Capítulo 40: Invitación a la asamblea del pueblo.

1354 Palabras

Otro día comenzó con un giro inesperado. Apenas había terminado mi desayuno cuando me visitó el mismísimo alcalde del pueblo. Era un hombre de unos cuarenta y cinco años, con una barriga cervecera prominente, la cara hinchada y la cabeza calva, que vestía un sencillo mono de trabajo. No encajaba en absoluto con la imagen que uno suele tener de un alcalde. Pero, claro, ¿de qué estaba hablando? Según me había contado Mar, en el pueblo apenas vivían quinientas personas de manera permanente. —Encantado de conocerla, señorita Maroto —dijo, extendiendo su mano de manera decidida—. Mi nombre es Bertín Moreno, soy el alcalde de aquí. Lo siento por no haber venido antes, estaba ocupado con unos asuntos urgentes. —Entiendo —respondí cortésmente, estrechando su mano con cierta cautela—. ¿Y a qué de

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