alas podía tomar los últimos libros de la cima de esas gigantescas estanterías que, por ninguna parte tenían escaleras o algo similar. El suelo estaba cubierto con dos alfombras antiguas, había varios sofás que parecían de siglos pasados perfectamente conservados, uno cerca del enorme ventanal de cortinas de terciopelo color sangre, se

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