Capítulo 39: Mario, el Peregrino

1622 Palabras

Seguimos a Mar al salón con una mezcla de curiosidad y preocupación. Allí, en el sofá, se encontraba un hombre con la pierna elevada, envuelta en una toalla improvisada como vendaje. La luz tenue de la lámpara vieja iluminaba su rostro cansado, pero amable. —¿Quién es este? —pregunté a mi amiga, mientras me acercaba con cautela al invitado inesperado. —Es Mario —respondió Mar—. Lo encontré en el camino de regreso del trabajo. Mar trabajaba en una pequeña quesería del pueblo. Cuando vio a Mario tirado en el suelo, con la pierna lesionada, decidió ayudarle sin pensarlo dos veces. A pesar de sus propios problemas, siempre había algo en Mar que la impulsaba a actuar desinteresadamente. Mario levantó la vista y sonrió débilmente, con gratitud en los ojos. —Estoy haciendo el Camino de Santi

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